FUI A LA DESPEDIDA DE LIONEL MESSI Y PASÓ ESTO. CONOCÍ JUGADORES. PARTIDO Y DISCURSO EMOTIVO.
Hay partidos que uno recuerda por el resultado. Otros, por un gol. Algunos, por una remontada, por una final o por una jugada que parece imposible de repetir. Y después están esas noches que, incluso antes de que empiece el encuentro, uno sabe que ya pertenecen a la historia.
La despedida de Lionel Messi en Buenos Aires fue una de esas noches.
Fui al Monumental sabiendo que iba a presenciar el último partido de Messi con la camiseta de Argentina ante su público. Sabía que el rival sería Benín. Sabía que el estadio estaría lleno. Sabía que habría homenajes, música, luces y una enorme celebración.
Pero no sabía exactamente qué iba a sentir.
Tampoco podía imaginar hasta qué punto el ambiente iba a cambiar cuando Messi apareciera sobre el césped.
Porque una cosa es leer que más de 85.000 personas se reunieron para despedir a un futbolista y otra muy distinta es estar allí cuando todas esas voces empiezan a cantar al mismo tiempo.
Una cosa es saber que Messi ha jugado durante más de dos décadas con Argentina y otra muy diferente es comprender, sentado en una grada, que ese número 10 que has visto durante tantos años ya no volverá a jugar con la selección.
Y eso fue precisamente lo que ocurrió.
El 6 de octubre de 2026, el Monumental no recibió simplemente un partido amistoso.
Recibió el último capítulo de una historia que comenzó en Budapest en 2005 y que atravesó derrotas, críticas, finales perdidas, títulos, lágrimas, un Mundial y una transformación completa de la relación entre Lionel Messi y Argentina.
El resultado fue 3-0.
Nicolás Otamendi marcó el primero.
Nico Paz hizo el segundo.
Y Messi convirtió el tercero, de penalti.
Pero si alguien me preguntara qué fue lo más importante de aquella noche, no hablaría del marcador.
Hablaría del himno.
Hablaría de los hijos de Messi.
Hablaría de sus compañeros.
Hablaría de los abrazos.
Hablaría del silencio que apareció justo antes de que comenzara su discurso.
Y hablaría de una frase que, todavía horas después, seguía resonando en el estadio:
“Jugar en la Selección argentina es lo más lindo que te puede pasar”.
Messi no necesitaba decir mucho más.
LLEGAR AL MONUMENTAL Y ENTENDER QUE AQUELLO NO ERA UN PARTIDO MÁS
Desde mucho antes de entrar al estadio, Buenos Aires ya sabía que aquella noche iba a ser diferente.
Había camisetas de Argentina por todas partes.
El número 10 aparecía una y otra vez.
Niños vestidos como Messi caminaban junto a padres que habían seguido la carrera del rosarino desde sus primeros años.
Había gente joven que prácticamente había crecido con él y personas mayores que habían vivido otras épocas de la selección.
Eso era quizá lo más impresionante.
Messi había conseguido unir generaciones.
Un padre podía mirar a su hijo y explicarle quién era aquel jugador que había visto debutar.
Un adolescente podía contarle a su padre cuál era su gol favorito.
Una familia podía tener tres generaciones con la misma camiseta.
Y todas tenían algo en común: aquella noche sabían que estaban viendo algo que no volvería a repetirse.
El propio concepto de la despedida había sido presentado por la Asociación del Fútbol Argentino como “El último tango”, con una idea muy clara: el último baile de Messi tenía que terminar en Argentina, en casa.
Y cuando uno entraba al Monumental, esa idea dejaba de ser una frase promocional.
Se convertía en una realidad.
LA CAMISETA GIGANTE Y EL PRIMER AVISO DE LA NOCHE
Antes de que aparecieran los jugadores, el campo ya decía mucho.
Una enorme camiseta con el número 10 dominaba el césped.
No hacía falta escribir demasiado.
Todo el mundo sabía quién era el protagonista.
El estadio estaba preparado para despedir a un jugador, pero también para despedir una época.
La FIFA describió la escena como una mezcla de tristeza y alegría: miles de aficionados sabían que estaban viviendo la última función de Messi con Argentina y, al mismo tiempo, tenían el privilegio de estar allí para contemplarla.
Aquella contradicción acompañó toda la noche.
Queríamos que Messi jugara.
Pero no queríamos que fuera su último partido.
Queríamos celebrar.
Pero también sabíamos que estábamos despidiendo.
Queríamos cantar.
Y, al mismo tiempo, sabíamos que en algún momento llegarían las lágrimas.
LA PREVIA: MÚSICA, FIESTA Y UNA SENSACIÓN EXTRAÑA
La organización decidió que la despedida estuviera a la altura del personaje.
Hubo música antes del encuentro.
Participaron artistas y grupos como Un Poco de Ruido, Sebastián Mendoza, Román, Santi Cairo, Q’ Lokura y Damas Gratis. Durante el descanso también hubo música en directo, y después del partido la celebración continuó con drones, luces, pirotecnia y actuaciones de Soledad Pastorutti y Ulises Bueno.
Pero había una sensación difícil de explicar.
La fiesta estaba allí.
La gente cantaba.
Los músicos actuaban.
Las cámaras buscaban rostros conocidos.
