“DESTROZADOS TRAS GOLEADA”: PERIODISTAS DEL MUNDO QUEDAN RENDIDOS A ESPAÑA TRAS GANAR A CROACIA HOY
Hay noches que se recuerdan por un resultado. Hay otras que permanecen en la memoria porque parecen confirmar una tendencia que ya llevaba demasiado tiempo creciendo. Y después están las noches como la vivida por España ante Croacia en Sevilla: una noche en la que el marcador terminó diciendo 4-1, pero en la que la sensación fue mucho más profunda.
España no solamente ganó. España volvió a presentarse ante su público después de conquistar el Mundial de 2026 y lo hizo con una autoridad que rápidamente traspasó las fronteras españolas. El Ramón Sánchez-Pizjuán se convirtió en el escenario de una nueva demostración de poder futbolístico, con Lamine Yamal como protagonista absoluto, dos goles en su cuenta particular, una asistencia y una actuación que volvió a colocar al joven extremo en el centro de todas las conversaciones internacionales.
El titular puede sonar exagerado: “destrozados tras goleada”. Pero basta con observar cómo diferentes medios internacionales describieron aquella noche para comprender de dónde nace esa sensación. Reuters habló de una España que alcanzaba los 40 partidos sin perder. The Guardian tituló su crónica alrededor de Lamine Yamal y su impacto en la vuelta de los campeones del mundo a casa. Al Jazeera destacó que el futbolista marcó dos goles y fabricó otro en una victoria contundente. Fox Sports puso el foco igualmente en la racha histórica de la selección española.
Y lo más llamativo es que aquella victoria ya no puede analizarse como un episodio aislado.
Después de derrotar a Inglaterra por 3-2 en Wembley y a Croacia por 4-1 en Sevilla, España también venció a la República Checa por 3-1 el 3 de octubre. Con ese triunfo alcanzó nueve puntos de nueve en la Nations League y elevó su racha de partidos oficiales sin perder a 41. Lamine volvió a marcar, Rodri también encontró la portería y Mikel Merino cerró el triunfo.
Por eso, mirar ahora hacia atrás y volver a aquella noche contra Croacia permite entender mejor lo que estaba sucediendo.
No era solamente una goleada.
Era una declaración.
Una noche que comenzó antes del primer silbato
El partido contra Croacia tenía un componente emocional imposible de ignorar.
España regresaba a casa después de proclamarse campeona del mundo. La segunda estrella estaba ya cosida a la camiseta. El trofeo había viajado hasta Sevilla. Y el público tenía la oportunidad de contemplar por primera vez sobre territorio español al equipo que había conseguido conquistar el planeta.
La Real Federación Española de Fútbol preparó una ceremonia especial. Jesús Navas, campeón del mundo en 2010 y figura histórica de la selección, entregó el trofeo a Rodrigo Hernández, capitán del equipo, para que pudiera mostrarlo ante los aficionados. En las gradas, más de 40.000 personas participaron en una celebración que simbolizaba el reencuentro entre la selección y su público después del Mundial.
El Sánchez-Pizjuán presentó además un ambiente acorde con la ocasión.
“Reyes del Mundo” fue el mensaje que acompañó al tifo del estadio.
Y sobre el césped, España parecía decidida a demostrar que aquella corona no había llegado por casualidad.
Croacia era un rival suficientemente importante como para convertir el partido en una verdadera prueba. No se trataba de una selección menor ni de un simple encuentro de preparación. Croacia había construido durante años una reputación de competitividad, experiencia y capacidad para resistir partidos de máxima exigencia.
Pero España tenía otros planes.
Y Lamine Yamal tenía prisa.
Setenta segundos para cambiar la conversación
El reloj apenas había avanzado cuando España golpeó.
Lamine Yamal recibió en una zona desde la que muchos futbolistas habrían buscado una solución más conservadora. Él hizo exactamente lo contrario.
Control.
Aceleración.
Espacio.
Disparo.
Y gol.
La selección española se adelantó prácticamente desde el comienzo del encuentro. La RFEF sitúa el tanto en el minuto 2, después de aproximadamente 70 segundos de juego. Era otra aparición temprana de Yamal después de haber marcado también muy pronto contra Inglaterra en Wembley.
Aquello fue importante por una razón que iba más allá del marcador.
España quería controlar el partido.
Lamine quería romperlo.
