MESSI SE DESPIDIÓ A LO GRANDE DE SELECCIÓN ARGENTINA. DIFÍCIL QUE VUELVA OTRO COMO ÉL

MESSI SE DESPIDIÓ A LO GRANDE DE SELECCIÓN ARGENTINA. DIFÍCIL QUE VUELVA OTRO COMO ÉL

Hay despedidas que se anuncian.

Hay despedidas que se organizan.

Y hay despedidas que terminan convirtiéndose en una página de la historia.

La de Lionel Messi con la selección argentina pertenece a la tercera categoría.

El martes 6 de octubre de 2026, el Estadio Monumental no fue simplemente un campo de fútbol. Se convirtió en el escenario de la última función de un jugador que durante más de dos décadas transformó la relación entre un país y su selección. Argentina derrotó 3-0 a Benín, pero el resultado quedó casi en segundo plano frente a lo que realmente estaba ocurriendo: Lionel Messi estaba jugando por última vez con la camiseta albiceleste ante su gente.

Y cuando llegó el momento de abandonar el césped, no hubo una sensación de fracaso.

Hubo gratitud.

Hubo lágrimas.

Hubo aplausos.

Hubo una camiseta con el número 10.

Hubo miles de voces pronunciando el mismo nombre.

Y hubo una certeza difícil de discutir: será extremadamente complicado volver a ver a un futbolista como Lionel Messi defendiendo durante 21 años la camiseta de Argentina.

El último capítulo tuvo todos los ingredientes de una película.

El himno.

Los hijos.

El estadio lleno.

La emoción de Scaloni.

El gol final.

Las asistencias.

Los homenajes.

Las luces.

Los drones.

Los fuegos artificiales.

Y, sobre todo, Messi.

El futbolista que durante tantos años soportó críticas, derrotas, comparaciones, finales perdidas y una presión que parecía interminable pudo despedirse de la selección argentina como campeón del mundo, campeón de América y máximo goleador histórico del combinado nacional.

El fútbol le permitió cerrar el círculo.

Y lo hizo a su manera.

Con una pelota en los pies.

Con una asistencia.

Con un gol.

Y con lágrimas.

El último himno

La escena comenzó incluso antes de que rodara el balón.

Cuando Messi apareció sobre el césped del Monumental para la ceremonia previa, el estadio ya estaba completamente entregado.

Más de 85.000 espectadores se habían reunido para verlo una última vez con la camiseta argentina. EFE describió la jornada como una noche de homenajes, lágrimas y un último grito de gol.

Pero fue el himno nacional el que cambió completamente el tono.

Messi estaba acompañado por sus tres hijos, Thiago, Mateo y Ciro.

Intentó cantar.

No pudo hacerlo con normalidad.

La emoción fue demasiado grande.

La propia Asociación del Fútbol Argentino relató que el capitán se quebró durante la interpretación del himno y que Lionel Scaloni también vivió el momento con visible emoción.

Era difícil no entender lo que significaba.

No era un partido más.

No era una convocatoria más.

No era otra noche de Eliminatorias.

No era una final.

Era la última vez.

La última vez que Messi se colocaba en fila junto a sus compañeros para cantar el himno como futbolista internacional.

La última vez que escucharía al Monumental rugir antes de un partido llevando el escudo de Argentina.

La última vez que tendría delante de él 90 minutos para representar oficialmente a la Albiceleste.

Y entonces llegó el silencio interior que solamente conocen quienes han vivido algo durante toda una vida y saben que está terminando.

Veintiún años en una camiseta

La historia comenzó en 2005.

Budapest.

Hungría.

Un joven Lionel Messi entraba en el segundo tiempo de un amistoso internacional.

Y apenas unos segundos después era expulsado.

El debut fue tan breve como extraño.

Pero nadie podía imaginar lo que vendría después.

Más de dos décadas.

Más de doscientas apariciones.

Más de un centenar de goles.

Cuatro títulos con la selección absoluta y seis si se cuentan los trofeos conseguidos en categorías juveniles y olímpicas. La AFA resume su trayectoria como una historia que atravesó generaciones, competiciones y escenarios de todo el mundo.

La cifra definitiva que dejó su último partido es todavía más impresionante.

208 partidos.

126 goles.

Y una cantidad de asistencias que lo coloca también entre los grandes creadores de la historia del fútbol internacional.

FIFA recoge que Messi terminó su trayectoria internacional con 208 partidos, 126 goles, 70 asistencias, 135 victorias, 43 empates y 30 derrotas.

Pero las estadísticas, por enormes que sean, no alcanzan para explicar lo que ocurrió.

Porque Messi no fue únicamente un futbolista.

Fue una historia.

Una historia de transformación.

Del rechazo a la adoración

Quizá uno de los aspectos más sorprendentes de la relación entre Messi y Argentina sea que no comenzó con una aceptación absoluta.

Todo lo contrario.

Durante años, una parte importante del público argentino cuestionó a Messi.

Que no cantaba el himno.

Que no sentía como Maradona.

Que no rendía igual que en Barcelona.

Que no era capaz de ganar con la selección.

Que las finales perdidas eran responsabilidad suya.

Que no tenía el carácter suficiente.

Que no podía ser comparado con Diego Maradona.

El debate llegó a niveles extraordinarios.

Y Messi, mientras tanto, continuó jugando.

Continuó regresando.

Continuó intentando.

Continuó aceptando la camiseta que tantas veces parecía pesarle más que a cualquier otro.

Reuters recordó precisamente esa evolución: el vínculo de Messi con Argentina pasó de las dudas y las críticas a una relación de admiración profunda, después de años de perseverancia y de títulos que terminaron cambiando la percepción del país hacia él.

Eso convierte su despedida en algo todavía más poderoso.

Messi no se marcha simplemente como un ídolo.

Se marcha después de haber conseguido que un país que durante años lo cuestionó terminara pidiéndole que no se fuera.

La camiseta que terminó pesando menos

Hay una frase que puede resumir buena parte de su trayectoria internacional.

Messi sufrió con Argentina.

Pero nunca dejó de volver.

Perdió finales.

Regresó.

Perdió otra vez.

Regresó.

Fue criticado.