Y, sin embargo, todo el mundo estaba esperando lo mismo.
Messi.
Era como si el estadio entero tuviera una única pregunta:
¿Cuándo sale?
CUANDO APARECIÓ MESSI
Hay momentos que no necesitan explicación.
Cuando Messi apareció, el sonido cambió.
No fue solamente una ovación.
Fue una reacción colectiva.
Durante años hemos visto entradas de grandes futbolistas.
Hemos visto presentaciones.
Hemos visto recibimientos.
Pero aquella tenía algo diferente.
Porque todos sabían que era la última.
Messi salió con la camiseta argentina.
El número 10.
La misma camiseta que había vestido durante más de veinte años.
La misma camiseta con la que perdió finales.
La misma con la que levantó la Copa América.
La misma con la que se proclamó campeón del mundo.
La misma que ahora estaba utilizando para despedirse.
Y entonces ocurrió el primer gran momento de la noche.
El himno.
EL HIMNO QUE MESSI NO PUDO CANTAR
Reconozco que fue el momento en el que entendí que aquella noche iba a ser mucho más emocional de lo que había imaginado.
Messi estaba acompañado por sus tres hijos: Thiago, Mateo y Ciro.
A su lado estaba Lionel Scaloni.
Las tribunas estaban completamente llenas.
Comenzó el himno.
Y Messi intentó cantar.
Pero no pudo.
Las lágrimas aparecieron.
La FIFA confirmó que el capitán se quebró durante el himno y que la emoción le impidió cantar en algunos momentos. La AFA también destacó la escena como uno de los instantes más conmovedores de toda la despedida.
Mirándolo desde la grada, era imposible no pensar en todo lo que había pasado.
Aquel hombre no estaba simplemente escuchando un himno.
Estaba escuchando por última vez el himno como jugador de Argentina.
Por última vez con la camiseta puesta.
Por última vez antes de un partido.
Y junto a él estaban sus hijos.
Ellos crecerán sabiendo que aquella fue la noche en la que su padre lloró antes de jugar su último partido con Argentina.
EL MOMENTO EN QUE TODO EL ESTADIO SE PUSO DE PIE
El homenaje no se limitó a la ceremonia.
Durante el partido hubo un momento especialmente simbólico.
Cuando llegó el minuto 10, el Monumental se levantó para ovacionar a Messi.
El número 10 dejaba de ser solamente un dorsal.
Se había convertido en una especie de identidad.
La AFA y EFE destacaron la ovación del estadio en ese minuto especial.
Desde la grada se veía algo extraordinario.
Miles de personas de pie.
Miles de personas aplaudiendo.
Y Messi intentando concentrarse en el partido.
Porque había una última misión.
Jugar.
Y ENTONCES EMPEZÓ EL PARTIDO
Argentina salió al campo sabiendo que la noche era especial, pero también que había un encuentro que disputar.
Benín no llegó para ser un simple espectador.
El equipo africano compitió.
Durante buena parte de la primera mitad, Argentina tuvo dificultades para encontrar el gol.
Messi tuvo oportunidades.
Lo intentó.
Buscó espacios.
Participó en la construcción.
Pero el marcador seguía 0-0.
Y quizá eso hizo que la tensión aumentara.
Todos queríamos ver el gol de Messi.
Pero también había algo hermoso en verlo jugar una última vez.
Cada pase parecía importante.
Cada control era observado.
Cada carrera generaba una reacción.
Era como si el público quisiera memorizar cada movimiento.
EL PRIMER GOL: OTAMENDI Y EL ÚLTIMO PASE DE MESSI
En el segundo tiempo llegó el primer gol.
Minuto 48.
Messi ejecutó un córner.
El balón viajó hacia el área.
Nicolás Otamendi apareció y marcó.
1-0.
El estadio explotó.
Pero había un detalle especial.
Era el último partido internacional de Otamendi.
Y el gol llegó después de una acción ejecutada por Messi.
El propio defensor explicó después que aquel último partido había sido un regalo inesperado y que poder marcar su último gol con un pase de Messi era algo que se llevaría para toda la vida.
Me quedé pensando en esa frase.
Otamendi y Messi habían compartido tantos años que parecía imposible imaginar una despedida más simbólica.
Uno marcaba el final.
El otro daba el pase.
Y Argentina se ponía por delante.
CONOCER A LOS JUGADORES Y ENTENDER LO QUE MESSI SIGNIFICA PARA ELLOS
Una de las cosas que más me llamó la atención de aquella noche fue escuchar a los jugadores.
Porque para nosotros Messi es una leyenda.
Para ellos, además, es un compañero.
Es alguien con quien han compartido vestuario.
Entrenamientos.
Viajes.
Concentraciones.
Partidos.
Títulos.
Derrotas.
Y despedirse de alguien así no es sencillo.
Franco Mastantuono explicó que Messi es su ídolo desde pequeño y que estaba emocionado. Dijo que intentó mantener la mejor cara, aunque estaba triste, y lo describió como una bandera y una inspiración.
Enzo Fernández fue directo:
“Lo vamos a extrañar mucho”.
Lisandro Martínez reconoció que habían jugado con una angustia enorme porque sabían que aquel momento iba a llegar y que costaba asimilar que Messi ya no estaría en la próxima fecha FIFA.