La diferencia es enorme.
Cuando un equipo se adelanta tan pronto, existe el riesgo de relajarse. España, en cambio, siguió buscando la portería. Continuó moviendo la pelota, ocupando espacios y obligando a Croacia a defender cada vez más cerca de su propia área.
La sensación internacional fue inmediata.
The Guardian presentó la actuación como una nueva exhibición de Yamal en la vuelta de España a casa después del Mundial. Al Jazeera también colocó al joven atacante en el centro de su cobertura, destacando sus dos goles y su participación decisiva en otro.
No era casualidad.
El jugador que había sido decisivo durante el ciclo anterior volvía a ser decisivo después de convertirse en campeón del mundo.
Y eso cambia las expectativas.
Croacia encontró una respuesta
España dominaba, pero el fútbol tiene una característica que ninguna estadística puede eliminar: un partido puede cambiar en cuestión de segundos.
Croacia consiguió empatar.
Dion Beljo apareció en el minuto 28 para poner el 1-1. Un centro de Ivan Perišić terminó con el cabezazo del delantero croata y devolvió al partido una incertidumbre que había desaparecido durante algunos minutos.
El empate podía haber provocado nervios.
Podía haber obligado a España a retroceder.
Podía haber transformado el partido en una batalla.
Pero ocurrió algo diferente.
España respondió prácticamente de inmediato.
Tres minutos después del empate, Marc Pubill marcó el 2-1.
Y nuevamente apareció Lamine.
El futbolista del Barcelona participó en la jugada que terminó con el remate de Pubill. El lateral celebró así su primer gol con la selección absoluta, mientras España recuperaba la ventaja antes de que Croacia pudiera aprovechar el impulso psicológico del empate.
Ese momento explica buena parte de lo que hizo diferente aquella noche a España.
Los grandes equipos no solamente saben dominar.
También saben reaccionar.
Y España reaccionó como un campeón.
La segunda parte fue una confirmación
El 2-1 dejaba abierta la puerta a una segunda parte incómoda.
Croacia necesitaba arriesgar.
España tenía espacios.
Y cuando España tiene espacios, Lamine Yamal puede convertirse en un problema casi imposible de solucionar.
En el minuto 63 llegó el tercero.
Otra vez Lamine.
Otra vez la zurda.
Otra vez el estadio explotando.
El segundo gol del extremo terminó de romper la resistencia croata y colocó el marcador en 3-1. Reuters destacó precisamente la combinación de doblete y asistencia del jugador como una de las claves del triunfo español.
Había una diferencia fundamental entre el primer y el segundo gol.
El primero había servido para abrir el partido.
El segundo sirvió para cerrarlo.
Croacia todavía tenía tiempo, pero ya no tenía la misma energía.
España había recuperado el control.
Y el público entendió que estaba viendo algo especial.
Nico Williams puso la firma final
Cuando parecía que el 3-1 sería suficiente, España encontró un cuarto golpe.
Nico Williams apareció en el tramo final y marcó el 4-1.
Era el minuto 89.
El resultado ya era incontestable.
Croacia había recibido cuatro goles de una España que acababa de regresar a casa con el título mundial bajo el brazo.
Lamine había marcado dos.
Pubill había marcado uno.
Nico había cerrado la fiesta.
Y España había conseguido algo todavía más importante: enviar un mensaje de continuidad.
El campeón del mundo no parecía satisfecho con vivir de los recuerdos del verano.
Quería seguir ganando.
“El mundo se rinde a Lamine”
La reacción internacional tuvo un protagonista evidente.
Lamine Yamal.
El diario AS llegó a titular su análisis directamente con una frase de enorme impacto: “El mundo se rinde a Lamine”. El artículo destacaba cómo los medios internacionales estaban ensalzando la figura del jugador y volviendo a poner sobre la mesa su candidatura al Balón de Oro.
Pero aquí conviene hacer una distinción periodística importante.
Que numerosos medios internacionales destaquen a Lamine no significa que exista una unanimidad absoluta ni que el Balón de Oro esté decidido.
No lo está.
Lo que sí existe es una conversación internacional cada vez más intensa alrededor de su figura.
Y esa conversación se alimenta de actuaciones como la de Sevilla.
Dos goles.
Una asistencia.
Participación constante.
Personalidad.
Y, sobre todo, capacidad para aparecer en los momentos que cambian los partidos.
