¡EXPLOTÓ TODO! LA ESPAÑA DE LAMINE APAGA WEMBLEY, YA HAY GANADOR DEL BALÓN DE ORO Y MÁS…

¡EXPLOTÓ TODO! LA ESPAÑA DE LAMINE APAGA WEMBLEY, YA HAY GANADOR DEL BALÓN DE ORO Y MÁS…

Wembley volvió a ser escenario de una noche que parecía escrita para alimentar durante días las conversaciones del fútbol europeo.

España llegó a Londres como campeona del mundo.

Inglaterra esperaba delante de su público.

Harry Kane estaba allí.

Lamine Yamal también.

Y alrededor de ellos flotaba una pregunta que había convertido el partido en mucho más que un simple estreno de la UEFA Nations League: ¿podría la gran noche de Wembley modificar definitivamente la conversación alrededor del Balón de Oro?

La respuesta futbolística llegó en forma de remontada.

España ganó 2-3.

Lamine Yamal abrió el marcador.

Inglaterra reaccionó.

Anthony Gordon y Harry Kane dieron la vuelta al encuentro antes del descanso.

Kane tuvo incluso la posibilidad de aumentar la ventaja desde el punto de penalti, pero estrelló su lanzamiento en el larguero.

Y entonces apareció la reacción de la campeona del mundo.

Álex Baena empató.

Mikel Oyarzabal completó la remontada.

España se llevó los tres puntos y extendió su impresionante racha invicta a 39 partidos.

Pero hubo algo más.

Mucho más.

Porque mientras Wembley intentaba entender cómo se le había escapado un partido que parecía tener controlado, Lamine Yamal abandonaba el estadio sabiendo que acababa de protagonizar otra actuación que alimentaría la discusión por el mayor premio individual del fútbol mundial.

Y ahí comenzó la segunda historia de la noche.

La del Balón de Oro.

WEMBLEY, DOS ESTRELLAS Y UNA NOCHE PARA LA HISTORIA

España apareció en Wembley con una imagen simbólica que resumía perfectamente el momento que atraviesa su fútbol.

Dos estrellas sobre el escudo.

Dos Mundiales.

Una selección que llegaba después de conquistar el campeonato del mundo durante el verano.

La RFEF presentó el encuentro como el estreno de esa nueva condición de campeona mundial en territorio inglés. Y el escenario elegido difícilmente podía ser más simbólico.

Wembley.

La catedral del fútbol inglés.

Un estadio acostumbrado a grandes noches.

Un estadio que conoce perfectamente la presión.

Y precisamente allí España volvió a demostrar que su identidad competitiva no depende de la camiseta que tenga delante.

Ni siquiera cuando el rival es Inglaterra.

Ni siquiera cuando juega como local.

Ni siquiera cuando el marcador se pone cuesta arriba.

La selección de Luis de la Fuente volvió a competir.

Y volvió a remontar.

LAMINE YAMAL TARDÓ DOS MINUTOS

Dos minutos.

Eso fue todo lo que necesitó Lamine Yamal para dejar su firma.

El gol nació de una acción de presión que terminó castigando un error inglés.

Marc Guéhi intentó jugar hacia atrás sin detectar la presencia del delantero español.

Lamine apareció.

Robó.

Condujo.

Entró en el área.

Y definió con precisión.

El balón terminó dentro de la portería después de tocar el poste.

1-0.

Wembley quedó en silencio.

La RFEF destacó precisamente esa acción como una nueva demostración de por qué Lamine es considerado candidato al Balón de Oro.

Y no era una noche cualquiera.

El contexto hacía que cada movimiento del delantero del Barcelona fuese observado con una lupa especial.

EL DUELO CON KANE

Porque al otro lado estaba Harry Kane.

El capitán inglés.

El goleador.

El delantero que también había aparecido en las conversaciones previas sobre el Balón de Oro.

El partido había sido presentado en diferentes medios como una especie de enfrentamiento individual dentro de una batalla mucho más amplia.

Kane contra Lamine.

Experiencia contra juventud.

Gol contra desequilibrio.

Capitanía contra irreverencia.

Y, sobre todo, dos formas completamente diferentes de interpretar el liderazgo ofensivo.

Pero el fútbol no se juega en los titulares.

Se juega en el césped.

Y durante los primeros minutos Lamine dejó claro que no había viajado a Londres para esconderse.