Y Exequiel Palacios resumió lo que probablemente muchos jóvenes de aquella generación sienten:
“Haber compartido cancha con el mejor de todos los tiempos es un orgullo”.
No hacía falta adornarlo.
Los propios jugadores lo estaban diciendo.
Para ellos, Messi no era únicamente el capitán.
Era el futbolista que habían admirado antes de poder compartir vestuario con él.
NICO PAZ Y EL SEGUNDO GOL
Argentina siguió avanzando.
En el minuto 61 apareció Nico Paz.
Control.
Espacio.
Disparo.
Gol.
2-0.
Otra explosión en el Monumental.
El joven talento marcaba en una noche que pertenecía a Messi, pero en la que Argentina también estaba mostrando algo importante:
el futuro.
Y eso tenía un enorme valor simbólico.
Porque mientras Messi cerraba su ciclo, jugadores como Nico Paz empezaban a asumir responsabilidades.
La Selección no terminaba.
La Selección continuaba.
El número 10 se despedía.
Pero Argentina seguiría.
Y LLEGÓ EL MOMENTO QUE TODOS ESTÁBAMOS ESPERANDO
Quedaba uno.
El tercero.
El gol de Messi.
Minuto 70.
Penalti.
Messi tomó la pelota.
Durante años habíamos visto esa escena.
Messi coloca el balón.
Messi respira.
Messi mira al portero.
Pero aquella vez era diferente.
Todos sabíamos que podía ser el último.
El estadio quedó pendiente del movimiento de un solo hombre.
Messi tomó carrera.
Zurda.
Gol.
3-0.
Y el Monumental explotó.
EFE describió el momento con precisión: Messi convirtió de penalti el gol número 126 de su carrera internacional y los aproximadamente 85.000 espectadores celebraron el tanto como si se tratara de un título.
Lo fue, de alguna manera.
No era un título.
Pero era el cierre perfecto.
EL ÚLTIMO GOL
Hay goles que tienen valor por lo que significan en la tabla.
Otros por su belleza.
El último gol de Messi con Argentina tenía otro valor.
Era un punto final.
Esa cifra quedará para siempre.
El máximo goleador histórico de Argentina.
Y, según FIFA, el cierre estadístico de una carrera internacional de 208 partidos, 126 goles y 70 asistencias.
Pero mientras veía a Messi celebrar, los números parecían secundarios.
Lo que importaba era su cara.
La reacción del estadio.
Los abrazos.
El conocimiento colectivo de que acabábamos de presenciar algo irrepetible.
EL PARTIDO TERMINÓ, PERO LA NOCHE NO
Cuando terminó el encuentro, nadie tenía prisa por marcharse.
Argentina había ganado 3-0.
Messi había marcado.
Otamendi también se había despedido.
Nico Paz había dejado su firma.
Pero la verdadera ceremonia estaba a punto de comenzar.
Los jugadores de ambas selecciones hicieron fila para saludar a Messi.
El árbitro Fernando Véjar le entregó sus tarjetas.
Y después aparecieron las imágenes, las luces y los drones.
EFE informó de que el espectáculo posterior incluyó figuras relacionadas con Messi y la camiseta argentina proyectadas en el cielo del Monumental.
Era difícil no mirar hacia arriba.
Y pensar que todo aquello estaba sucediendo porque un hombre había decidido decir adiós.
LOS DRONES DIBUJARON LA DESPEDIDA
El cielo del Monumental se convirtió en una pantalla.
Luces.
Drones.
Imágenes.
La camiseta.
El número 10.
La figura de Messi.
El espectáculo continuaba mientras la gente seguía mirando.
Pero había algo curioso.
Por más grande que fuera la producción, todo parecía pequeño al lado del protagonista.
Porque nadie estaba allí por los drones.
Nadie estaba allí por la pirotecnia.
Nadie estaba allí solamente por el partido.
Todos estaban allí por Messi.
EL SILENCIO ANTES DEL DISCURSO
Y entonces llegó el momento que más me impresionó.
Messi tomó el micrófono.
El ruido del estadio empezó a bajar.
Por primera vez en toda la noche, había que escuchar.
El jugador que tantas veces había hablado con sus pies tenía ahora que hablar con su voz.
Y empezó:
“Es muy difícil decir algo hoy, son muchas emociones. Lo primero que pienso es en mi viejo”.
La frase cayó sobre el Monumental con una fuerza enorme.
No era un discurso de campeón.
No era un discurso institucional.
Era una confesión.
Una frase íntima.
El recuerdo de su padre aparecía en el centro de la despedida. La AFA confirmó que esas fueron sus primeras palabras después del partido.
Y a partir de ahí, Messi empezó a recorrer su propia historia.
“NO ME QUEDA MÁS QUE AGRADECER”
Después llegó una frase que explica perfectamente su estado de ánimo.
“No me queda más que agradecer”.
Agradecer.
No reclamar.
No lamentar.
No reprochar.
Agradecer.
Messi recordó que incluso durante los peores momentos nunca dejó de luchar, de pelear y de dar el máximo.
Y esa parte del discurso me pareció fundamental.
Porque si uno mira solamente los títulos, puede pensar que la carrera de Messi con Argentina fue sencilla.
No lo fue.
Hubo años complicados.