Regresó.

Anunció incluso una retirada temporal después de la derrota en la final de la Copa América Centenario de 2016.

Y volvió.

Volvió porque, pese a todo, había una parte de él que necesitaba terminar la historia de otra manera.

El fútbol terminó dándole esa oportunidad.

Primero llegó la Copa América de 2021.

Después la Finalissima.

Luego el Mundial de Catar 2022.

Y posteriormente otro título continental.

La relación cambió.

Argentina dejó de preguntarse por qué Messi no era Maradona.

Empezó a preguntarse cómo había podido vivir tantos años sin disfrutar plenamente de él.

El Mundial que lo cambió todo

Catar 2022 representa el gran punto de inflexión.

Messi llegó al Mundial con 35 años y con una presión gigantesca.

Argentina perdió el primer partido contra Arabia Saudí.

El desastre parecía comenzar otra vez.

Pero la selección reaccionó.

México.

Polonia.

Australia.

Países Bajos.

Croacia.

Francia.

Y finalmente la Copa del Mundo.

Messi marcó.

Asistió.

Lideró.

Sufrió.

Celebró.

Y levantó el trofeo.

El título que durante tantos años había parecido imposible terminó en sus manos.

Aquella imagen cambió para siempre la historia de la selección argentina.

Porque a partir de entonces ya no existía una discusión sobre si Messi había ganado algo con Argentina.

Había ganado la Copa del Mundo.

Y había sido protagonista.

El Mundial como punto final perfecto

En cierto modo, el Mundial de 2022 hizo posible esta despedida.

Porque Messi podía haberse retirado entonces.

Ya lo tenía todo.

Copa América.

Mundial.

Premios individuales.

Récords.

Una carrera histórica.

Pero continuó.

Y continuó hasta 2026.

Hasta llegar a otra final mundialista.

Hasta cerrar definitivamente su etapa internacional.

Hasta regresar al Monumental para despedirse ante su público.

Eso dice mucho de su personalidad.

No se fue en el momento más fácil.

Esperó.

Siguió.

Compitió.

Y quiso despedirse en casa.

El último partido: Argentina 3-0 Benín

La noche del 6 de octubre tuvo un guion perfecto.

Argentina controló el partido.

Benín resistió.

El primer tiempo terminó sin goles.

El público esperaba.

El momento debía llegar.

Nicolás Otamendi abrió el marcador.

Después apareció Nicolás Paz.

Y finalmente llegó él.

El número 10.

El último gol.

La última celebración.

El último abrazo.

El último grito del Monumental por un gol de Messi con Argentina.

A los 70 minutos, el árbitro señaló penalti después de una falta sobre Agustín Giay.

Messi tomó la pelota.

Respiró.

Se preparó.

Y lanzó.

El balón terminó dentro de la portería.

El último.

El definitivo.

El gol número 126 de su carrera internacional.

EFE describió el momento como el último grito de gol de Messi con la Albiceleste, ante un Monumental que celebró el tanto como si se tratara de una final.

No podía haber un guion más simbólico.

El último partido.

El último gol.

En Argentina.

Ante su gente.

El gol que no necesitaba ser espectacular

Durante años, Messi nos acostumbró a goles imposibles.

Regates.

Tiros libres.

Vaselinas.

Carreras.

Dribles.

Definiciones.

Goles que parecían desafiar las leyes del fútbol.

Pero el último fue desde el punto de penalti.

Y eso resulta casi perfecto.

Porque esta vez no necesitaba inventar una obra de arte.

No necesitaba demostrar nada.

No necesitaba superar a cinco rivales.

El mundo ya sabía quién era.

Solo necesitaba marcar una última vez.

Y lo hizo.

Una cifra que permanecerá durante décadas.

También asistió dos veces

La despedida no terminó con el gol.

Messi también participó directamente en los otros dos tantos.

Reuters informó que el argentino marcó el tercer gol y asistió en los otros dos durante la victoria 3-0 sobre Benín.

Es decir:

Gol.

Dos asistencias.

Victoria.

Una última actuación decisiva.

Incluso en la despedida, Messi quiso jugar.

No quiso caminar por el campo esperando el homenaje.

No quiso convertirse en un espectador de su propia fiesta.

Quiso competir.

Quiso tocar la pelota.

Quiso generar fútbol.

Quiso ganar.

Y ganó.

Así se despiden los grandes

Hay futbolistas que reciben homenajes porque han tenido grandes carreras.

Y hay futbolistas que convierten el homenaje en un acontecimiento nacional.

Messi pertenece a la segunda categoría.

El Monumental estaba lleno.

Las entradas estaban agotadas.

El ambiente era completamente diferente al de un amistoso cualquiera.

La AFA preparó una ceremonia especial con música, luces, drones, homenajes y distintos espectáculos alrededor del encuentro.

Pero, en realidad, nada de eso era necesario.

Porque cuando Messi salió al campo, el público ya sabía qué hacer.

Aplaudir.

Cantar.

Llorar.

Agradecer.

El adiós de una generación

Messi no se despide solamente de una camiseta.

Se despide de una generación.

De aquellos niños que crecieron viéndolo jugar.

De quienes siguieron su carrera desde Barcelona.

De quienes lo defendieron cuando lo criticaban.

De quienes lloraron las finales perdidas.

De quienes vivieron el título de 2021.

De quienes celebraron Catar.

De quienes aprendieron a amar el fútbol mirando al número 10.

Para millones de aficionados argentinos, Messi formó parte de su infancia, adolescencia y adultez.

Por eso el adiós no puede medirse únicamente en goles.

Es una despedida emocional.

El chico que llegó de Rosario

Antes de convertirse en una leyenda mundial, Messi era un niño de Rosario.

Un talento extraordinario.

Un futbolista diferente.

Un chico que necesitó salir de Argentina para desarrollar su carrera.

Y que encontró en Barcelona el lugar donde construiría una de las trayectorias más impresionantes de la historia del fútbol.

Pero nunca abandonó Argentina.

Nunca dejó de representar al país.

Nunca cambió de selección.

Nunca aceptó la posibilidad de vestir otra camiseta absoluta.

Eligió Argentina.