INGLATERRA REACCIONA

Lo más impresionante del partido fue que Inglaterra no se derrumbó después del golpe inicial.

Al contrario.

El equipo local reaccionó.

Anthony Gordon apareció para marcar el empate en el minuto 36.

El encuentro cambió.

La presión inglesa comenzó a generar problemas.

España ya no encontraba con la misma facilidad los espacios que había encontrado durante los primeros compases.

Y cuatro minutos después llegó el segundo golpe.

Harry Kane puso el 2-1.

Wembley explotó.

La remontada inglesa parecía completa.

España había empezado dominando el relato.

Inglaterra estaba a punto de quedarse con la historia.

Pero todavía faltaba el segundo tiempo.

KANE TUVO EL 3-1

La acción que probablemente más cambió el partido llegó después del descanso.

Inglaterra recibió un penalti por una acción relacionada con Jude Bellingham.

Harry Kane tomó la responsabilidad.

Era el momento perfecto.

El capitán.

Wembley.

2-1.

La posibilidad de poner a Inglaterra dos goles por delante ante la campeona del mundo.

Pero el lanzamiento terminó en el larguero.

La propia federación inglesa identificó ese penalti fallado como uno de los momentos decisivos del encuentro.

Y el fútbol tiene esas cosas.

Un centímetro puede separar una noche histórica de una derrota.

Un poste puede cambiar una narrativa.

Una decisión puede convertir un partido controlado en una batalla completamente diferente.

ESPAÑA NO SE RINDIÓ

Luis de la Fuente movió piezas.

España recuperó control.

El equipo volvió a encontrar espacios.

Y entonces llegó Álex Baena.

Minuto 60.

2-2.

El empate volvió a colocar a España dentro del partido.

Pero no parecía suficiente.

Porque la campeona del mundo quería más.

OYARZABAL COMPLETA LA REMONTADA

Minuto 74.

Mikel Oyarzabal.

3-2.

España había vuelto a remontar.

Inglaterra había pasado de ganar 2-1 y tener un penalti para el 3-1 a terminar perdiendo 2-3.

Wembley quedó golpeado.

La selección española celebró.

Y el encuentro pasó inmediatamente a convertirse en uno de esos partidos que generan conversación durante días.

La RFEF calificó la victoria como una remontada para recordar.

NO FUE SOLO LAMINE

Aquí está uno de los aspectos más importantes.

El titular puede hablar de Lamine.

Pero la victoria fue de España.

Baena marcó.

Oyarzabal marcó.

El equipo reaccionó.

La defensa resistió.

El centro del campo recuperó equilibrio.

Y la selección volvió a demostrar una capacidad competitiva que ya se ha convertido en uno de sus principales rasgos.

Lamine fue protagonista.

Pero no estuvo solo.

LA EXHIBICIÓN INDIVIDUAL DENTRO DE UNA VICTORIA COLECTIVA

Esta diferencia resulta fundamental cuando se habla del Balón de Oro.

Un premio individual depende del rendimiento del jugador.

Pero el fútbol de máximo nivel también depende del contexto colectivo.

Lamine puede desequilibrar.

Puede marcar.

Puede crear.

Puede generar ocasiones.

Pero necesita compañeros.

Y España demostró precisamente eso en Wembley.

Cuando Inglaterra consiguió darle la vuelta al marcador, la respuesta no llegó de un único futbolista.

Llegó de todo el equipo.

EL MENSAJE DE WEMBLEY

El mensaje fue claro.

España sigue siendo una selección extremadamente competitiva.

La campeona del mundo no necesitó refugiarse en el resultado.

Perdió momentáneamente el control.

Encajó dos goles.

Falló algunas situaciones.

Pero reaccionó.

Y eso, en una noche internacional de máxima exigencia, tiene un enorme valor.

LAMINE Y EL BALÓN DE ORO

Ahora aparece la gran pregunta.

¿Puede una noche como esta cambiar el Balón de Oro?

La respuesta necesita matices.

En primer lugar, el partido contra Inglaterra se disputó después de la temporada que se utiliza para valorar la edición correspondiente del premio. Un análisis publicado tras el encuentro recordó precisamente que el partido de Wembley no cuenta para la votación del Balón de Oro 2025-26, aunque sí sirve para reforzar la percepción actual sobre el nivel de Lamine.