Eso es lo que distingue a una promesa de una estrella consolidada.
La cifra que dejó a muchos sin argumentos
Mientras el mundo hablaba de Lamine, había otro número que España llevaba consigo.
Cuarenta.
Con la victoria frente a Croacia, la selección española alcanzó los 40 partidos consecutivos sin perder. Reuters recogió esa cifra como uno de los grandes datos de la noche, mientras diferentes medios internacionales subrayaron la dimensión histórica de la racha.
La secuencia no se había construido en un solo torneo.
Era el resultado de años de estabilidad, una generación extraordinaria y una idea futbolística que había ido madurando.
España había dejado de ser únicamente una selección asociada a una etapa concreta.
Había construido continuidad.
Y eso es mucho más difícil.
Ganar un torneo es complicado.
Mantenerse en la élite durante años es otra historia.
La nueva España no vive solamente de Lamine
Uno de los errores más fáciles de cometer después de una gran actuación es reducirlo todo a una sola figura.
España no es solamente Lamine Yamal.
Lamine es su gran foco mediático.
Pero alrededor de él existe una estructura.
Rodri.
Pedri.
Fabián Ruiz.
Zubimendi.
Fermín López.
Mikel Oyarzabal.
Nico Williams.
Marc Pubill.
Pau Cubarsí.
Dean Huijsen.
Marc Cucurella.
Y muchos otros jugadores capaces de entrar en el equipo sin que el funcionamiento desaparezca.
Esa profundidad es precisamente una de las grandes fortalezas de la selección.
El partido contra Croacia lo mostró.
Lamine fue decisivo.
Pero Pubill marcó.
Nico Williams marcó.
El centro del campo sostuvo el ritmo.
La defensa resistió.
Y el equipo reaccionó después del empate.
No fue una victoria individual.
Fue una victoria colectiva con una figura extraordinaria en el centro del escenario.
Luis de la Fuente y una idea que no cambia
Otro elemento que explica el éxito español es la continuidad de la idea.
Luis de la Fuente no ha construido una selección alrededor de un único futbolista.
Ha construido una estructura en la que el talento individual debe ponerse al servicio del conjunto.
Después del partido contra Croacia, el seleccionador volvió a valorar la aportación de Lamine y su capacidad para poner su talento al servicio del equipo. La RFEF destacó precisamente esa dimensión colectiva después de la goleada.
Y eso resulta fundamental.
Porque la historia del fútbol está llena de equipos con grandes jugadores que nunca consiguieron funcionar como un equipo.
España ha encontrado otra fórmula.
Tiene talento.
Pero también tiene automatismos.
Tiene imaginación.
Pero también tiene disciplina.
Tiene jóvenes.
Pero también tiene futbolistas experimentados.
Tiene velocidad.
Pero sabe controlar.
Tiene a Lamine.
Pero no depende exclusivamente de Lamine.
La comparación inevitable con otras grandes generaciones
Cada vez que una selección domina durante un periodo prolongado aparece la misma pregunta.
¿Estamos ante una nueva generación histórica?
Es una pregunta legítima.
Pero también peligrosa.
Porque comparar inmediatamente a una generación con la España de Xavi, Iniesta, Casillas, Villa, Xabi Alonso, Sergio Ramos y compañía puede convertir el análisis en nostalgia.
La selección actual debe ser evaluada por lo que hace.
Y lo que hace es extraordinario.
Campeona del mundo.
Una racha invicta histórica.
Una nueva generación de futbolistas jóvenes.
Un jugador como Lamine Yamal capaz de marcar diferencias a los 19 años.
Y un entrenador que ha conseguido mantener una estructura competitiva.
No necesita ser “la nueva España de 2010”.
Es España.
Y tiene su propia identidad.
La prensa internacional encontró una historia irresistible
Desde fuera, la historia era perfecta.
El campeón del mundo volvía a casa.
El rival era Croacia.
El partido terminaba 4-1.
Lamine Yamal marcaba dos goles y daba una asistencia.
Y España alcanzaba los 40 partidos sin perder.
Era imposible pedir un guion más cinematográfico.
The Guardian destacó que Yamal había marcado dos goles y preparado otro en el triunfo. Al Jazeera también puso el foco en su doblete y su asistencia. Reuters resaltó la racha invicta. Fox Sports habló de los 40 partidos sin derrota.