Y esa elección terminó siendo una parte fundamental de su legado.

España también estuvo en la historia

La relación entre Messi y España tiene una dimensión particular.

El jugador creció futbolísticamente en Barcelona.

Vivió durante años en territorio español.

La selección española llegó incluso a tener interés en él.

Pero Messi eligió Argentina.

Eligió la camiseta celeste y blanca.

La decisión no siempre fue fácil.

La relación con el público argentino fue complicada durante una parte importante de su carrera.

Pero Messi nunca cambió de camino.

Y eso hace que su despedida tenga todavía más valor.

El último tango tenía que ser en Argentina

La AFA utilizó una frase especialmente simbólica para describir el partido de despedida: «El último tango tenía que ser en Argentina».

La expresión resume perfectamente lo ocurrido.

Messi tuvo grandes escenarios en todo el mundo.

Camp Nou.

Maracaná.

Lusail.

Wembley.

París.

Miami.

Pero la despedida de Argentina tenía que producirse en Buenos Aires.

Ante su gente.

Ante su familia.

Ante sus compañeros.

Ante el público que tantas veces lo vio crecer.

El Monumental era el escenario natural.

Scaloni también se quebró

El entrenador que acompañó a Messi durante la etapa más gloriosa de la selección no pudo ocultar la emoción.

Scaloni fue testigo de la transformación definitiva de Messi con Argentina.

Juntos ganaron.

Juntos perdieron.

Juntos levantaron la Copa América.

Juntos conquistaron el Mundial.

Y juntos llegaron hasta el final.

Durante el himno, Scaloni apareció visiblemente emocionado junto al capitán. La AFA documentó esa escena como uno de los momentos más conmovedores de la noche.

No era solamente el entrenador despidiendo a un jugador.

Era un hombre despidiendo a uno de los futbolistas con los que construyó el capítulo más importante de su carrera.

Una relación construida desde el respeto

Scaloni entendió algo fundamental.

Messi no necesitaba que nadie le explicara cómo jugar.

Necesitaba un equipo.

Necesitaba libertad.

Necesitaba confianza.

Y necesitaba sentirse parte de un grupo.

El técnico logró construir alrededor de él un equipo competitivo.

Pero también hizo algo más.

Consiguió que Messi volviera a disfrutar con Argentina.

Y esa transformación fue fundamental.

De las lágrimas de 2016 a las lágrimas de 2026

Existe una simetría poderosa.

En 2016, después de perder otra final, Messi anunció que dejaba la selección.

Estaba roto.

Las imágenes dieron la vuelta al mundo.

Muchos pensaron que aquella sería la última vez.

No lo fue.

Diez años después, Messi volvió a llorar.

Pero esta vez era diferente.

No lloraba después de una derrota.

Lloraba después de haberlo ganado todo.

No lloraba por frustración.

Lloraba por gratitud.

No abandonaba Argentina en medio de la decepción.

Se marchaba con la sensación de haber cumplido.

Esa diferencia explica toda su evolución.

La frase que resume la despedida

Después del partido, Messi tomó el micrófono.

Y habló.

La AFA recogió sus primeras palabras: «Es muy difícil decir algo hoy, son muchas emociones. Lo primero que pienso es en mi viejo».

No necesitaba un discurso perfecto.

No necesitaba una frase viral.

No necesitaba una declaración grandilocuente.

La emoción era suficiente.

Habían pasado más de 21 años.

Y de repente todo estaba terminando.

«Jugar en la Selección Argentina fue lo mejor que me pasó en la vida»

El mensaje que dejó Messi después del encuentro fue especialmente significativo.

La AFA resumió su intervención con una frase que explica la relación que finalmente consiguió construir con la camiseta:

«Jugar en la Selección Argentina fue lo mejor que me pasó en la vida».

Es difícil encontrar una frase más poderosa para cerrar una historia que durante años estuvo llena de tensión.

Porque aquel Messi que en determinados momentos parecía sufrir cada convocatoria terminó diciendo que jugar para Argentina fue lo mejor que le ocurrió.

Ahí está el verdadero triunfo.

No solamente en los títulos.

En la reconciliación.

El país que finalmente lo abrazó

Durante mucho tiempo, Argentina comparó a Messi con Maradona.

Era inevitable.

Maradona había conquistado el Mundial de 1986.

Había una relación emocional enorme.

Y Messi llegó después.

El problema fue que muchos intentaron obligarlo a ser alguien que no podía ser.

Messi no era Maradona.

Nunca lo fue.

Y no tenía por qué serlo.

Era Messi.

Su propia historia.

Su propio estilo.

Su propia personalidad.

Su propia forma de liderar.

Y finalmente Argentina aprendió a aceptarlo.

Messi no necesitó imitar a Maradona

Ese fue quizá uno de los mayores aprendizajes.

Messi lideraba de otra manera.

No necesitaba gritar.

No necesitaba protagonizar todas las discusiones.

No necesitaba convertirse en un personaje.

Lideraba con el balón.

Con la regularidad.

Con el ejemplo.

Con la capacidad de aparecer cuando el equipo más lo necesitaba.

Y, finalmente, con títulos.

La Copa América que rompió el maleficio

2021 fue decisivo.

Argentina ganó la Copa América en Brasil.

Messi levantó su primer gran título absoluto con la selección.

La imagen de Messi llorando después de la final se convirtió en uno de los momentos más importantes de su carrera.

Sus compañeros lo abrazaron.

El país celebró.

Y algo cambió.

La presión comenzó a desaparecer.

El debate empezó a cerrarse.

Ya no era el jugador que no ganaba con Argentina.

Era el capitán que había conseguido romper el maleficio.

La Finalissima

Después llegó Wembley.

Argentina venció a Italia.

Otro título.

Otra confirmación.

La selección de Scaloni se había convertido en un equipo.

Messi disfrutaba.

El grupo estaba unido.

Y el Mundial de Catar se acercaba.

Catar 2022: la obra maestra

Lo ocurrido en Catar no necesita demasiada explicación.

Fue una montaña rusa.

La derrota ante Arabia Saudí.

La reacción.

La victoria contra México.

El triunfo ante Polonia.

La eliminación de Australia.