Hubo críticas.
Hubo finales perdidas.
Hubo momentos en los que parecía que el vínculo entre el jugador y el país se había roto.
Pero Messi permaneció.
Y eso fue precisamente lo que quiso recordar.
EL MESSI QUE NO SE RINDIÓ
Durante años, Argentina le pidió resultados.
Messi respondió con perseverancia.
Cuando perdió, volvió.
Cuando fue criticado, siguió.
Cuando anunció temporalmente su retirada, regresó.
Y cuando finalmente llegaron los títulos, no se olvidó de todo lo que había sucedido antes.
En su discurso, esa perseverancia fue uno de los conceptos centrales.
“No me queda más que agradecer. Hasta en los peores momentos nunca dejé de pelear, de luchar, de dar el máximo”, explicó.
Y mientras lo escuchaba, pensé que quizá esa sea la parte más importante de su legado.
No haber ganado siempre.
Sino haber continuado después de perder.
“JUGAR EN LA SELECCIÓN ARGENTINA FUE LO MEJOR QUE ME PASÓ EN LA VIDA”
Entonces llegó la frase.
La frase que probablemente quedará asociada para siempre con aquella noche.
“Jugar en la Selección Argentina fue lo mejor que me pasó en la vida”.
No habló de clubes.
No habló de premios.
No habló de contratos.
No habló de récords.
Habló de la Selección.
La camiseta.
Argentina.
El país.
La AFA recogió esa declaración como una de las grandes conclusiones de su discurso.
Y había algo especialmente poderoso en escucharla después de tantos años.
Porque Messi podría haber terminado hablando de su legado.
Pero eligió hablar de lo que había significado vestir la camiseta.
EL RECUERDO DEL MUNDIAL
Messi también habló de uno de los momentos más importantes de su carrera: el regreso a Argentina después de conquistar el Mundial.
Recordó aquella celebración en el Monumental y la definió como uno de los momentos más bonitos que había vivido.
Eso también explica por qué el estadio era el lugar perfecto para despedirse.
El Monumental no era solamente un escenario.
Era parte de su historia.
Allí había vivido momentos extraordinarios.
Allí había sentido el cariño de la gente.
Y allí estaba ahora cerrando el círculo.
LOS COMPAÑEROS
Después habló de ellos.
Los compañeros.
Messi quiso dejar claro que el éxito de Argentina no fue únicamente suyo.
“No tengan dudas que todos los compañeros que tuve al lado siempre dejaron todo por esta camiseta”, dijo.
Y añadió que eran un grupo extraordinario y que por eso habían conseguido todo lo que consiguieron.
Era importante.
Porque el fútbol argentino había pasado muchos años colocando toda la responsabilidad sobre Messi.
Pero él nunca quiso contar la historia de esa manera.
La Copa América no la ganó Messi solo.
El Mundial no lo ganó Messi solo.
Los títulos fueron colectivos.
Y en su última noche, volvió a recordarlo.
LA GENERACIÓN QUE CRECIÓ JUNTO A ÉL
Cuando miraba las gradas, había algo que me impresionaba.
Había personas que tenían la misma edad que Messi.
Había jóvenes.
Había niños.
Había padres con sus hijos.
Eso significa que una generación completa había crecido viendo al mismo futbolista.
Algunos lo vieron debutar.
Otros lo descubrieron en el Barcelona.
Otros lo conocieron en el Mundial de 2014.
Otros empezaron a seguirlo durante Qatar 2022.
Pero todos tenían algo en común:
Messi formaba parte de sus recuerdos.
Por eso la despedida era tan personal.
No era solamente el final de la carrera de un jugador.
Era el final de una parte de la vida de millones de personas.
MESSI Y LOS MÁS JÓVENES
Quizá por eso las palabras de Mastantuono tuvieron tanta fuerza.
Él representa a una generación que creció mirando a Messi.
Ahora tendrá que jugar sin él.
Y eso cambia completamente el panorama.
Mastantuono explicó que Messi siempre había sido su bandera y su inspiración.
Es una frase que podría haber pronunciado cualquiera de los jóvenes que estaban en el estadio.
La generación que viene tendrá que aprender a construir su propia historia.
Y probablemente Messi lo sabe.
Por eso su mensaje final también fue para ellos.
“AHORA ME TOCA ESTAR DE ESE LADO”
Hubo otra frase especialmente simbólica.
Messi explicó:
“Le digo adiós a la Selección, los voy a extrañar, la voy a extrañar, pero ahora me toca estar de ese lado”.
Ese lado es la grada.
El lugar del hincha.
El lugar desde el que ya no puede intervenir.
No puede recibir la pelota.
No puede lanzar un penalti.
No puede cambiar un partido.
Puede mirar.
Puede sufrir.
Puede celebrar.
Puede animar.
Como todos nosotros.
Y para alguien que ha vivido más de veinte años dentro de la selección, ese cambio debe ser enorme.
EL MENSAJE MÁS IMPORTANTE PARA ARGENTINA
Pero Messi no terminó hablando solamente del pasado.
También habló del futuro.
Y pidió unidad.
“Siempre unidos”.
Explicó que vendrán tiempos difíciles porque cada cambio grande genera incertidumbre.
Y advirtió que habrá personas que hablarán mal de la selección.
