LLAMADA FUERTE DE SILVIA BRONCHALO POR DANIEL SANCHO EN TELECINCO POR EDWIN ARRIETA: UNA CONFESIÓN QUE SACUDE A ‘¡DE VIERNES!’

LLAMADA FUERTE DE SILVIA BRONCHALO POR DANIEL SANCHO EN TELECINCO POR EDWIN ARRIETA: UNA CONFESIÓN QUE SACUDE A ‘¡DE VIERNES!’

La aparición de Silvia Bronchalo en el plató de ‘¡De viernes!’ ha vuelto a colocar el caso de Daniel Sancho en el centro de la actualidad televisiva española. Después de meses marcados por el silencio, las filtraciones y las tensiones familiares, la madre del condenado por el asesinato de Edwin Arrieta decidió hablar ante las cámaras de Telecinco. Y sus palabras no dejaron indiferente a nadie. No fue una intervención sencilla, ni una conversación superficial sobre un asunto que lleva años ocupando titulares. Fue un testimonio cargado de recuerdos dolorosos, reproches, dudas y una realidad que parece haber transformado para siempre la relación entre una madre y su hijo.

La entrevista llegó en un momento especialmente delicado. Daniel Sancho continúa cumpliendo condena en Tailandia después de haber sido declarado culpable del asesinato de Edwin Arrieta. La sentencia a cadena perpetua y la posterior confirmación de la condena en apelación han mantenido a su familia bajo una presión constante. A ese escenario se sumó la publicación de conversaciones privadas entre madre e hijo, en las que Daniel hablaba de conseguir una importante cantidad de dinero para una operación relacionada con un terreno y con sus posibilidades de obtener la libertad provisional.

Silvia decidió responder públicamente. Su intervención no se limitó a explicar cómo se habían difundido aquellos audios. También habló de su distanciamiento con Daniel, de las diferencias con Rodolfo Sancho, de sus dudas sobre determinadas decisiones de la defensa y, sobre todo, de Edwin Arrieta y de la familia que perdió al médico colombiano.

El elemento más significativo de su testimonio fue precisamente ese: Silvia no quiso que la conversación quedara reducida a los problemas internos de la familia Sancho. En distintos momentos dirigió su atención hacia la víctima y hacia el sufrimiento de sus allegados. Reconoció que piensa en la madre de Edwin y expresó que comprende que el dolor de esa familia es irreversible. Sus palabras introdujeron una dimensión humana que no puede quedar eclipsada por el espectáculo televisivo ni por las disputas entre los protagonistas del caso.

Una entrevista que llevaba meses generando expectación

La presencia de Silvia Bronchalo en ‘¡De viernes!’ no surgió de la nada. Durante meses, su nombre había aparecido asociado a informaciones sobre Daniel, a declaraciones de su entorno y a las diferencias que, según ella misma ha explicado, se habían ido acumulando entre los miembros de la familia.

La situación cambió especialmente después de que se conociera la existencia de unas conversaciones privadas entre Silvia y su hijo. En esos audios, Daniel hablaba de reunir alrededor de 100.000 euros para una operación que, según las informaciones publicadas, estaría relacionada con la adquisición de un terreno en Tailandia y con un posible intento de conseguir su salida provisional de prisión.

La publicación provocó una enorme controversia. No solo por la cantidad de dinero mencionada, sino también por el contenido de la conversación y por las preguntas que surgieron sobre quién había tenido acceso a ella, quién podía haberla difundido y con qué finalidad.

Silvia reaccionó inicialmente con indignación. En declaraciones recogidas por Telecinco, aseguró sentirse utilizada y agredida por la publicación de una conversación que consideraba privada. También sostuvo que la difusión podía perjudicar a Daniel, algo que, según explicó, le preocupaba especialmente.

La madre del condenado insistió en que no había autorizado la publicación de aquellos fragmentos. La polémica adquirió todavía más importancia cuando decidió acudir a ‘¡De viernes!’ para explicar su versión y responder a las preguntas que habían quedado abiertas.

En la entrevista, Bronchalo reconoció que ella misma acostumbraba a grabar las conversaciones que mantenía con su hijo. Esa afirmación introdujo un nuevo elemento en el debate: una cosa era que las conversaciones hubieran sido grabadas por una de las personas que participaban en ellas y otra muy distinta era determinar quién había facilitado los archivos a los medios de comunicación.