El partido de infarto contra Países Bajos.

La victoria ante Croacia.

La final contra Francia.

Dos goles de Messi.

Una prórroga.

Un empate.

Penaltis.

Y finalmente la Copa.

Messi levantó el trofeo.

El momento que había perseguido durante toda su carrera se hizo realidad.

El título que cerró la discusión

Después de Catar, el debate sobre Messi y Argentina perdió buena parte de su sentido.

Había ganado.

Había liderado.

Había sido decisivo.

Había marcado en todas las fases del torneo.

Había levantado la Copa.

El país que durante años le exigió un Mundial finalmente pudo celebrar junto a él.

Y la relación cambió para siempre.

El legado va mucho más allá de los 126 goles

126 goles son una cifra monstruosa.

Pero el legado de Messi no puede reducirse a ella.

Está en los niños que comenzaron a jugar al fútbol imitándolo.

Está en los estadios que se llenaban simplemente porque él iba a jugar.

Está en los compañeros que aprendieron a competir a su lado.

Está en los rivales que lo respetaron.

Está en los entrenadores que tuvieron que diseñar planes específicos para enfrentarlo.

Está en las generaciones que crecieron viendo sus partidos.

Está en la historia de Argentina.

El récord de partidos

208 apariciones.

Una cifra que refleja longevidad.

No basta con ser extraordinario.

Hay que mantenerse.

Hay que regresar.

Hay que soportar lesiones.

Críticas.

Viajes.

Cambios de entrenador.

Generaciones.

Competiciones.

Derrotas.

Y seguir apareciendo.

Messi lo hizo durante más de dos décadas.

Por eso su récord es tan difícil de imaginar superado.

El récord de goles

El máximo goleador histórico de Argentina.

Una cifra que seguirá creciendo en la memoria colectiva incluso aunque ya no aumente sobre el terreno de juego.

El último llegó desde el punto de penalti.

Y quizá eso sea apropiado.

Porque el gol número 126 no necesitaba ser una obra de arte.

Era un cierre.

Las asistencias cuentan otra historia

FIFA sitúa su registro en 70 asistencias.

Eso demuestra otra característica fundamental.

Messi no solamente marcaba.

Hacía jugar.

Creaba.

Asistía.

Encontraba espacios.

Daba el último pase.

Abría defensas.

Y durante años convirtió cada partido internacional en una oportunidad para producir fútbol.

El jugador que hacía parecer fácil lo imposible

Ese quizá sea su mayor legado técnico.

Messi hizo que acciones extraordinarias parecieran normales.

Un pase entre cuatro defensores.

Un regate imposible.

Un cambio de ritmo.

Un tiro libre.

Una asistencia sin mirar.

Un gol desde fuera del área.

Después de tantos años, el público podía llegar a acostumbrarse.

Y eso es precisamente lo peligroso de la grandeza.

Cuando algo ocurre demasiado tiempo, deja de parecer extraordinario.

Ahora que Messi se ha ido, será más fácil entender lo excepcional que era.

Difícil que vuelva otro como él

El título de esta historia contiene una frase que parece exagerada.

Pero probablemente no lo sea.

«Difícil que vuelva otro como él».

No significa que nunca habrá grandes jugadores argentinos.

Los habrá.

Argentina seguirá produciendo talento.

Seguirán apareciendo estrellas.

Quizá alguno gane un Mundial.

Quizá alguno marque más goles.

Quizá alguno consiga más títulos.

Pero repetir la combinación exacta de Messi será prácticamente imposible.

Porque Messi no fue solamente talento.

Fue talento más longevidad.

Talento más consistencia.

Talento más títulos.

Talento más récords.

Talento más una historia personal extraordinaria.

Y, sobre todo, talento más una relación única con Argentina.

Puede aparecer otro fenómeno, pero no otro Messi

La historia del fútbol demuestra que siempre aparecen nuevos genios.

Pelé.

Maradona.

Cruyff.

Ronaldo.

Zidane.

Ronaldinho.

Messi.

Cada generación produce figuras extraordinarias.

Pero ninguna es una copia de la anterior.

El próximo gran argentino tendrá su propia historia.

Puede que sea espectacular.

Puede que sea campeón.

Puede que incluso llegue a ser uno de los mejores de su época.

Pero no será Messi.

Y no tiene por qué serlo.

La selección ya tiene nuevos nombres

La despedida de Messi no significa el final de Argentina.

Significa el comienzo de otra etapa.

Nicolás Paz.

Franco Mastantuono.

Julián Álvarez.

Lautaro Martínez.

Giuliano Simeone.

Y muchos otros.

El 7-0 contra Burkina Faso había mostrado precisamente esa profundidad ofensiva.

Argentina ganó aquel amistoso con siete goles y varios futbolistas diferentes apareciendo en el marcador.

Eso no reemplaza a Messi.

Pero demuestra que existe talento para construir el futuro.

El gran desafío para Scaloni

Ahora empieza la parte difícil.

Scaloni tendrá que construir una selección sin el jugador que durante años fue el centro de todo.

Eso significa redistribuir responsabilidades.

Encontrar nuevos líderes.

Crear nuevos automatismos.

Decidir quién lleva la cinta.

Definir quién será el principal generador de juego.

Y, sobre todo, evitar que cada partido se convierta en una comparación con Messi.

Argentina necesita avanzar.

No existe un sustituto directo

Nadie puede sustituir a Messi.

Ni tácticamente.

Ni emocionalmente.

Ni estadísticamente.

Por eso Argentina deberá cambiar.

El equipo tendrá que ser más colectivo.

Los jóvenes deberán asumir más responsabilidades.

Los veteranos tendrán que guiar.

Y el cuerpo técnico tendrá que encontrar una nueva fórmula.

La selección no puede intentar jugar eternamente como si Messi siguiera en el campo.

Eso sería vivir en el pasado.

El último partido también fue una lección

Contra Benín, Argentina ganó 3-0.

Pero el resultado no fue lo más importante.

La selección pudo despedir a su capitán ganando.

Messi pudo marcar.

Y el público pudo celebrar.

La AFA definió la noche como una despedida a la altura de una jornada histórica.

No hubo una derrota dolorosa.