Por eso el titular “destrozados tras goleada” funciona como lenguaje de impacto periodístico, aunque conviene entenderlo como una expresión narrativa y no como una descripción literal de periodistas oponentes.
No hubo una derrota de periodistas.
Hubo una derrota de Croacia.
Y hubo una enorme cantidad de atención internacional hacia España.
Croacia, una selección acostumbrada a resistir
También hay que concederle al rival su importancia.
Croacia no llegó a Sevilla para ser una comparsa.
Su historia reciente está llena de grandes torneos, partidos memorables y jugadores de altísimo nivel.
Luka Modrić seguía representando esa continuidad histórica.
Joško Gvardiol aportaba potencia y calidad defensiva.
Ivan Perišić mantenía su capacidad para generar peligro.
Pero frente a España, Croacia sufrió.
Y sufrió especialmente cuando el partido se convirtió en un escenario abierto.
España podía acelerar.
Podía encontrar a Lamine.
Podía cambiar el ritmo.
Podía utilizar las bandas.
Y podía llegar desde segunda línea.
El 4-1 no fue consecuencia de una única fórmula.
Fue producto de múltiples amenazas.
La noche de Marc Pubill
En medio de la explosión mediática alrededor de Lamine, existe una historia que merece su propio espacio.
Marc Pubill.
El lateral marcó el segundo gol español y consiguió su primer tanto con la selección absoluta.
Su aparición es significativa porque muestra algo que muchas veces queda oculto detrás de los grandes nombres.
La selección está produciendo protagonistas.
No existe solamente una estrella.
Existen futbolistas capaces de aparecer en una noche de máxima exposición.
Pubill recibió la oportunidad y respondió.
Ese tipo de competencia interna puede ser decisiva durante un ciclo largo.
Porque ningún equipo puede ganar títulos importantes dependiendo únicamente de once nombres.
Nico Williams tampoco quiso quedarse fuera
Y después apareció Nico.
El extremo del Athletic puso el 4-1 en el minuto 89 y completó una noche en la que las bandas españolas volvieron a ser una fuente constante de peligro.
Lamine por un lado.
Nico por otro.
Con Pedri y los centrocampistas detrás.
Con Rodri como referencia.
Con defensores capaces de adelantar líneas.
La variedad ofensiva es evidente.
Y eso explica por qué España puede cambiar de protagonista sin cambiar necesariamente su estilo.
El campeón que no quiere vivir del pasado
Existe una tentación natural después de ganar un Mundial.
Celebrarlo.
Recordarlo.
Disfrutarlo.
España hizo todo eso en Sevilla.
Pero después jugó.
Y ganó.
Eso es lo importante.
El trofeo apareció sobre el césped.
La segunda estrella fue celebrada.
Jesús Navas entregó la copa a Rodri.
La afición disfrutó.
Pero cuando el árbitro dio la señal de comienzo, todo eso quedó atrás.
Había que competir.
Y España compitió.
Ese comportamiento es una de las señales más interesantes de la etapa actual.
El equipo no parece satisfecho con haber alcanzado la cima.
Quiere permanecer allí.
Wembley ya había avisado
Para comprender la goleada ante Croacia hay que retroceder apenas unos días.
España había derrotado a Inglaterra por 3-2 en Wembley.
Lamine Yamal había vuelto a marcar muy pronto.
Aquella victoria ya había generado una enorme conversación internacional.
Después llegó Croacia.
Y Lamine volvió a marcar pronto.
La coincidencia no pasó desapercibida.
El atacante parecía haber convertido los comienzos de partido en su territorio particular.
Y lo más importante era que España no estaba consiguiendo resultados ante rivales de segundo nivel.
Estaba enfrentándose a selecciones de enorme tradición.
Inglaterra.
Croacia.
Posteriormente, Chequia.
El nivel de exigencia era diferente.
El partido contra Chequia cambió el contexto
A día de hoy, aquella noche de Sevilla debe contemplarse dentro de una secuencia todavía más grande.
España derrotó a Chequia 3-1 en Oviedo el 3 de octubre.
Lamine Yamal abrió el marcador.
Rodri hizo el segundo.
Chequia recortó diferencias.
Y Mikel Merino sentenció en el tramo final.
La victoria elevó a España a nueve puntos en tres jornadas.