Silvia negó ser responsable de la filtración. También manifestó su desconcierto ante la posibilidad de que otras personas hubieran conocido la existencia de los audios antes de su publicación. En su relato, la cuestión no era únicamente la exposición pública de una conversación familiar, sino las consecuencias que esa exposición podía tener para Daniel y para el procedimiento que todavía rodea su situación penitenciaria.

La polémica, sin embargo, no terminó ahí. En su intervención posterior en directo, volvió a expresar su enfado con el tratamiento mediático de los audios y explicó que no comprendía cómo habían podido llegar a manos de terceros. También afirmó que se habían contado cosas falsas sobre ella y que necesitaba defenderse públicamente.

Daniel Sancho y una relación que parece haberse roto

Uno de los asuntos más delicados de la entrevista fue el distanciamiento entre Silvia y Daniel. La relación entre ambos se había convertido en una de las grandes incógnitas del entorno familiar desde que el joven fue detenido en Tailandia en agosto de 2023.

Silvia explicó que el vínculo había atravesado distintas etapas. Después de la detención, madre e hijo retomaron el contacto, pero las circunstancias fueron cambiando. La distancia geográfica, la prisión, las decisiones relacionadas con la defensa y los conflictos familiares contribuyeron a deteriorar una relación que ya no parecía funcionar como antes.

La madre reconoció que no mantenía comunicación con Daniel desde abril de 2026. Esa afirmación fue especialmente significativa porque desmontaba la imagen de una relación cotidiana y fluida entre ambos. La comunicación se había interrumpido y Silvia no podía asegurar siquiera si su hijo sabía que ella estaba hablando públicamente en televisión.

El distanciamiento no significa que haya desaparecido toda preocupación por él. De hecho, buena parte de sus declaraciones estuvieron relacionadas con el futuro de Daniel y con las consecuencias que determinadas decisiones podrían tener sobre su situación en Tailandia.

Pero también dejó claro que no podía fingir que todo seguía igual. La mujer que acudió al plató no presentó una imagen idealizada de su hijo ni intentó ocultar que la relación estaba profundamente dañada. Habló de decepción, de desconcierto y de la dificultad de reconocer en el hombre encarcelado a la persona que había conocido durante su infancia y juventud.

En uno de los momentos más duros de su testimonio, explicó que ya no veía a Daniel de la misma manera. También contó que él le había transmitido que tampoco se reconocía como la persona que ella recordaba. Esa distancia emocional se convirtió en uno de los aspectos más comentados de la entrevista.

La situación demuestra hasta qué punto el caso ha alterado las relaciones personales de quienes se encuentran alrededor de Daniel. No existe una explicación sencilla para una ruptura de esta naturaleza. La prisión, el proceso judicial, la presión pública y los conflictos familiares han creado un escenario extraordinariamente complejo.

Silvia habló desde su experiencia personal. Sus palabras describen cómo vive ella la situación, pero no permiten conocer por completo lo que piensa Daniel ni reconstruir todos los motivos que han llevado a ambos a dejar de comunicarse.

Edwin Arrieta, el nombre que no debe desaparecer

En medio de la controversia televisiva, uno de los aspectos más importantes fue la referencia de Silvia a Edwin Arrieta. El médico colombiano fue asesinado en Tailandia y su muerte constituye el centro del caso judicial por el que Daniel Sancho ha sido condenado.

La repercusión mediática ha sido enorme. Durante años, el nombre de Daniel ha aparecido en titulares, programas de televisión y debates sobre el procedimiento judicial. Sin embargo, existe un riesgo evidente cuando una tragedia se convierte en contenido permanente: que la víctima termine ocupando menos espacio que las controversias de las personas relacionadas con el condenado.

Silvia pareció consciente de esa cuestión cuando habló de la familia Arrieta. Expresó que piensa en la madre de Edwin y que se pone en su lugar. Reconoció que su propio sufrimiento no puede compararse con la pérdida que ha sufrido esa familia, porque los allegados del médico no podrán recuperar a su hijo.

También manifestó que le gustaría que se produjera un gesto de reconocimiento y arrepentimiento hacia los familiares de la víctima. En sus declaraciones relacionadas con la indemnización, explicó que considera importante que Daniel pida perdón y que asuma la responsabilidad moral que corresponde.