No hubo una lesión.

No hubo una eliminación.

No hubo un final amargo.

Hubo victoria.

Una despedida perfecta

Si alguien hubiera escrito el guion de antemano, difícilmente habría podido hacerlo mejor.

Messi sale al campo.

Se emociona con el himno.

Abraza a sus hijos.

Argentina marca.

Messi participa.

Messi marca.

El Monumental explota.

El equipo gana.

Llega el homenaje.

Llegan las luces.

Llegan los drones.

Llega la música.

Y finalmente Messi toma el micrófono.

No hay más partidos.

No hay más convocatorias.

No hay más viajes con la selección.

No hay más concentraciones.

No hay más himnos.

La historia internacional ha terminado.

Pero Messi no se retira del fútbol

Este punto es importante.

Messi se despide de Argentina.

No del fútbol profesional.

Su carrera de clubes continúa.

El jugador seguirá con Inter Miami.

El retiro internacional no significa que deje de competir.

Eso permite que el fútbol todavía pueda disfrutar de sus últimos capítulos a nivel de clubes.

Pero la camiseta argentina ya tiene un punto final.

El último viaje terminó en Buenos Aires

Durante años, Messi viajaba a Argentina.

Ahora la selección era el destino final de su recorrido internacional.

Y tenía que terminar en Buenos Aires.

La AFA había preparado especialmente la despedida en el Monumental después de que Messi anunciara su retiro internacional. FIFA había confirmado que el partido ante Benín sería su última aparición con Argentina.

No fue una sorpresa.

Fue una ceremonia anunciada.

Pero saber que iba a ocurrir no hizo que doliera menos.

La emoción no se puede organizar

Puedes organizar un espectáculo.

Puedes preparar luces.

Puedes contratar músicos.

Puedes llenar un estadio.

Puedes diseñar una camiseta gigante.

Pero no puedes fabricar las lágrimas de un jugador.

No puedes fabricar la emoción de un hijo abrazando a su padre.

No puedes fabricar el silencio de un estadio durante el himno.

Y eso fue lo que ocurrió.

La AFA preparó una noche enorme.

Pero la emoción fue auténtica.

Los hijos de Messi también fueron protagonistas

Thiago, Mateo y Ciro estuvieron junto a su padre durante la ceremonia.

FIFA destacó especialmente ese momento, cuando Messi apareció abrazado a sus tres hijos durante el himno y las lágrimas comenzaron a aparecer.

Es una imagen poderosa.

Porque el fútbol que ellos conocieron desde pequeños fue el mundo de su padre.

Estadios.

Viajes.

Trofeos.

Entrenamientos.

Cámaras.

Y ahora podían verlo cerrar una etapa.

El padre detrás del futbolista

Cuando Messi habló después del partido, mencionó a su padre.

Fue una de las primeras personas que apareció en su pensamiento.

Eso también dice mucho.

Porque detrás del mejor futbolista hay una historia familiar.

Hay sacrificios.

Hay viajes.

Hay decisiones.

Hay momentos difíciles.

Hay personas que estuvieron antes de los títulos.

Y Messi quiso recordar a su padre en una noche donde todo el país lo estaba homenajeando.

Una carrera construida contra la dificultad

La historia de Messi no fue sencilla.

No fue una línea recta desde el talento infantil hasta la gloria.

Hubo obstáculos.

Hubo dudas.

Hubo lesiones.

Hubo derrotas.

Hubo críticas.

Hubo finales perdidas.

Hubo decisiones complicadas.

Y hubo momentos en los que parecía que Argentina nunca iba a celebrar un gran título con él.

Precisamente por eso la despedida tiene tanta fuerza.

Porque no fue fácil.

El futbolista que nunca dejó de intentarlo

Ese es quizá el elemento que más define a Messi.

Persistencia.

Podía haber renunciado.

Podía haber aceptado las críticas.

Podía haber dejado la selección después de 2016.

Pero regresó.

Y ganó.

La historia terminó premiando su insistencia.

Una generación que tuvo el privilegio de verlo

Los futbolistas argentinos que jugaron junto a Messi podrán decir algo que muy pocos podrán repetir.

«Jugué con Messi en la selección».

No es una frase pequeña.

Es un privilegio histórico.

Algunos fueron sus compañeros durante una década.

Otros apenas coincidieron con él.

Pero todos forman parte de la última generación que compartió camiseta con el número 10.

De Paul y la amistad

Rodrigo De Paul ha hablado muchas veces del impacto que tuvo Messi en su vida.

Reuters recogió antes de la despedida los mensajes de antiguos compañeros y figuras cercanas, incluyendo a De Paul, quien atribuyó a Messi una influencia importante tanto futbolística como personal.

Eso refleja algo que las estadísticas no pueden medir.

Messi también dejó huella en sus compañeros.

No solamente en los aficionados.

Di María y el final de una generación

Ángel Di María también formó parte de esa generación histórica.

Con Messi compartió momentos extraordinarios.

Goles.

Títulos.

Finales.

Derrotas.

Y finalmente una era que se fue cerrando poco a poco.

El fútbol argentino pierde a una generación de referentes.

Pero deja un legado.

El abrazo final

En una despedida así, los abrazos tienen más significado que las palabras.

Los compañeros abrazaron a Messi.

Los familiares lo acompañaron.

El público lo despidió.

Y el jugador aceptó cada gesto.

Durante años fue él quien marcaba la diferencia.

Ahora era el momento de recibir.

El Monumental como testigo

Hay estadios que forman parte de la historia de un jugador.

El Monumental será uno de los escenarios más importantes de la historia internacional de Messi.

Allí jugó grandes partidos.

Allí recibió críticas.

Allí celebró.

Allí sufrió.

Y allí terminó.

El mismo estadio que durante años fue testigo de su carrera se convirtió en el escenario de su último capítulo.

La noche de los drones

Después del partido, el homenaje continuó.

La AFA preparó un espectáculo con drones, luces, lonas y pirotecnia.

La celebración terminó con actuaciones musicales, incluyendo a Soledad Pastorutti y Ulises Bueno.

Pero incluso en medio de todo ese espectáculo, el protagonista seguía siendo el mismo.

El número 10.