Por tanto, decir que Wembley “decidió” oficialmente el premio sería incorrecto.

Pero decir que Wembley influyó en la conversación pública es otra cosa.

Y ahí sí existe una historia.

EL MOMENTO DE LAMINE

Lamine llega a este tramo del año con una posición extraordinariamente fuerte en la conversación futbolística.

Ya había hablado públicamente del Balón de Oro antes del encuentro.

En una entrevista con TVE afirmó que considera que hay pocos futbolistas en Europa capaces de hacer disfrutar al público de la manera en que él lo hace.

Y en declaraciones recogidas por L’Équipe defendió que el premio debería valorar también la capacidad de un futbolista para generar emoción y deseo de ver partidos.

No escondió su ambición.

Todo lo contrario.

La expresó.

“QUIERO ESTE BALÓN DE ORO”

Medios españoles recogieron también su deseo de conquistar el premio y su ambición de conseguir más de uno a lo largo de su carrera.

Eso añade una dimensión interesante.

Lamine no parece estar huyendo de la presión.

Está aceptándola.

Dice que quiere ganar.

Dice que quiere hacer historia.

Y después sale a Wembley y marca en los primeros minutos.

El simbolismo es enorme.

PERO NO HAY GANADOR OFICIAL TODAVÍA

Aquí hay que detener el entusiasmo.

El título de este artículo habla de que “ya hay ganador”.

Pero eso no significa que exista una confirmación oficial.

La información disponible actualmente no permite afirmar que el ganador del Balón de Oro masculino 2026 haya sido anunciado.

La página oficial de UEFA sobre el Balón de Oro muestra la edición 2026 y sus nominados, mientras que el ganador confirmado que aparece en el historial es Ousmane Dembélé para 2025.

Por tanto, cualquier publicación que presente como hecho consumado que Lamine, Kane, Messi, Mbappé u otro candidato ya ha ganado la edición 2026 debe distinguir entre rumor, expectativa, filtración no verificada y anuncio oficial.

Y esa diferencia es fundamental.

EL PROBLEMA DE LAS “FILTRACIONES”

En las horas posteriores a grandes partidos suelen aparecer titulares sobre supuestas filtraciones de votaciones.

“Ya se sabe el ganador”.

“Los votos están decididos”.

“Europa lo anuncia”.

“Fuentes cercanas confirman”.

Pero hasta que el organismo correspondiente no haga público el resultado, una filtración no equivale a una proclamación oficial.

La prudencia periodística obliga a separar ambos conceptos.

¿QUÉ HA HECHO LAMINE PARA ESTAR EN LA CONVERSACIÓN?

Mucho.

Su rendimiento con España.

Su importancia con el Barcelona.

Su capacidad para generar desequilibrio.

Su presencia en partidos grandes.

Y ahora también un Mundial conquistado con España.

La RFEF registra además un amplio recorrido internacional de Lamine y sus actuaciones con la selección.

Todo eso forma parte de la conversación.

LA NOCHE DEL MUNDIAL TAMBIÉN PESA

España llegó a Wembley después de conquistar el Mundial.

Ese contexto cambia completamente la valoración.

Lamine no es simplemente un joven talento que juega bien.

Es uno de los rostros de una selección campeona del mundo.

Y ahora, en el primer gran partido posterior al título, volvió a marcar.

EL EFECTO WEMBLEY

Los grandes escenarios tienen una capacidad especial para crear imágenes.

Y Lamine acaba de añadir una a su colección.

El gol temprano.

El silencio de Wembley.

La celebración española.

El joven delantero enfrentándose a uno de los estadios más emblemáticos del planeta.

Ese tipo de imagen no decide por sí sola un premio.

Pero sí construye narrativa.

Y el Balón de Oro también está rodeado de narrativa.

KANE, EL OTRO PROTAGONISTA

Harry Kane tuvo una noche completamente diferente.

Marcó.

Capitaneó.

Tuvo la posibilidad de marcar otro.

Pero falló el penalti.

Y terminó viendo cómo España remontaba.

El partido demuestra por qué comparar delanteros únicamente por una acción puede resultar injusto.

Kane hizo cosas importantes.

Pero su penalti fallado terminó siendo uno de los momentos más recordados.

BELLINGHAM TAMBIÉN ESTUVO EN EL CENTRO

Jude Bellingham apareció indirectamente en el penalti.