No se trata de una cuestión menor. La reparación económica y el reconocimiento del daño son asuntos diferentes, aunque puedan aparecer relacionados en el debate público. Una cantidad de dinero no puede devolver una vida ni borrar las consecuencias de un asesinato. La familia de Edwin ha tenido que afrontar una pérdida que no tiene solución.

Las palabras de Silvia tampoco deben confundirse con una declaración en nombre de los Arrieta. Ella puede expresar su pesar, reconocer el sufrimiento de la familia y explicar lo que le gustaría que sucediera, pero no puede hablar por los allegados de Edwin ni decidir qué gesto consideran suficiente.

La importancia de su intervención reside en que puso sobre la mesa una pregunta esencial: ¿qué significa asumir las consecuencias de un crimen cuando la persona condenada continúa intentando encontrar una salida a su situación penitenciaria?

Para la familia de la víctima, el centro de todo sigue siendo la pérdida de Edwin. Para Daniel, la prioridad parece ser su situación judicial y penitenciaria. Para Silvia, ambas realidades se han convertido en una carga emocional que ya no puede separar.

La petición de perdón y la responsabilidad moral

Uno de los puntos más relevantes del testimonio fue la insistencia de Silvia en la necesidad de que Daniel pida perdón. La madre explicó que considera importante que su hijo escriba una carta dirigida a la familia de Edwin y que reconozca el daño causado.

La petición tiene una dimensión personal, pero también plantea una cuestión de responsabilidad. En un caso de esta gravedad, las palabras de arrepentimiento no pueden convertirse en una simple herramienta para mejorar la imagen pública ni en una estrategia destinada exclusivamente a conseguir ventajas penitenciarias.

El perdón, si llega a producirse, pertenece en primer lugar al ámbito de quienes han sufrido el daño. No puede exigirse a la familia de Edwin que acepte una disculpa ni que modifique sus sentimientos para satisfacer las expectativas de los medios de comunicación.

Silvia, por su parte, reconoció que estaría dispuesta a colaborar con una eventual indemnización. Sus declaraciones apuntaron a que, en determinadas circunstancias, podría asumir parte de esa responsabilidad económica para ayudar a que se produjera una reparación.

Sin embargo, el dinero no debe presentarse como una solución automática. La reparación económica puede formar parte de las obligaciones legales o de los compromisos que se planteen, pero no sustituye al reconocimiento del daño ni elimina el sufrimiento de los familiares.

La madre de Daniel parece haber llegado a una conclusión dolorosa: no puede cambiar lo ocurrido, no puede devolver la vida a Edwin y tampoco puede controlar todas las decisiones que tome su hijo desde prisión. Lo que sí puede hacer es expresar públicamente qué considera necesario y explicar dónde se encuentra su propia posición.

Su llamamiento no resuelve el caso. Tampoco modifica la sentencia. Pero sí muestra que, incluso dentro del entorno familiar del condenado, existe una preocupación por la manera en que se reconoce a la víctima y por el significado de la responsabilidad.

Los audios de los 100.000 euros y la controversia sobre su filtración

La publicación de los audios fue uno de los detonantes de la nueva etapa mediática. En las conversaciones difundidas se escuchaba a Daniel hablar de una cantidad cercana a los 100.000 euros y de una operación vinculada a un terreno en Tailandia.

La información generó preguntas sobre el propósito real del dinero, la viabilidad de la operación y las personas que podían estar involucradas. Algunas informaciones presentaron la conversación como un intento de conseguir la libertad provisional mediante una operación inmobiliaria. Sin embargo, es importante no convertir cada interpretación periodística en un hecho probado.

Silvia explicó que no consideraba que la conversación hubiera sido correctamente interpretada. En su intervención, cuestionó la explicación que había recibido sobre el supuesto proyecto y señaló que había consultado cuestiones relacionadas con su viabilidad.

También se mostró molesta por la publicación de fragmentos privados sin su autorización. Según su versión, la difusión la había colocado en una situación injusta y había provocado que se cuestionara su comportamiento.