Cuando el fútbol se convierte en memoria

A partir de ahora, cada partido de Argentina será diferente.

Habrá un número 10.

Habrá un nuevo capitán.

Habrá nuevos goles.

Habrá nuevas generaciones.

Pero habrá una comparación inevitable.

«Antes estaba Messi».

Eso ocurrirá durante años.

No porque Argentina deba vivir obsesionada con él.

Sino porque su etapa fue demasiado larga.

El desafío de no vivir del recuerdo

El mejor homenaje que Argentina puede hacerle a Messi es continuar.

No intentar repetirlo.

No jugar para demostrar que puede vivir sin él.

Simplemente competir.

Construir.

Ganar.

Perder.

Aprender.

Y permitir que los nuevos jugadores construyan su propia historia.

Messi tampoco necesita que lo sustituyan

Él ya tiene su lugar.

No necesita un sucesor.

No necesita que otro jugador iguale sus cifras.

No necesita que alguien levante el mismo trofeo de la misma manera.

La historia no funciona así.

Los grandes futbolistas no se reemplazan.

Se suceden.

Maradona no fue reemplazado

Cuando Maradona se retiró, apareció otra generación.

Argentina siguió.

Cuando Messi se retira, ocurrirá lo mismo.

El fútbol continúa.

Y quizá dentro de veinte años alguien esté escribiendo sobre el nuevo gran jugador argentino.

Pero ese jugador tendrá su propia historia.

Messi ya tiene la suya.

El número 10 como legado

El 10 argentino ha sido una camiseta especial.

Maradona la convirtió en símbolo.

Messi la llevó a otra dimensión.

Ahora alguien más deberá vestirla.

La presión será enorme.

Pero también será un honor.

El nuevo 10 no debe intentar ser Messi.

Debe ser él mismo.

El mundo también pierde una referencia

La despedida no fue solamente argentina.

Fue internacional.

Messi fue una figura global.

Jugó durante más de dos décadas en la máxima competición.

Millones de personas crecieron viéndolo.

Su rivalidad con Cristiano Ronaldo marcó una época.

Sus duelos contra las mejores selecciones del mundo generaron partidos históricos.

Ahora esa etapa internacional termina.

Y el fútbol pierde una de sus grandes constantes.

Una era irrepetible

Quizá la palabra correcta sea esa.

Irrepetible.

No porque no vaya a haber otros grandes.

Sino porque nunca volverá a existir exactamente esta combinación.

Un argentino.

Un talento extraordinario.

Una carrera de 21 años con la selección.

208 partidos.

126 goles.

Una Copa del Mundo.

Dos Copas América.

Récords.

Derrotas.

Redención.

Y una despedida en Buenos Aires.

Eso no se puede copiar.

Messi se va en paz

Uno de los aspectos más importantes de esta despedida es precisamente la sensación de paz.

El Messi de 2016 se marchó frustrado.

El Messi de 2026 se marcha satisfecho.

Ganó.

Perdió.

Aprendió.

Luchó.

Y terminó consiguiendo aquello que parecía imposible.

El Mundial.

Por eso su despedida no fue un drama.

Fue una celebración.

Dolorosa, sí.

Pero también hermosa.

El último gol como metáfora

El penalti del minuto 70 puede parecer una simple estadística.

Pero representa mucho más.

Messi tomó la pelota.

La colocó.

Esperó.

Disparó.

Gol.

Después celebró.

Como había hecho cientos de veces.

La diferencia era que esta vez no habría otra oportunidad.

No habría siguiente partido.

No habría otra noche.

Ese era el último.

El último aplauso

Cuando el partido terminó, el público no quería marcharse.

La noche había terminado futbolísticamente.

Pero emocionalmente no.

El Monumental seguía cantando.

Messi seguía saludando.

La camiseta seguía en su cuerpo.

Y todos sabían que estaban presenciando algo que nunca volvería a repetirse.

El final que merecía

Después de tantos años, Messi merecía una despedida así.

No una lesión.

No una derrota.

No una eliminación.

No una polémica.

Una victoria.

Un gol.

Dos asistencias.

Un estadio lleno.

Su familia.

Sus compañeros.

Scaloni.

Y un país agradecido.

La AFA resumió la noche con una frase sencilla: Argentina despidió a Lionel Messi con una goleada ante Benín.

Pero detrás de esa frase hay 21 años de historia.

El niño y el campeón

En Budapest, en 2005, un niño argentino entró al campo.

En Buenos Aires, en 2026, un campeón del mundo salió de él por última vez.

Entre ambos momentos hay una vida deportiva completa.

Más de dos décadas.

Una transformación personal.

Una transformación futbolística.

Y una transformación en la relación con su país.

El récord que probablemente tardará décadas

208 partidos internacionales.

126 goles.

Es difícil imaginar que alguien pueda acercarse rápidamente.

Para alcanzar 208 partidos hay que mantener un nivel extraordinario durante muchos años.

Para alcanzar 126 goles hay que ser una superestrella durante una generación.

Y para combinar ambas cosas hay que tener una carrera excepcional.

Por eso la frase «difícil que vuelva otro como él» no es solamente emocional.

También tiene una dimensión estadística.

Pero los números no son lo más importante

El fútbol no se reduce a récords.

Porque si así fuera, bastaría con consultar una tabla.

Messi dejó algo más.

Dejó recuerdos.

El gol contra México.

El penalti contra Países Bajos.

La asistencia contra Croacia.

La final contra Francia.

La Copa América.

El abrazo con sus compañeros.

La celebración en Buenos Aires.

El Mundial.

Y ahora el último gol contra Benín.

La memoria elegirá sus imágenes

Cada aficionado tendrá una favorita.

Algunos recordarán el gol contra México.

Otros el Mundial.

Otros la Copa América.

Otros sus tiros libres.

Otros sus asistencias.

Otros la final contra Francia.

Y para los argentinos presentes en el Monumental, quizá la imagen definitiva sea la de Messi llorando durante el himno.

Porque allí no había estadísticas.

No había títulos.

No había rival.

Solo había un hombre despidiéndose de la camiseta que llevó durante 21 años.

El adiós no borra nada

Que Messi se retire de Argentina no significa que su historia termine.