También elevó a 41 la racha de partidos oficiales sin derrota.
Y eso modifica la lectura de la goleada contra Croacia.
No fue un momento aislado.
Fue una pieza más de una secuencia.
Inglaterra.
Croacia.
Chequia.
Tres partidos.
Tres victorias.
Nueve puntos.
Y Lamine marcando en todos ellos.
Un dato que parece escrito para una película
Contra Inglaterra, Lamine marcó pronto.
Contra Croacia, volvió a hacerlo.
Contra Chequia, volvió a marcar en los primeros minutos.
Al Jazeera señaló que, frente a Chequia, Yamal se convirtió en el primer jugador en marcar dentro de los diez primeros minutos en tres partidos internacionales masculinos consecutivos.
Esto explica por qué la conversación alrededor del jugador se ha acelerado.
No se trata únicamente de goles espectaculares.
Se trata de regularidad.
De repetición.
De capacidad para influir partido tras partido.
Y eso es lo que convierte una buena racha en una tendencia.
El Balón de Oro vuelve a aparecer
Naturalmente, una actuación como la de Sevilla tenía que provocar preguntas sobre el Balón de Oro.
The Guardian señaló que el doblete frente a Croacia reforzaba la candidatura de Yamal. AS recogió el eco internacional alrededor de su figura y su candidatura.
Pero un periodista serio debe mantener la cabeza fría.
Una candidatura no equivale a un resultado.
Un gran partido no decide un premio.
Y ningún medio puede presentar como hecho algo que todavía no ha sucedido.
Lo que sí puede afirmarse es que Lamine ha generado argumentos deportivos de enorme peso.
Y cada nueva actuación internacional alimenta esa conversación.
El verdadero mérito de España
Quizá el aspecto más importante de aquella noche no fue el doblete.
Tampoco el 4-1.
Ni siquiera los 40 partidos invicta.
El verdadero mérito fue la reacción.
Croacia empató.
España no se descompuso.
Marc Pubill respondió.
Después llegó Lamine.
Después Nico.
Eso es madurez competitiva.
Los equipos campeones no se miden únicamente cuando todo va bien.
Se miden cuando el rival consigue golpear.
España recibió un golpe.
Y respondió.
“La mejor del planeta”: una afirmación que exige contexto
La prensa y algunos analistas internacionales comenzaron a utilizar expresiones extremadamente contundentes para describir a España.
En Brasil, por ejemplo, UOL presentó la racha de 40 partidos sin derrota como argumento para considerar a España la mejor selección del mundo.
La RFEF, tras la posterior victoria frente a Chequia, llegó a describir la sensación de que España parece “imposible” de derrotar y la presentó como la mejor del planeta en su propia crónica institucional.
Pero aquí también hay que distinguir entre una valoración periodística y un hecho matemático.
Decir que España es “la mejor del mundo” puede ser una opinión futbolística.
Lo que sí es objetivamente verificable son los resultados.
Campeona del mundo.
Tres victorias consecutivas en la Nations League.
41 partidos oficiales sin perder.
Y un equipo que continúa marcando diferencias ante rivales importantes.
Los números son suficientemente poderosos sin necesidad de exagerarlos.
España no necesita que todos estén de acuerdo
Y quizá esa sea una de las mayores fortalezas de esta selección.
No necesita que cada periodista del planeta diga exactamente lo mismo.
No necesita unanimidad.
El fútbol no funciona así.
Habrá quienes prefieran a Francia.
Habrá quienes apuesten por Inglaterra.
Habrá quienes destaquen a Argentina.
Habrá quienes consideren a Brasil una potencia.
Habrá quienes esperen la aparición de Alemania.
Pero España tiene algo que ninguna opinión puede quitarle.
Los resultados.
Y los resultados recientes son extraordinarios.
El estilo sigue siendo reconocible
La selección española ha evolucionado.
Ya no es simplemente aquella versión del dominio posicional extremo que muchos identificaban con la década de 2010.
Ahora hay más verticalidad.
Más velocidad.
Más libertad para los extremos.
Más capacidad de atacar espacios.
Lamine Yamal representa perfectamente esa evolución.
Puede recibir al pie.
Puede conducir.
Puede buscar el uno contra uno.
Puede combinar.
Puede aparecer dentro.
Puede rematar.
Y puede asistir.
Eso permite que España sea más imprevisible.