La entrevista permitió conocer su posición, pero no resolvió todas las incógnitas sobre el origen de los archivos. Para determinar quién los obtuvo, quién los entregó y si hubo alguna conducta ilícita sería necesario contar con pruebas y, en su caso, con las conclusiones de las autoridades competentes.

La prudencia es especialmente importante en este punto. Una filtración puede generar sospechas, pero una sospecha no equivale a una acusación demostrada. Tampoco basta con que una persona aparezca en el contexto de una conversación para atribuirle responsabilidad sobre su difusión.

Silvia dejó claro que se sentía perjudicada y que estaba dispuesta a defender sus derechos. Pero el debate sobre los audios no debería desplazar el asunto principal: el asesinato de Edwin Arrieta y la situación de la familia que perdió a uno de sus miembros.

Las diferencias con Rodolfo Sancho

La entrevista también permitió conocer más detalles sobre las tensiones entre Silvia Bronchalo y Rodolfo Sancho. Ambos son los padres de Daniel, pero su relación se ha visto marcada por desacuerdos y por versiones distintas sobre determinados episodios de su vida familiar.

Silvia relató que, al principio, parecía que ambos podrían actuar conjuntamente para afrontar la situación de su hijo. Sin embargo, según su testimonio, las diferencias aparecieron pronto. Las decisiones sobre la estrategia legal y la manera de gestionar la exposición mediática fueron algunos de los puntos de fricción.

La madre de Daniel explicó que no siempre estuvo de acuerdo con la forma en que se organizó la defensa y que llegó a desconfiar de determinados profesionales vinculados al caso. También habló de discrepancias entre Daniel y su padre sobre la representación legal.

Estas afirmaciones deben entenderse como el relato de Silvia. No constituyen por sí mismas una demostración de que Rodolfo o los abogados actuaran de manera irregular. Para valorar esas cuestiones sería necesario examinar los documentos y las actuaciones correspondientes.

La relación entre los padres de Daniel se convirtió así en otro frente de una historia que ya tenía suficientes elementos dramáticos. Las diferencias personales terminaron ocupando espacio en los programas de televisión y alimentando una discusión pública que, en ocasiones, ha dejado en segundo plano la situación de la víctima.

Silvia también recordó episodios de su relación con Rodolfo y habló de sentirse desplazada en determinados momentos de la vida familiar. Algunas de sus declaraciones fueron especialmente delicadas y provocaron nuevas preguntas sobre el pasado de la pareja.

En este terreno, conviene evitar las conclusiones precipitadas. Una entrevista televisiva recoge la versión de una de las partes, pero no sustituye una investigación independiente ni permite reconstruir por completo una relación privada.

Lo que sí queda claro es que la situación de Daniel ha profundizado una fractura familiar que parece difícil de reparar.

La llamada que cambió la vida de Silvia

Uno de los recuerdos más dolorosos de la entrevista fue el momento en que Silvia recibió la noticia de la detención de su hijo. La llamada llegó el 2 de agosto de 2023 y fue Rodolfo quien le comunicó lo sucedido.

Bronchalo explicó que llevaba muchos años sin mantener una comunicación habitual con su expareja. Por eso, cuando vio su número en la pantalla, comprendió que probablemente había ocurrido algo grave.

Según relató, al principio llegó a pensar que la víctima podía ser su propio hijo. La noticia real fue todavía más difícil de procesar: Daniel había sido detenido por el asesinato de Edwin Arrieta.

La reacción que describió fue la de una persona que pasa de la incertidumbre al impacto absoluto. En cuestión de segundos, la imagen que tenía de su hijo quedó enfrentada a una realidad que nunca había imaginado.

La llamada marcó el comienzo de una etapa que se prolonga hasta hoy. Desde entonces, Silvia ha tenido que convivir con el proceso judicial, los viajes, las visitas a prisión, las noticias constantes y la exposición pública de su vida familiar.

También ha tenido que enfrentarse a una pregunta que muchas familias de personas condenadas por delitos graves pueden reconocer: cómo seguir queriendo a alguien sin negar la gravedad de lo que ha hecho.

No existe una respuesta universal. La responsabilidad penal corresponde a quien comete el delito, y el sufrimiento de las víctimas no puede quedar subordinado a las emociones de la familia del condenado. Pero la existencia de una condena tampoco elimina automáticamente los vínculos personales ni la complejidad de las relaciones familiares.