Su mensaje fue claro:
hay que defenderla.
Hay que acompañarla.
Hay que permanecer unidos.
La AFA recogió este tramo del discurso como una de las grandes reflexiones de Messi sobre el futuro de la Albiceleste.
Eso demuestra que, incluso mientras se despedía, Messi estaba pensando en la selección que queda.
EL MESSI QUE YA NO SERÁ JUGADOR
En ese instante se produjo una transformación.
Messi seguía siendo el capitán.
Pero ya no era el futuro.
Era el pasado reciente.
El próximo partido de Argentina tendrá otro número 10.
Otro jugador tendrá que asumir responsabilidades.
Otro futbolista tendrá que enfrentarse a las comparaciones.
Y otro tendrá que aprender a vivir con la presión de una camiseta que durante más de veinte años estuvo asociada al mismo hombre.
Pero Messi ya no estará dentro.
Estará fuera.
Animando.
Como había dicho.
EL LEGADO ESTADÍSTICO
Después de aquella noche, las estadísticas quedaron cerradas.
FIFA registra:
208 partidos.
126 goles.
70 asistencias.
135 victorias.
43 empates.
30 derrotas.
Una carrera de 21 años.
Pero la AFA publicó una cifra diferente en uno de sus resúmenes estadísticos, contabilizando 207 partidos y 125 goles en el cuerpo de la nota, pese a titular con 126 goles. Para evitar confusiones, la referencia más consistente para las cifras definitivas es FIFA, que registra 208 partidos y 126 goles después del encuentro ante Benín.
En cualquier caso, el significado es el mismo.
Messi termina como máximo goleador histórico de Argentina.
Y como el jugador que más veces defendió la camiseta.
LOS TÍTULOS
Pero incluso los números individuales se quedan cortos.
Messi ganó con Argentina:
la Copa América de 2021;
la Finalissima de 2022;
el Mundial de Qatar 2022;
y la Copa América de 2024.
La AFA recuerda esos cuatro títulos como el gran recorrido de la etapa final de su carrera internacional.
Y eso tiene un significado enorme.
Porque durante años la pregunta era:
¿Puede Messi ganar algo con Argentina?
Cuando se marcha, la pregunta ya no existe.
Ganó.
Y ganó los títulos más importantes.
LA DESPEDIDA PERFECTA PARA OTAMENDI
No puedo dejar fuera a Nicolás Otamendi.
Porque aquella noche también era su despedida.
Y eso añadió otra capa emocional al encuentro.
Otamendi había compartido con Messi muchos años de selección.
Y marcó el primer gol de aquella última noche.
Después explicó que haber podido marcar con un pase de Messi era algo que se llevaría para toda la vida.
No podía haber mejor símbolo.
Messi asistiendo.
Otamendi marcando.
Dos veteranos cerrando una etapa.
Y Argentina ganando.
LOS VESTUARIOS DESPUÉS DEL PARTIDO
Uno de los aspectos que más me habría gustado poder congelar de aquella noche fue precisamente el vestuario.
Porque ahí ya no estaban las cámaras.
No estaban las gradas.
No estaban los drones.
No estaba el espectáculo.
Estaban los jugadores.
Y un compañero que acababa de jugar su último partido.
Los testimonios posteriores ayudan a imaginar ese ambiente.
Lisandro Martínez habló de la angustia que había sentido el grupo.
Mastantuono reconoció que estaba triste.
Enzo dijo que lo echarían mucho de menos.
Palacios habló del orgullo de haber compartido cancha con él.
Otamendi habló de un cierre increíble.
Eso explica mucho.
Para Messi, era una despedida.
Para ellos, también.
EL FINAL DE UN VESTUARIO
Los vestuarios del fútbol tienen una memoria especial.
Allí se celebran los títulos.
Se procesan las derrotas.
Se hacen bromas.
Se discuten partidos.
Se construyen amistades.
Y Messi llevaba más de veinte años entrando en vestuarios de Argentina.
Ahora uno de esos vestuarios quedará atrás.
No volverá para una fecha FIFA.
No estará en el próximo viaje.
No ocupará su lugar habitual.
No habrá otra charla previa a un partido.
No habrá otro entrenamiento con Scaloni.
No habrá otro partido oficial.
Y eso es difícil de asimilar incluso para quienes lo vivieron de cerca.
UNA CARRERA QUE EMPEZÓ CON UNA EXPULSIÓN
Quizá uno de los detalles más fascinantes de la historia sea recordar cómo empezó.
Budapest.
17 de agosto de 2005.
Messi entró en el segundo tiempo ante Hungría.
Y fue expulsado apenas unos segundos después.
La FIFA recuerda que aquel debut duró alrededor de 90 segundos.
Imaginen aquel momento.
Un adolescente.
Primera aparición con Argentina.
Y expulsión.
Nadie podía saber entonces que aquel chico terminaría disputando 208 partidos.
Que marcaría 126 goles.
Que ganaría un Mundial.
Que levantaría la Copa América.
Que sería capitán.
Que se convertiría en una figura mundial.
Y que 21 años después estaría llorando durante el himno antes de su último partido.
La distancia entre aquellas dos escenas es gigantesca.
DE LA DUDA A LA ADORACIÓN
La relación de Messi con Argentina atravesó muchas fases.