Su presencia también demuestra la enorme cantidad de talento que tenía el partido.

Inglaterra no era un equipo cualquiera.

España no estaba enfrentándose a una selección sin recursos.

Por eso la remontada adquiere todavía más relevancia deportiva.

EL PARTIDO QUE CAMBIÓ EN 90 MINUTOS

Primero España dominaba.

Después Inglaterra.

Luego España otra vez.

Ese movimiento explica perfectamente el espectáculo.

No fue una victoria cómoda.

No fue una exhibición de principio a fin.

Fue una batalla.

Y las batallas de este nivel son precisamente las que más información proporcionan sobre los equipos.

LA CAPACIDAD DE REACCIÓN

Quizá uno de los aspectos más destacados de España fue la capacidad para reaccionar cuando el partido parecía escaparse.

Después del 2-1, Inglaterra tenía el ambiente de su lado.

Después del penalti, podía haber llegado el 3-1.

Pero el larguero mantuvo viva a España.

A partir de ahí, el equipo encontró otra energía.

EL LARGUERO QUE CAMBIÓ LA NOCHE

El penalti de Kane no fue simplemente una ocasión fallada.

Fue un punto de inflexión.

Inglaterra tenía la posibilidad de ampliar la diferencia.

No lo hizo.

España sobrevivió.

Y después empató.

En el fútbol de élite, esas secuencias pueden cambiar completamente el desarrollo de un encuentro.

ESPAÑA Y SU RACHA

La victoria elevó la racha invicta de España a 39 partidos, según England Football.

Ese dato explica mejor que cualquier adjetivo el momento competitivo de la selección.

No se trata únicamente de un buen partido.

Existe una continuidad.

España ha construido una estructura capaz de mantenerse competitiva durante un periodo extraordinariamente largo.

EL ESTILO SIGUE VIVO

La España de Luis de la Fuente ha demostrado que puede ganar de diferentes maneras.

Puede dominar.

Puede sufrir.

Puede jugar con espacios.

Puede reaccionar.

Puede remontar.

Y tiene futbolistas capaces de resolver situaciones individuales.

Lamine es uno de ellos.

LAMINE NO NECESITA PERMISO PARA INTENTARLO

Una de las características más visibles de su fútbol es la personalidad.

No parece intimidarse fácilmente.

Recibe.

Encara.

Acelera.

Busca el uno contra uno.

Y, cuando encuentra una oportunidad, dispara.

En Wembley lo hizo prácticamente desde el comienzo.

EL CAMBIO GENERACIONAL

La escena tiene también una dimensión generacional.

Harry Kane representa una generación de futbolistas que ha vivido años de grandes competiciones.

Lamine pertenece a otra.

Cuando ambos aparecen en el mismo terreno de juego, el contraste resulta inevitable.

Uno lleva años siendo referencia.

El otro todavía está construyendo su historia.

Pero ya está compitiendo en escenarios gigantescos.

LA NUEVA ESPAÑA

España también está cambiando.

El equipo que ganó el Mundial tiene una mezcla de futbolistas experimentados y jóvenes.

Lamine es uno de los símbolos de esa nueva etapa.

No es el único.

Pero sí es uno de los más visibles.

EL FUTURO DE LA SELECCIÓN

La victoria en Wembley no significa que España vaya a ganar automáticamente todos los partidos siguientes.

La Nations League acaba de comenzar.

Habrá más encuentros.

Más rivales.

Más dificultades.

Pero empezar ganando en Wembley después de ganar el Mundial constituye un comienzo especialmente llamativo.

LA PRENSA EUROPEA MIRA A LAMINE

Las reacciones posteriores al encuentro reflejaron precisamente ese interés.

La prensa internacional volvió a relacionar su actuación con el Balón de Oro.

The Independent había presentado previamente el partido como un capítulo importante dentro del duelo mediático entre Kane y Yamal.

Después de la victoria, otros medios destacaron nuevamente la candidatura de Lamine.

La Vanguardia llegó a describir su actuación como un impulso para sus aspiraciones al premio.

PERO EL BALÓN DE ORO NO SE GANA EN WEMBLEY

Esta es quizá la frase más importante de toda la historia.

El Balón de Oro no se gana por un solo partido.

No se gana por un gol.

No se gana por un titular.