Silvia ha mostrado precisamente esa contradicción. Es la madre de Daniel, pero también es una mujer que ha expresado dudas, decepción y una profunda distancia respecto a la persona en la que, según sus propias palabras, se ha convertido su hijo.

El primer encuentro en prisión

Silvia también recordó el primer encuentro con Daniel en una prisión tailandesa. La experiencia, según explicó, fue muy dura. La distancia entre la imagen que conservaba de su hijo y la persona que encontró en aquel momento le produjo una impresión difícil de describir.

No se trataba solamente de verlo detrás de unos barrotes. Era encontrarse con alguien cuya vida había cambiado radicalmente y cuya situación estaba condicionada por un proceso penal de enorme gravedad.

La madre explicó que no reconocía determinados gestos ni algunas formas de expresarse. Daniel se encontraba en una situación de tensión y desconcierto, mientras ella intentaba comprender cómo habían llegado hasta allí.

La visita no supuso una recuperación sencilla del vínculo. Las circunstancias que rodeaban el caso eran demasiado graves y el tiempo había acumulado demasiadas preguntas.

Con el paso de los meses, la comunicación entre ambos volvió a deteriorarse. La distancia emocional terminó sumándose a la distancia física.

La historia de ese primer encuentro recuerda que una prisión no es únicamente un espacio de cumplimiento de condena. También es el lugar donde las familias se enfrentan a las consecuencias de los delitos, a la ausencia de una vida cotidiana y a una relación que puede cambiar para siempre.

Pero esa dimensión familiar no debe confundirse con el sufrimiento de la familia de Edwin. Son realidades distintas. Una explica las consecuencias que el caso ha tenido sobre el entorno de Daniel; la otra representa la pérdida irreparable de la persona asesinada.

Una sentencia que sigue marcando el futuro de Daniel

Daniel Sancho fue condenado a cadena perpetua en Tailandia por el asesinato premeditado de Edwin Arrieta. La condena fue posteriormente confirmada en apelación, un resultado que supuso un nuevo golpe para quienes esperaban una modificación de la situación judicial.

La defensa ha buscado vías para que el caso pueda ser revisado por las instancias correspondientes. Sin embargo, cualquier posibilidad de cambio depende de los procedimientos y de las decisiones de los tribunales tailandeses.

Silvia habló de la situación de su hijo y de las expectativas que existen alrededor de una eventual revisión. Pero no presentó una solución inmediata ni aseguró que Daniel vaya a recuperar la libertad.

En este punto, conviene recordar que la condena no puede modificarse por una entrevista televisiva, una petición familiar o una polémica mediática. Las decisiones judiciales deben seguir los cauces legales establecidos.

El caso ha generado una enorme atención en España y Colombia, pero la dimensión internacional de la cobertura no altera las competencias de la justicia tailandesa.

La familia puede expresar sus opiniones, los medios pueden informar y los abogados pueden presentar los recursos que consideren oportunos. La decisión corresponde a los órganos judiciales.

Telecinco y el peso de una historia que no termina

La intervención de Silvia en ‘¡De viernes!’ demuestra hasta qué punto el caso continúa teniendo una enorme repercusión televisiva. La historia reúne elementos que generan interés público: un crimen ocurrido en el extranjero, un condenado conocido por su entorno familiar, una víctima cuya familia reclama justicia y una serie de conflictos personales que se han hecho públicos.

Sin embargo, la responsabilidad de los programas consiste en mantener la diferencia entre información y espectáculo. Las entrevistas pueden ayudar a conocer testimonios y a comprender las circunstancias de una historia, pero no deberían convertir el dolor de las personas implicadas en una sucesión de enfrentamientos diseñados únicamente para generar audiencia.

Silvia acudió al plató para explicar su versión. Habló de los audios, de su hijo, de su expareja y de las decisiones que considera equivocadas. Su testimonio tuvo momentos de gran dureza y abrió nuevas preguntas.

Pero la cobertura no puede olvidar que Edwin Arrieta tenía una vida propia, una familia y una trayectoria profesional. Su nombre no debería aparecer únicamente como referencia dentro de la historia de Daniel Sancho.

El médico colombiano fue la víctima de un asesinato y su familia continúa viviendo las consecuencias de esa pérdida. Cualquier análisis del caso debe mantener esa realidad en el centro.