La posesión ya no es únicamente una herramienta para controlar.
También puede convertirse en el inicio de un ataque vertical.
El papel de Rodri
En una selección llena de jóvenes talentos, Rodri representa el equilibrio.
Su presencia no siempre genera titulares como los de Lamine.
Pero su importancia es enorme.
Y el partido contra Chequia lo recordó de manera especial.
Rodri marcó su primer gol con España en más de dos años y volvió a ejercer como capitán.
Eso proporciona una combinación muy interesante.
Un joven fenómeno ofensivo.
Un centrocampista que representa el control.
Jugadores experimentados alrededor.
Y una generación emergente que pide protagonismo.
Pedri y el talento silencioso
Pedri tampoco necesita una estadística espectacular para demostrar su importancia.
Su función se encuentra en la circulación.
En la pausa.
En el pase que rompe una línea.
En la capacidad para jugar entre espacios.
España tiene una ventaja enorme cuando puede combinar el vértigo de Lamine con la inteligencia de Pedri.
Uno acelera.
El otro interpreta.
Uno rompe.
El otro conecta.
Y en medio aparece Rodri.
La estructura tiene sentido.
La profundidad del banquillo
Otro elemento que quedó demostrado frente a Croacia fue la posibilidad de modificar el equipo sin destruir su funcionamiento.
Entraron jugadores.
Salieron otros.
El ritmo cambió.
Pero España siguió siendo España.
La RFEF detalló las sustituciones realizadas por Luis de la Fuente y la presencia de futbolistas como Pedri, Merino, Rodri y Nico Williams en la rotación.
Eso será fundamental en una temporada cargada de partidos.
Porque la Nations League no se gana únicamente con once jugadores.
Y un Mundial tampoco.
El mensaje para Europa
La goleada ante Croacia tuvo además una dimensión continental.
España no estaba jugando un partido aislado.
Estaba defendiendo su condición de campeona del mundo.
Y lo hacía ante una Croacia que conoce perfectamente los grandes escenarios.
El mensaje fue sencillo.
España sigue aquí.
No hay transición.
No hay relajación.
No hay reconstrucción traumática.
Hay continuidad.
La nueva generación ya no pide permiso
Durante años, los jóvenes talentos suelen aparecer como promesas.
“Puede llegar”.
“Puede convertirse”.
“Algún día será importante”.
Con Lamine Yamal, ese discurso ya parece insuficiente.
Él ya es importante.
Lo demostró en Wembley.
Lo volvió a demostrar contra Croacia.
Y lo confirmó frente a Chequia.
No necesita que alguien le entregue simbólicamente el futuro.
Está jugando el presente.
Y esa es probablemente la diferencia más importante.
El riesgo de las expectativas
Sin embargo, también existe un peligro.
Cuando un futbolista tan joven acumula actuaciones extraordinarias, las expectativas pueden crecer demasiado rápido.
Se empieza a hablar de récords.
De premios.
De comparaciones históricas.
De sucesores.
De leyendas.
Y eso puede convertirse en una carga.
Por eso el discurso más inteligente alrededor de Lamine debería ser sencillo.
Dejarlo jugar.
Dejarlo evolucionar.
Permitirle equivocarse.
Permitirle mejorar.
Porque todavía tiene muchísimo recorrido.
España también necesita equilibrio
La goleada ante Croacia fue brillante.
Pero no significa que todos los problemas hayan desaparecido.
Croacia consiguió empatar.
España tuvo fases menos dominantes.
El rival generó peligro.
Y en el fútbol de élite siempre existen detalles capaces de cambiar una competición.
La victoria fue contundente.
Eso es indiscutible.
Pero una selección que quiera volver a ganar grandes títulos deberá mantener el nivel durante meses.
Esa será la verdadera prueba.
La diferencia entre una noche brillante y una era
Una noche puede engañar.
Una era no.
Por eso resulta tan importante observar lo ocurrido después.
Y ahí aparecen Inglaterra, Croacia y Chequia.
Tres victorias.
Y 41 partidos oficiales sin derrota.
La secuencia permite hablar de algo más que una noche espectacular.
Permite hablar de continuidad.
El mundo del fútbol vuelve a mirar a España
Hace unos años, España era admirada por su pasado.
Ahora vuelve a ser observada por su presente.
Eso es diferente.
Los rivales estudian a Lamine.