No se gana por una encuesta en redes.

La votación tiene criterios y un periodo de evaluación concreto.

Wembley puede influir en la conversación pública.

Pero no reescribe automáticamente la temporada que se está valorando.

LO QUE WEMBLEY SÍ HIZO

Wembley sí consiguió algo.

Recordó al mundo por qué Lamine está en esta conversación.

Un gol.

Una actuación.

Una noche grande.

Un rival grande.

Y una victoria española.

No es poca cosa.

LA IMAGEN DEL PARTIDO

Si hubiera que elegir una sola imagen, probablemente sería la del primer gol.

Lamine presionando.

El error inglés.

La recuperación.

La entrada en el área.

El disparo.

El balón tocando el poste.

La red moviéndose.

Y Wembley quedándose en silencio.

Es una secuencia perfecta para resumir su actual momento.

LA RESPUESTA DE ESPAÑA

Pero si hubiera que elegir una segunda imagen, sería la remontada.

Baena.

Oyarzabal.

Dos goles.

3-2.

La campeona del mundo negándose a aceptar la derrota.

Esa es quizá la historia más importante.

INGLATERRA TAMBIÉN DEJÓ BUENAS SEÑALES

Sería injusto analizar el partido únicamente desde la perspectiva española.

Inglaterra demostró capacidad para reaccionar.

Después del 0-1, marcó dos goles.

Tuvo una oportunidad clarísima para ponerse 3-1.

Y durante una parte del encuentro sometió a España a una presión considerable.

El resultado no elimina esos aspectos positivos.

Anthony Gordon incluso consideró posteriormente que Inglaterra está avanzando en la dirección correcta pese a la derrota.

TUCHÉL Y EL NUEVO PROYECTO INGLÉS

El encuentro también ofreció información para el proyecto de Thomas Tuchel.

Inglaterra mostró capacidad ofensiva.

Pero también dejó espacios.

Y permitió que España reaccionara.

El partido puede ser utilizado como aprendizaje para el futuro.

LA DERROTA NO BORRA LOS 45 MINUTOS INGLESES

Durante la segunda mitad, España cambió el partido.

Pero Inglaterra había demostrado antes que podía hacer daño.

Esa dualidad hace que el resultado sea especialmente interesante.

No fue un paseo.

Fue un partido de alto nivel.

ESPAÑA, MÁS FUERTE CUANDO SUFRE

Una característica llamativa de la selección es precisamente esa capacidad para resistir los malos momentos.

En Wembley tuvo uno.

Y respondió.

Eso puede ser tan importante como el dominio de la posesión o la calidad técnica.

LA MENTALIDAD DE UNA CAMPEONA

Después de ganar un Mundial, existe siempre un riesgo.

La relajación.

La sensación de misión cumplida.

Pero España llegó a Wembley con otra mentalidad.

Dos estrellas.

Nueva competición.

Nuevo desafío.

Y victoria.

LAMINE Y LA PRESIÓN DEL PREMIO

La discusión del Balón de Oro puede ser positiva.

También puede convertirse en una carga.

Lamine parece aceptar ambas posibilidades.

Habla del premio.

Reconoce su ambición.

Pero también insiste en que quiere disfrutar jugando.

Ese equilibrio será importante.

EL PREMIO Y EL ESPECTÁCULO

Lamine ha defendido una idea particular: que el fútbol también consiste en emocionar.

No solo estadísticas.

No solo títulos.

No solo números.

También capacidad para hacer que el público quiera encender el televisor.

Su argumento está claramente relacionado con su propio estilo.

EL DEBATE CONTINÚA

Y por eso, aunque Wembley no haya decidido oficialmente el Balón de Oro, sí ha dado combustible a la conversación.

Ahora los aficionados pueden volver a discutir.

¿Quién debe ganar?

¿Qué pesa más?

¿Los títulos?

¿Las estadísticas?

¿Los grandes partidos?

¿El Mundial?

¿La regularidad?

¿La influencia?

No existe una única respuesta objetiva a una valoración de este tipo.

Y ENTONCES APARECE MESSI

Cualquier conversación sobre el Balón de Oro que incluya a Lamine termina inevitablemente conectando con Lionel Messi.

No porque el argentino esté necesariamente compitiendo en igualdad de condiciones en cada edición.

Sino porque su figura sigue siendo el punto de comparación histórico para generaciones enteras.