Una madre entre el afecto, la decepción y la responsabilidad

La imagen que dejó Silvia Bronchalo en Telecinco fue la de una madre que no encuentra una forma sencilla de relacionarse con la situación de su hijo. No habló desde una posición de tranquilidad ni ofreció una explicación capaz de cerrar todas las preguntas.

Su relato estuvo lleno de contradicciones humanas: preocupación por Daniel, enfado por la filtración de los audios, críticas a determinadas decisiones, distancia emocional y referencias constantes al sufrimiento de la familia Arrieta.

No es necesario interpretar cada frase como una declaración definitiva sobre lo que ocurrirá en el futuro. La relación entre ambos puede cambiar o permanecer rota. Lo que Silvia piensa hoy no permite asegurar cómo se sentirá dentro de unos meses.

Lo relevante es que ha reconocido públicamente que la situación ya no es la misma. La madre que acudió al plató no presentó una relación familiar intacta ni quiso esconder que existen heridas profundas.

También dejó una idea que merece atención: la necesidad de que Daniel comprenda el daño causado y que la familia de Edwin reciba un reconocimiento sincero.

En una historia marcada por las estrategias legales y las polémicas mediáticas, esa petición introduce una dimensión distinta. No se trata de conseguir un titular más impactante, sino de recordar que detrás de los procedimientos judiciales existen personas que han sufrido consecuencias irreversibles.

Lo que queda después de la entrevista

La aparición de Silvia Bronchalo en ‘¡De viernes!’ no ha resuelto las incógnitas del caso Daniel Sancho. Tampoco ha cerrado el debate sobre los audios ni ha reparado la fractura familiar.

Lo que sí ha hecho es ofrecer una nueva perspectiva sobre el momento que atraviesa la madre del condenado. Su testimonio permite comprender mejor el distanciamiento con Daniel, las diferencias con Rodolfo Sancho y la preocupación que mantiene por el futuro de su hijo.

También ha dejado una referencia especialmente importante a Edwin Arrieta. Silvia expresó que piensa en la madre del médico y que reconoce que su pérdida no puede compararse con el dolor que ella experimenta como madre de Daniel.

Esa distinción es fundamental. El sufrimiento de una familia no elimina el de otra, pero tampoco debe utilizarse para establecer una competición entre dolores. La muerte de Edwin es el hecho central del caso y la familia de la víctima merece respeto, memoria y justicia.

La entrevista ha generado titulares, comentarios y nuevas discusiones. Pero, más allá de la repercusión televisiva, queda una pregunta que no puede responderse con facilidad: qué debe ocurrir para que una persona condenada asuma de manera plena las consecuencias de sus actos y para que quienes han sufrido el daño encuentren alguna forma de reparación.

Silvia ha expresado lo que considera necesario. Ha pedido reconocimiento, ha hablado de una disculpa y ha explicado que estaría dispuesta a colaborar en una eventual indemnización. Ahora bien, no puede decidir por la familia Arrieta ni sustituir las decisiones de la justicia.

Daniel continúa cumpliendo su condena en Tailandia. La relación con su madre atraviesa una etapa de distanciamiento. La controversia por las conversaciones privadas sigue alimentando preguntas y el futuro judicial dependerá de los procedimientos correspondientes.

La intervención de Silvia ha sido contundente porque ha mostrado una realidad familiar que ya no puede ocultarse detrás de declaraciones breves. Pero el titular más importante no debería ser el enfrentamiento ni la polémica: debería ser la necesidad de mantener la memoria de Edwin Arrieta en el centro de una historia que comenzó con una muerte y que todavía deja consecuencias profundas.

En definitiva, la entrevista de ‘¡De viernes!’ ha sido mucho más que una aparición televisiva. Ha sido el testimonio de una madre que reconoce que su relación con Daniel ha cambiado, que expresa su indignación por la difusión de conversaciones privadas y que reclama que su hijo mire de frente el daño causado.

Sus palabras no borran el crimen, no modifican la condena y no resuelven el dolor de los familiares de Edwin. Pero sí dejan claro que, incluso después de años de titulares, todavía quedan preguntas difíciles sobre la responsabilidad, el arrepentimiento y las consecuencias humanas de esta tragedia.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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