Analizan cómo cerrar a Nico.
Intentan limitar a Pedri.
Buscan impedir que Rodri controle.
Presionan la salida.
Intentan romper el circuito de pases.
Y aun así España encuentra soluciones.
Ese es el verdadero reconocimiento.
Cuando los rivales diseñan sus partidos específicamente para detenerte, significa que te consideran una amenaza.
Croacia fue una prueba perfecta
Por su experiencia, por su calidad y por sus antecedentes, Croacia era un rival apropiado para medir el estado de España.
Y el resultado fue contundente.
4-1.
La selección española concedió el empate.
Pero no perdió el control emocional.
Volvió a adelantarse.
Aumentó la ventaja.
Y terminó goleando.
Es difícil pedir mucho más.
La imagen final
Cuando sonó el pitido final, la imagen era poderosa.
Los jugadores españoles celebrando.
El público disfrutando.
El marcador mostrando 4-1.
Lamine Yamal como gran protagonista.
Y el trofeo del Mundial todavía presente en la memoria colectiva.
Era la fotografía de una selección que no parecía estar pensando en lo que ya había conseguido.
Parecía estar pensando en lo que podía conseguir después.
“Destrozados” es la palabra del titular, pero el verdadero mensaje es otro
Croacia perdió.
Pero el fútbol internacional ganó una historia.
Una selección campeona del mundo que continúa compitiendo.
Una generación joven que no parece tener miedo.
Un Lamine Yamal que sigue creciendo.
Un Nico Williams que continúa siendo determinante.
Un Rodri que aporta liderazgo.
Un Pedri que aporta talento.
Y un Luis de la Fuente que ha conseguido mantener la estructura.
Eso es mucho más importante que cualquier titular.
La España de Lamine todavía no ha terminado de escribir su historia
Quizá lo más emocionante sea precisamente esto.
España ya es campeona del mundo.
Ya tiene dos estrellas.
Ya posee una racha histórica.
Ya ha vivido noches inolvidables.
Pero esta generación todavía tiene mucho camino por delante.
Lamine apenas está comenzando.
Pedri sigue siendo joven.
Nico continúa creciendo.
Los defensores tienen margen.
Los nuevos talentos llaman a la puerta.
Y jugadores como Rodri aportan experiencia.
La mezcla puede ser extraordinaria.
Pero el fútbol no entrega garantías.
Cada torneo comienza desde cero.
Cada partido exige volver a demostrarlo.
Y España parece entenderlo.
La goleada que cambió el tono
Antes de Croacia, muchos hablaban de la resaca del Mundial.
Después de Croacia, el discurso cambió.
Ya no se trataba de saber si España podría mantener el nivel.
Se trataba de preguntar hasta dónde podía llegar.
Esa diferencia es enorme.
Y la goleada fue el punto de inflexión.
Lo que vio la prensa internacional
Reuters vio la racha.
The Guardian vio a Lamine.
Al Jazeera vio al joven campeón.
Fox Sports vio a una España que alcanzaba 40 partidos sin derrota.
AS recogió el eco de una prensa internacional fascinada con Yamal.
Y diferentes medios latinoamericanos y europeos coincidieron en señalar la superioridad española y el impacto del atacante.
No todos utilizaron las mismas palabras.
No todos compartieron exactamente la misma opinión.
Pero hubo un denominador común.
España estaba llamando la atención.
Y mucho.
Después llegó otra victoria
La mejor manera de comprobar si una goleada fue casualidad consiste en observar qué ocurre después.
España no se detuvo.
El 3 de octubre derrotó 3-1 a la República Checa.
Lamine volvió a marcar.
Rodri marcó.
Merino marcó.
España ganó.
Y la racha llegó a 41 partidos oficiales sin derrota.
El partido fue menos brillante que el 4-1 contra Croacia. EFE incluso describió a España como una versión más floja y señaló que sufrió en determinados momentos.
Pero precisamente eso también resulta interesante.
Los grandes equipos no solamente ganan cuando juegan perfecto.
También ganan cuando tienen dificultades.
España lo hizo.
La derrota histórica de Croacia después
Mientras España seguía ganando, Croacia sufrió un golpe todavía más duro.
El 3 de octubre, Inglaterra derrotó a Croacia por 7-0 en Rijeka.