Significa que se convierte en legado.

Los nuevos jugadores podrán estudiarlo.

Los niños podrán verlo en vídeos.

Los entrenadores podrán analizarlo.

Los aficionados podrán contar historias.

Y el nombre Messi permanecerá asociado para siempre a la camiseta albiceleste.

Argentina tendrá que aprender a jugar sin él

Ese será el desafío inmediato.

Pero no debe convertirse en una obsesión.

La selección tiene talento.

Tiene entrenador.

Tiene estructura.

Tiene jugadores.

Tiene experiencia.

Y tiene una generación joven que ya está reclamando protagonismo.

El futuro será diferente.

No necesariamente peor.

Simplemente diferente.

La responsabilidad de los jóvenes

Mastantuono, Nico Paz, Prestianni y compañía tendrán ahora una responsabilidad enorme.

No reemplazar a Messi.

Representar a Argentina.

Eso es todo.

La camiseta es más grande que cualquier jugador.

Messi lo entendió.

Ahora ellos deberán aprenderlo.

La última enseñanza de Messi

Quizá la mayor lección de Messi no sea técnica.

Sea perseverar.

Continuar.

Regresar.

Seguir trabajando cuando te critican.

Seguir creyendo después de perder.

Aceptar que las cosas pueden tardar.

Y nunca abandonar aquello que realmente quieres.

Messi tardó años en conseguir el gran título con Argentina.

Pero finalmente lo consiguió.

La historia terminó donde debía

Budapest fue el comienzo.

Buenos Aires fue el final.

Entre ambos lugares quedaron 21 años de fútbol.

Más de 200 partidos.

126 goles.

Títulos.

Derrotas.

Lágrimas.

Sonrisas.

Y una relación entre un futbolista y un país que atravesó todas las etapas posibles.

Desde la duda hasta la adoración.

Desde la crítica hasta la gratitud.

Desde las finales perdidas hasta la Copa del Mundo.

Gracias, Leo

El último mensaje de Messi antes de su despedida fue sencillo: «Gracias Argentina». EFE informó que publicó ese mensaje acompañado por una fotografía en la que aparecía besando la camiseta especial que usaría en su último partido.

Esas dos palabras resumen perfectamente el final.

Gracias.

No pidió nada.

No reclamó nada.

No exigió reconocimiento.

Simplemente agradeció.

Y Argentina respondió.

El país también dijo gracias

Más de 85.000 personas.

Un estadio completo.

Una noche entera.

Miles de banderas.

Canciones.

Lágrimas.

Aplausos.

Y un mismo mensaje.

Gracias, Leo.

Porque aunque durante años hubo críticas, dudas y discusiones, el final fue de gratitud.

Y eso probablemente sea lo que más importa.

No habrá otro como él

Puede haber otro gran delantero.

Otro gran mediapunta.

Otro gran capitán.

Otro campeón del mundo.

Otro máximo goleador.

Pero será extremadamente difícil encontrar a alguien que reúna todas las piezas de Messi.

El talento.

La longevidad.

Los récords.

Los títulos.

La personalidad.

La capacidad de decidir partidos.

La continuidad.

La relación con Argentina.

Y una carrera internacional que abarca más de dos décadas.

Por eso no habrá otro Messi.

Y está bien.

No necesitamos otro Messi.

Necesitamos disfrutar de que existió uno.

La última imagen

Messi abandona el campo.

El estadio continúa cantando.

Las luces iluminan el Monumental.

Los drones dibujan figuras en el cielo.

Los compañeros se acercan.

La familia está allí.

Scaloni también.

El número 10 sigue en su espalda.

Pero sabemos que esa camiseta ya no volverá a llevarla en un partido oficial o amistoso de la selección.

El ciclo terminó.

El fútbol argentino queda en buenas manos

La selección tiene una generación capaz de continuar.

Pero tendrá que hacerlo sin comparaciones permanentes.

Messi ya hizo su parte.

Ahora corresponde a los demás.

El fútbol argentino tiene una historia demasiado grande para detenerse.

Después de Maradona vino otra generación.

Después de Messi vendrá otra.

Así funciona el deporte.

Pero hay historias que no vuelven

Puedes ganar otra Copa del Mundo.

Puedes encontrar otro jugador extraordinario.

Puedes tener otro capitán.

Pero no puedes repetir una historia.

La historia de Messi con Argentina solo ocurrió una vez.

Un niño de Rosario.

Un adolescente que viajó a Barcelona.

Un joven que eligió Argentina.

Un jugador cuestionado.

Un capitán derrotado.

Un campeón de América.

Un campeón del mundo.

Un veterano que volvió a intentarlo.

Y finalmente un hombre de 39 años que salió al Monumental para decir adiós.

Eso es irrepetible.

El último gol fue el comienzo del recuerdo

El penalti contra Benín será recordado como el gol 126.

Pero para quienes estaban en el estadio será mucho más.

Será el último.

El último gol de Messi con Argentina.

El último grito.

La última celebración.

La última vez que el público argentino pudo ver al número 10 marcar con la camiseta celeste y blanca.

Y quizá por eso un penalti sencillo terminó convirtiéndose en una imagen histórica.

No hacía falta nada más

Messi ya lo había ganado todo.

No necesitaba una actuación perfecta.

No necesitaba marcar tres goles.

No necesitaba levantar otro trofeo.

Solo necesitaba despedirse.

Y se despidió ganando.

Se despidió marcando.

Se despidió asistiendo.

Se despidió llorando.

Se despidió abrazado a sus hijos.

Se despidió frente a su gente.

Se despidió como quería.

El final de una era

Cuando dentro de muchos años se hable del fútbol de comienzos del siglo XXI, el nombre de Messi aparecerá inevitablemente.

Y cuando se hable de la historia de Argentina, también.

Porque su carrera internacional no fue una nota al pie.

Fue una era.

Una era completa.

Una era que comenzó con dudas y terminó con agradecimiento.

El legado más grande

Quizá el mayor legado de Messi no sea un récord.

Sea haber demostrado que un jugador puede sobrevivir a las críticas y transformar una historia.

Puede caer.

Puede perder.

Puede equivocarse.