Al principio había dudas.
Después llegaron las críticas.
Luego la frustración.
Después la identificación.
Finalmente, la adoración.
Reuters describió esa evolución como una larga historia de amor difícil de conquistar, marcada por años de críticas antes de que Messi terminara ganándose definitivamente el corazón de los argentinos.
Y creo que eso explica por qué la despedida fue tan intensa.
Argentina no estaba despidiendo solamente a un gran jugador.
Estaba despidiendo a alguien con quien había vivido una historia complicada.
Y las historias complicadas suelen ser las que más profundamente marcan.
EL MUNDIAL QUE CAMBIÓ LA HISTORIA
Qatar 2022 fue el gran punto de inflexión.
Messi llegó al torneo sabiendo que probablemente era su última gran oportunidad.
Y salió campeón.
La imagen del trofeo levantado cambió para siempre su relación con Argentina.
A partir de ese momento, ya no había nada que demostrar.
La Copa del Mundo había llegado.
El sueño estaba cumplido.
Pero Messi siguió.
Y ganó más.
La Copa América 2024 añadió otro capítulo.
Por eso la despedida no tuvo el tono de una carrera inconclusa.
Tuvo el tono de una carrera completa.
EL MIEDO A QUE NUNCA HUBIERA LLEGADO
Eso es lo que hace tan especial la historia.
Durante años parecía que el título con Argentina nunca llegaría.
Se perdieron finales.
Se acumularon decepciones.
Incluso Messi llegó a apartarse temporalmente.
Y, sin embargo, continuó.
Por eso cuando habla de “no dejar de luchar”, no está utilizando una frase vacía.
Está describiendo su carrera.
LA ÚLTIMA FOTO
Hay imágenes que explican una época mejor que cualquier texto.
Messi con sus hijos durante el himno.
Messi llorando.
Messi levantando la cabeza.
Messi jugando.
Messi asistiendo a Otamendi.
Messi viendo marcar a Nico Paz.
Messi convirtiendo el penalti.
Messi abrazando a sus compañeros.
Messi hablando ante el Monumental.
Y Messi mirando al estadio por última vez.
Todas esas imágenes forman un álbum.
Un álbum que resume más de veinte años.
¿QUÉ SENTÍ CUANDO TERMINÓ?
Cuando el discurso terminó, tuve una sensación extraña.
No había tristeza absoluta.
Tampoco felicidad absoluta.
Era una mezcla.
Porque había visto una despedida perfecta.
Argentina había ganado.
Messi había marcado.
El estadio había respondido.
Los jugadores habían podido despedirse.
Y el propio Messi había tenido la oportunidad de hablar.
Pero una despedida perfecta sigue siendo una despedida.
Y saber que no volverás a verlo con esa camiseta produce un vacío.
LA ÚLTIMA VEZ QUE VIMOS AL 10
Hay algo particularmente difícil de explicar cuando un deportista de este nivel se retira.
Durante años, la gente se acostumbra a su presencia.
Cada convocatoria.
Cada partido.
Cada torneo.
Cada Mundial.
Y de repente, esa rutina desaparece.
Messi ya no será convocado.
No habrá debate sobre si juega.
No habrá discusión sobre si debe descansar.
No habrá preguntas sobre su estado físico para la próxima fecha FIFA.
No habrá análisis sobre dónde colocarlo.
El 10 ya no estará.
Y esa ausencia será probablemente una de las primeras cosas que Argentina tendrá que aprender a manejar.
PERO EL 10 NO DESAPARECE
Aunque Messi ya no juegue, el número 10 seguirá teniendo un significado especial.
Porque los dorsales pueden cambiar de dueño.
Pero las historias no.
Cada vez que un jugador argentino se ponga ese número, inevitablemente aparecerá una comparación.
No porque sea justo.
Sino porque es inevitable.
Messi dejó una medida difícil de alcanzar.
Pero también dejó un camino.
Los jóvenes que vienen detrás no tienen que ser Messi.
Tienen que ser ellos mismos.
Eso parece haber sido precisamente una de las ideas que el propio capitán quiso transmitir.
“AHORA SOY UNO MÁS”
En agosto, cuando anunció su retirada, Messi ya había explicado que pasaría a ser uno más de los aficionados que alientan desde fuera.
Y en el Monumental confirmó esa nueva realidad.
A partir de ahora, Messi verá los partidos de Argentina como nosotros.
Con nervios.
Con esperanza.
Con sufrimiento.
Con alegría.
Quizá eso sea lo más extraño de todo.
Durante más de veinte años, nosotros mirábamos a Messi.
Ahora Messi mirará a otros.
LA FRASE QUE ME LLEVÉ DEL MONUMENTAL
Si tuviera que escoger una sola frase de toda la noche, no sería la del gol.
No sería la del himno.
Ni siquiera sería la de su padre.
Sería esta:
“Jugar en la Selección Argentina fue lo mejor que me pasó en la vida”.
Porque resume todo.
La carrera.
Las derrotas.
Los títulos.
Las críticas.
El Mundial.
Los compañeros.
La camiseta.
Argentina.
Todo.
Y además responde a una pregunta que durante años fue motivo de debate:
¿Quería realmente Messi jugar con Argentina?
La respuesta, pronunciada por él mismo al final de su carrera, es inequívoca.