Kane y Saka marcaron dos goles cada uno, Jude Bellingham aportó un gol y tres asistencias, y Inglaterra terminó imponiéndose de manera contundente.
Eso demuestra también que la goleada española no fue un accidente.
Croacia estaba atravesando un momento complicado.
Pero España supo castigarlo de una forma especialmente contundente.
La batalla por la cima
Tras la tercera jornada, España quedó con nueve puntos.
Inglaterra alcanzó seis.
Croacia también tenía tres puntos antes de su derrota.
Reuters confirmó que España mantenía tres puntos de ventaja sobre Inglaterra en la parte alta del Grupo A3.
La situación convierte cada partido siguiente en un capítulo importante.
Porque ahora España no solamente defiende su prestigio.
También defiende el liderato.
El nuevo desafío
La pregunta ya no es si España puede ganar partidos.
Lo ha demostrado.
La pregunta es si puede mantener esta velocidad.
Si puede sobrevivir a lesiones.
Si puede gestionar el cansancio.
Si puede manejar la presión.
Si puede evitar la complacencia.
Y, sobre todo, si puede transformar una generación extraordinaria en un ciclo ganador.
Ese es el desafío real.
El fútbol español ha recuperado algo muy valioso
Ha recuperado la ilusión.
El público vuelve a esperar grandes partidos.
Los niños vuelven a mirar a los internacionales como referentes.
Los aficionados vuelven a hablar de una generación.
Y los rivales vuelven a preparar los partidos contra España con una atención especial.
Todo eso tiene un valor enorme.
Porque el fútbol de selecciones vive también de emociones.
Y España está generando muchas.
El legado de la segunda estrella
El Mundial de 2026 ya forma parte de la historia.
Pero la verdadera grandeza de una selección se mide por lo que hace después.
Hay campeones que se apagan inmediatamente.
Otros continúan.
España parece pertenecer al segundo grupo.
La celebración de Sevilla no fue una despedida.
Fue una presentación.
La copa apareció.
La gente celebró.
Y después Lamine marcó.
Eso resume perfectamente la situación.
El pasado estaba presente.
Pero el futuro ya estaba jugando.
El último mensaje de la noche
Si hubiera que resumir aquella goleada en una sola frase, quizá sería esta:
España no volvió a casa para recordar que es campeona del mundo.
Volvió para demostrar que todavía quiere ganar.
Croacia recibió el primer golpe en apenas 70 segundos.
Respondió.
España volvió a golpear.
Lamine volvió a aparecer.
Nico cerró la fiesta.
Y el mundo del fútbol tomó nota.
Después llegaron 41 partidos oficiales sin derrota y tres victorias consecutivas en la Nations League.
Por eso, aunque el titular diga “DESTROZADOS TRAS GOLEADA”, la historia real es todavía más poderosa.
No se trata de destruir a un rival.
Se trata de construir una época.
España ya tiene dos estrellas.
Tiene un campeón del mundo.
Tiene una generación joven.
Tiene un entrenador que ha conseguido mantener la identidad.
Y tiene a Lamine Yamal.
Un futbolista que, partido tras partido, parece empeñado en convertir cada aparición con la selección en un acontecimiento.
El 4-1 contra Croacia fue una de esas noches.
Una noche de goles.
Una noche de celebración.
Una noche de récord.
Una noche en la que el campeón del mundo regresó ante su público y recordó a Europa por qué había llegado hasta la cima.
Pero quizá lo más importante ocurrió después.
España siguió ganando.
Eso convierte aquella goleada en algo más que una fotografía.
La convierte en una pieza de una historia que continúa.
Y ahora el desafío es gigantesco.
Mantenerse arriba.
Seguir compitiendo.
Seguir creciendo.
Y demostrar que aquella segunda estrella no fue el punto final.
Fue el comienzo de algo todavía más grande.
Porque si el 4-1 ante Croacia sirvió para enviar un mensaje, el mensaje fue claro:
España no está viviendo del Mundial que ganó. España está intentando construir el siguiente capítulo.
Y mientras Lamine Yamal siga apareciendo con esa mezcla de descaro, talento y capacidad para decidir partidos, será inevitable que todo el mundo vuelva a mirar hacia la camiseta roja.
La goleada ya pasó.
La reacción internacional ya está registrada.
La racha continúa.
Y la historia, lejos de terminar, acaba de entrar en una nueva fase.