Puede llorar.

Pero también puede regresar.

Y ganar.

Messi lo hizo.

Argentina tendrá que acostumbrarse

Habrá un día en que la selección vuelva a jugar y Messi no esté.

El himno sonará.

Los jugadores se alinearán.

La camiseta número 10 estará en otra espalda.

Y por un instante muchos aficionados buscarán automáticamente a Messi.

No estará.

Ese será el momento más extraño.

Pero también el momento en que empezará realmente la nueva etapa.

Y cuando aparezca el próximo gran argentino…

La comparación será inevitable.

«¿Es como Messi?»

La respuesta debería ser siempre la misma.

No.

Porque nadie tiene que ser como Messi.

El próximo gran jugador argentino debe ser él mismo.

Y si algún día consigue construir una historia extraordinaria, será porque escribió su propia historia.

No porque intentó copiar la de otro.

La selección seguirá

Argentina seguirá jugando.

Seguirá compitiendo.

Seguirá buscando títulos.

Seguirá produciendo futbolistas.

Seguirá llenando estadios.

Seguirá cantando su himno.

Y seguirá recordando al número 10.

Porque los grandes jugadores no desaparecen cuando dejan de jugar.

Se convierten en memoria.

El adiós perfecto

Messi se despidió a lo grande.

No hay duda.

Argentina ganó 3-0.

Messi marcó.

Messi asistió.

El Monumental estuvo lleno.

Más de 85.000 personas fueron testigos.

Lloró durante el himno.

Sus hijos estuvieron a su lado.

Scaloni compartió la emoción.

El público lo abrazó con sus canciones.

Y después llegó el discurso.

La noche terminó con música, luces, drones y un homenaje diseñado para cerrar una historia extraordinaria.

No fue simplemente un partido.

Fue el cierre de una época.

El número 10 se va, la historia queda

La camiseta seguirá.

La selección seguirá.

Argentina seguirá.

Pero una parte de su identidad futbolística acaba de entrar definitivamente en la historia.

Messi ya no volverá a jugar para la selección.

Y aunque eso pueda resultar doloroso, también es una oportunidad para agradecer.

Agradecer los 21 años.

Los 208 partidos.

Los 126 goles.

Las asistencias.

Los títulos.

Las derrotas.

Las lágrimas.

Las sonrisas.

La Copa América.

La Copa del Mundo.

Y aquella última noche en el Monumental.

Difícil que vuelva otro como él

Quizá esa sea la frase que mejor resume todo.

No porque el fútbol se haya quedado sin futuro.

No porque Argentina haya perdido su capacidad para producir estrellas.

Sino porque algunas carreras son únicas.

Messi tuvo una.

Y esa carrera ya terminó con la selección.

Lo que queda es la memoria.

El vídeo.

Las fotografías.

Los goles.

Los títulos.

Las historias de sus compañeros.

Los recuerdos de los aficionados.

Y una camiseta con el número 10 que, durante más de dos décadas, perteneció a uno de los futbolistas más extraordinarios que haya conocido este deporte.

La última palabra pertenece a Messi

Después del partido, Messi habló desde el corazón.

Agradeció.

Recordó.

Miró hacia atrás.

Y dejó un mensaje para quienes continuarán defendiendo la camiseta argentina.

La AFA explicó que pidió que la selección fuera acompañada y defendida por las futuras generaciones.

Es un detalle importante.

Porque incluso en su despedida, Messi no habló únicamente de sí mismo.

Habló de Argentina.

De la selección.

Del futuro.

De los que vienen.

Eso es liderazgo.

El niño que soñaba con jugar para Argentina terminó siendo eterno

Quizá todo pueda resumirse en una sola imagen.

Un niño que quería jugar al fútbol.

Un niño que quería vestir la camiseta argentina.

Un niño que terminó convirtiéndose en el capitán.

El máximo goleador.

El jugador con más partidos.

El campeón del mundo.

Y finalmente, el hombre que se despidió entre lágrimas ante más de 85.000 personas.

El círculo se cerró.

Y lo hizo en casa.

Gracias, Lionel Andrés Messi

Gracias por los goles.

Gracias por las asistencias.

Gracias por las noches imposibles.

Gracias por los títulos.

Gracias por volver después de perder.

Gracias por no abandonar.

Gracias por la Copa América.

Gracias por el Mundial.

Gracias por elegir Argentina.

Gracias por llevar durante 21 años una camiseta que, en muchos momentos, pareció pesar toneladas.

Y gracias por dejarla después de haberla convertido en parte inseparable de tu historia.

La pelota seguirá rodando

El fútbol nunca se detiene.

Mañana habrá otro partido.

Otra selección.

Otro delantero.

Otro joven.

Otro sueño.

Pero durante un tiempo, cada vez que Argentina juegue, habrá un pequeño vacío.

El espacio que deja el número 10.

Ese espacio no debe llenarse inmediatamente.

Debe recordarse.

Porque algunas ausencias necesitan tiempo.

El último aplauso

Y cuando el último aficionado abandonó el Monumental, quedó la sensación de haber presenciado algo único.

Messi había jugado por última vez con Argentina.

Había ganado.

Había marcado.

Había asistido.

Había llorado.

Había sonreído.

Había hablado.

Y había dicho adiós.

No podía pedir más.

El fútbol tampoco.

Porque el final fue digno de la historia.

Y ahora comienza el silencio después del último partido.

El silencio de una selección que tendrá que aprender a caminar sin su capitán.

El silencio de un estadio que durante años escuchó su nombre.

El silencio de millones de aficionados que todavía tardarán en acostumbrarse.

Pero también queda la alegría.

La certeza de haberlo visto.

De haber vivido su época.

De haber celebrado sus goles.

De haber sufrido sus derrotas.

De haber visto levantar la Copa.

De haber estado allí cuando el sueño finalmente se hizo realidad.

Y eso nadie podrá quitarlo.

Lionel Messi ya no jugará para la selección argentina.

Pero su historia con Argentina no terminó.

Se convirtió en leyenda.

Y quizá esa sea la única manera verdaderamente adecuada de despedir a un jugador como él:

no diciendo adiós,

sino diciendo gracias.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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