Sí.
La amó.
La ama.
Y la echará de menos.
UNA DESPEDIDA SIN RESENTIMIENTO
Messi pudo haberse marchado hablando de las críticas.
No lo hizo.
Pudo haber recordado las finales perdidas.
No para reprocharlas, sino para señalar cuánto había sufrido.
Pero no convirtió su discurso en una lista de cuentas pendientes.
Eligió agradecer.
Eso dice mucho de su estado emocional.
Había llegado al final.
Y no necesitaba ganar ninguna discusión.
Su carrera ya había respondido.
EL MONUMENTAL DESPUÉS DE MESSI
Cuando las luces empezaron a apagarse, el Monumental seguía lleno.
La gente no quería marcharse.
Era como si todos estuvieran intentando prolongar la noche.
Porque sabíamos que cuando saliéramos del estadio, la despedida sería definitiva.
Ya no habría otra.
El último partido había terminado.
El último gol estaba marcado.
El último discurso había sido pronunciado.
La última ovación había llegado.
Y el último himno ya formaba parte de la memoria.
EL LEGADO
¿Qué queda después?
Quedan los títulos.
Quedan los goles.
Quedan los récords.
Queda la camiseta.
Queda el número 10.
Queda la Copa del Mundo.
Quedan las Copas América.
Queda el recuerdo de un jugador que durante 21 años representó a Argentina.
Pero queda algo más.
Queda una enseñanza.
Messi demostró que la grandeza no consiste únicamente en ganar.
También consiste en resistir.
En regresar.
En aceptar las derrotas.
En seguir intentando.
En soportar la presión.
Y en poder marcharse un día sabiendo que no quedó nada por entregar.
EL ÚLTIMO MENSAJE
Antes de irse, Messi pidió unidad.
Pidió que se apoyara a la Selección.
Pidió que se la defendiera.
Y dejó claro que, aunque él ya no esté dentro del campo, seguirá siendo parte de la historia.
Eso es lo que hace que su despedida sea distinta.
No es un adiós a Argentina.
Es un adiós a la obligación de jugar por Argentina.
LO QUE VIENE
Ahora comienza otra etapa.
Argentina tendrá que seguir.
Scaloni tendrá que preparar un equipo sin su capitán.
Los jóvenes tendrán que asumir más responsabilidad.
Los veteranos tendrán que ayudar.
Y el país tendrá que aprender a mirar hacia delante.
Será difícil.
Muy difícil.
Porque no se sustituye a Messi.
No se sustituye una carrera de 21 años.
No se sustituye una relación emocional construida durante generaciones.
Pero el fútbol no se detiene.
Eso también lo sabe Messi.
EL ÚLTIMO BAILE
El concepto del “último tango” terminó teniendo sentido.
Messi bailó por última vez con Argentina.
Lo hizo en casa.
Con su gente.
Con sus hijos.
Con sus compañeros.
Con Scaloni.
Con Otamendi.
Con los jóvenes que algún día tendrán que continuar la historia.
Y lo hizo ganando.
3-0.
Un gol.
Dos asistencias.
126 goles internacionales.
208 partidos.
Y una despedida que difícilmente podría haber sido más simbólica.
FUI A LA DESPEDIDA DE MESSI Y PASÓ ESTO
Si tuviera que resumir aquella noche en una sola imagen, sería esta:
Messi de pie frente a miles de personas, con los ojos todavía húmedos, sosteniendo el micrófono después de haber marcado su último gol.
Ya no había nada que demostrar.
Ya no había nada que ganar.
Solo quedaba decir gracias.
Y eso fue exactamente lo que hizo.
Gracias a sus compañeros.
Gracias a sus entrenadores.
Gracias a su familia.
Gracias a los aficionados.
Gracias a Argentina.
Y, sobre todo, gracias por haber podido vestir esa camiseta durante más de veinte años.
EL HOMBRE DETRÁS DE LA LEYENDA
Durante tantos años hemos hablado de Messi como futbolista.
El mejor.
El campeón.
El goleador.
El capitán.
Pero aquella noche vimos al hombre.
Al hijo que recordó a su padre.
Al padre que estuvo junto a sus hijos.
Al compañero que abrazó a Otamendi.
Al amigo que se despidió de un vestuario.
Al argentino que lloró durante el himno.
Y al hincha que, desde ahora, tendrá que mirar la selección desde fuera.
Eso fue lo que hizo que aquella noche fuera tan especial.
Y ENTONCES ENTENDÍ ALGO
Las despedidas deportivas suelen intentar cerrar una historia.
La de Messi no pudo hacerlo.
Porque una historia como esta no termina realmente.
El partido terminó.
La carrera internacional terminó.
Pero la historia continúa cada vez que un niño se pone una camiseta con el número 10.
Continúa cada vez que alguien recuerda el Mundial.
Continúa cada vez que se habla de la Copa América.
Continúa cada vez que Argentina juega y alguien pregunta:
“¿Qué habría hecho Messi?”
Y, sobre todo, continúa porque millones de personas pueden decir:
“Yo lo vi”.
Yo lo vi jugar.
Yo lo vi ganar.
Yo lo vi perder.
Yo lo vi llorar.
Yo lo vi levantar la Copa del Mundo.
Y yo lo vi despedirse.