Lamine ha hablado de su admiración.

El público lo compara.

Los medios lo comparan.

Pero el propio futbolista ha insistido en que quiere construir su propia historia.

Y esa diferencia importa.

“LAMINE YAMAL”

No quiere ser una copia.

No quiere vivir bajo una comparación permanente.

Quiere que su nombre tenga significado propio.

Wembley contribuyó a eso.

EL PARTIDO QUE PUEDE QUEDAR COMO SÍMBOLO

Con el paso del tiempo, algunos partidos adquieren un valor simbólico.

No necesariamente porque sean finales.

Sino porque representan una transición.

Este puede ser uno de ellos.

España campeona del mundo.

Lamine como rostro de una nueva generación.

Inglaterra intentando consolidarse.

Kane frente a un futbolista mucho más joven.

Y Wembley como escenario.

NO HAY FINAL TODAVÍA

La historia continúa.

La Nations League acaba de comenzar.

El Balón de Oro todavía no tiene ganador oficial anunciado.

La temporada de clubes continúa.

Y Lamine todavía tiene muchos partidos por delante.

Por eso resulta prematuro convertir Wembley en el capítulo definitivo.

Fue un capítulo enorme.

Pero solo uno.

LA GRAN PREGUNTA

La pregunta no es solamente si Lamine ganará el Balón de Oro.

La pregunta más interesante es qué ocurrirá si continúa jugando al nivel que está mostrando.

Porque entonces la discusión dejará de ser una cuestión puntual.

Se convertirá en una conversación recurrente durante muchos años.

LA ESPAÑA DE LAMINE

Y ahí está la gran conclusión.

No estamos hablando simplemente de un jugador que marca goles.

Estamos hablando de una selección que acaba de convertirse en campeona del mundo y que, inmediatamente después, viaja a Wembley y gana.

Estamos hablando de una generación que no parece satisfecha con haber alcanzado la cima.

Quiere permanecer allí.

EL SILENCIO DE WEMBLEY

Al final, la imagen más poderosa vuelve a ser la misma.

El balón dentro.

El marcador 2-3.

Los jugadores españoles celebrando.

Los ingleses mirando.

Y Lamine sabiendo que había dejado su huella.

No ganó el Balón de Oro esa noche.

Eso sería incorrecto afirmarlo.

Pero sí ganó algo que ningún comunicado oficial puede conceder:

una noche inolvidable en uno de los estadios más emblemáticos del fútbol.

EL ÚLTIMO MENSAJE

España no apagó Wembley porque Inglaterra no compitiera.

Lo apagó porque supo levantarse cuando el partido parecía perdido.

Y Lamine no salió de Wembley como ganador oficial del Balón de Oro.

Salió como uno de los nombres centrales de una conversación que todavía continúa.

La votación, las candidaturas y la posterior ceremonia determinarán el resultado oficial.

Hasta entonces, cualquier supuesto ganador anunciado antes de la comunicación correspondiente debe considerarse no confirmado.

Lo que sí está confirmado es mucho más sencillo.

España ganó 2-3.

Lamine Yamal marcó.

Álex Baena marcó.

Mikel Oyarzabal marcó.

Kane marcó para Inglaterra y falló un penalti que pudo cambiar la historia.

Gordon también encontró la red.

Y la campeona del mundo salió de Wembley con tres puntos y una nueva demostración de carácter.

La noche comenzó con dos estrellas sobre la camiseta española.

Terminó con una victoria que añadió otra página a la historia reciente de La Roja.

Y mientras Europa vuelve a discutir el nombre del próximo Balón de Oro, una cosa ha quedado clara:

Lamine Yamal no piensa esconderse cuando llegan las noches grandes.

Wembley fue testigo.

La selección española respondió.

Y la discusión acaba de entrar en una nueva fase.

Porque cuando un futbolista de su edad aparece en un estadio así, marca en los primeros minutos, resiste después de que el rival remonte, vuelve a levantarse con su equipo y termina celebrando una victoria 2-3, el debate deja de ser una simple conversación de redes.

Se convierte en fútbol.

Y el fútbol, esta vez, habló desde Wembley.

España 3. Inglaterra 2.

La campeona del mundo sigue en marcha.

Lamine sigue creciendo.

Y el Balón de Oro, por ahora, sigue esperando a su dueño oficial.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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