LA NOCHE QUE SE DESPIDIÓ UNA GENERACIÓN
Por eso aquella noche no pertenecía solamente a Messi.
Pertenecía también a todos los que crecieron con él.
A los niños que ahora son adultos.
A los padres que vieron sus partidos con sus hijos.
A los jóvenes que comenzaron a jugar al fútbol imitándolo.
A los compañeros que tuvieron la suerte de compartir vestuario con él.
A los periodistas que cubrieron toda su carrera.
Y a los aficionados que estuvieron allí, en las buenas y en las malas.
Messi dijo que había recibido cariño durante veinte años.
Y el Monumental se encargó de devolverle todo ese cariño en una sola noche.
EL ADIÓS PERFECTO
No existe una despedida perfecta.
Siempre falta algo.
Siempre hay un partido que uno quisiera volver a jugar.
Un gol que podría haber llegado.
Una final que podría haber terminado de otra manera.
Pero si existe algo parecido a una despedida perfecta, probablemente se parezca a esto.
Jugar en casa.
Estadio lleno.
Familia presente.
Compañeros emocionados.
Victoria.
Gol.
Asistencias.
Homenajes.
Y un discurso desde el corazón.
Messi tuvo todo eso.
“LOS VOY A EXTRAÑAR”
Antes de terminar, Messi reconoció que echará de menos a la selección.
Y es lógico.
Porque Argentina no era solamente un trabajo.
Era una parte de su identidad.
Era algo que había acompañado su vida adulta.
Había vivido cumpleaños durante concentraciones.
Navidades después de partidos.
Viajes.
Victorias.
Derrotas.
Celebraciones.
Silencios.
Todo.
Ahora tendrá que acostumbrarse a no tenerlo.
EL ÚLTIMO APLAUSO
Cuando terminó el discurso, llegó otro aplauso.
Quizá el más importante.
No era el aplauso por un gol.
Ni por una asistencia.
Ni por un título.
Era el aplauso por todo.
Por los 21 años.
Por las lágrimas.
Por las noches difíciles.
Por los títulos.
Por el Mundial.
Por no abandonar.
Por regresar.
Por representar a Argentina.
Por hacer sentir orgullosos a millones.
Y por haber entendido que había llegado el momento de decir adiós.
MESSI SE VA, PERO ARGENTINA SIGUE
Ese es el mensaje final.
Messi se va de la selección.
Argentina sigue.
Habrá nuevas estrellas.
Nuevos partidos.
Nuevas derrotas.
Nuevos títulos.
Pero habrá una diferencia.
Durante más de dos décadas, cuando Argentina jugaba, el mundo entero buscaba al número 10.
Ahora tendrá que buscar a otro.
Y quizá esa sea la mayor señal de que una era realmente terminó.
EL RECUERDO QUE QUEDA
Horas después, cuando las calles de Buenos Aires empezaron a recuperar su ritmo habitual, el Monumental quedó atrás.
Pero la imagen seguía en la cabeza.
Messi.
El número 10.
La camiseta.
Las lágrimas.
El penalti.
El abrazo de sus hijos.
El discurso.
“Jugar en la Selección Argentina fue lo mejor que me pasó en la vida”.
Esa frase resume una carrera que no necesita defensa.
No necesita exageración.
No necesita leyendas inventadas.
Los hechos son suficientes.
21 años.
208 partidos.
126 goles.
Títulos.
Un Mundial.
Y una despedida delante de más de 85.000 personas.
ADIÓS, LEO
No sé si alguna vez volveremos a ver algo igual.
Probablemente no.
Habrá otros jugadores.
Habrá otros genios.
Habrá otros campeones.
Pero la historia de Messi con Argentina pertenece a una época concreta.
Y esa época terminó en el Monumental.
No terminó con una derrota.
No terminó con una lesión.
No terminó en silencio.
Terminó con un 3-0.
Con un gol.
Con dos asistencias.
Con un estadio lleno.
Con sus hijos a su lado.
Con sus compañeros abrazándolo.
Con Scaloni emocionado.
Con Otamendi despidiéndose.
Con jóvenes como Mastantuono mirando a su ídolo.
Y con Messi hablando desde el corazón.
Fue una noche de fútbol.
Pero también fue una noche de memoria.
Una noche para recordar quién fue aquel niño de Rosario que un día llegó a Barcelona, que comenzó su aventura con Argentina siendo apenas un adolescente y que terminó convirtiéndose en uno de los futbolistas más importantes de la historia.
Yo fui a la despedida de Lionel Messi.
Y sí, pasó todo eso.
Conocí jugadores.
Vi a una generación despedirse de su capitán.
Vi a miles de personas cantar.
Vi a Messi llorar durante el himno.
Vi a Argentina ganar.
Vi el último gol.
Vi el número 10 levantarse una última vez.
Y escuché un discurso que no necesitaba grandes palabras.
Porque Messi simplemente dijo lo que sentía.
Que estaba agradecido.
Que había luchado.
Que iba a echar de menos a la Selección.
Que ahora le tocaba estar del otro lado.
Y que jugar con Argentina había sido lo mejor que le había pasado en la vida.
Después de más de dos décadas, no había nada más que añadir.
Solo quedaba una palabra.
Gracias.
Gracias, Leo.