¡ESTALLAN PERIODISTAS ARGENTINOS! “ESPAÑA ES LA MEJOR SELECCIÓN DEL MUNDO” TRAS PALIZA A CROACIA
La noche de Sevilla volvió a colocar a España en el centro del fútbol mundial. No fue solamente una victoria. No fue únicamente un 4-1 frente a Croacia. Y tampoco fue simplemente otra actuación brillante de Lamine Yamal. Lo ocurrido en el Ramón Sánchez-Pizjuán fue la confirmación de una tendencia que llevaba meses creciendo y que, después del Mundial conquistado ante Argentina, empieza a adquirir una dimensión todavía mayor: la selección española continúa compitiendo con una autoridad que obliga al resto del mundo a mirar hacia ella.
Y en Argentina, un país acostumbrado a analizar el fútbol con una intensidad extraordinaria, la actuación de la Roja tampoco pasó desapercibida.
La goleada española abrió nuevamente el debate sobre cuál es, en este momento, la selección más completa del planeta. La discusión no nació en Sevilla. Venía de antes. España ya había conquistado el Mundial de 2026 derrotando precisamente a Argentina por 1-0 en la final. La FIFA describió posteriormente aquella actuación como una demostración de control y señaló que la Roja había dominado el torneo hasta convertirse en campeona mundial por segunda vez.
Pero después llegó la prueba más complicada para cualquier campeón: demostrar que el título no fue un episodio aislado.
España volvió a competir.
Volvió a ganar.
Y cuando llegó el primer gran desafío posterior al Mundial, apareció otra vez Lamine Yamal.
Primero fue Wembley.
Después Sevilla.
Primero Inglaterra.
Después Croacia.
Y dos victorias que han dejado una sensación inequívoca: la campeona del mundo no parece dispuesta a bajar el ritmo.
El 2-3 ante Inglaterra ya había elevado las expectativas. Tres días después, el 4-1 frente a Croacia terminó de encenderlas.
Lamine marcó dos goles.
Asistió en otro.
Marc Pubill estrenó su cuenta goleadora con la absoluta.
Nico Williams cerró la fiesta.
España volvió a dominar el balón.
Volvió a controlar los espacios.
Volvió a presionar.
Y volvió a demostrar que no necesita depender de una sola figura para ganar partidos.
Sin embargo, esta vez la actuación de Yamal hizo que la conversación alcanzara una dimensión especial.
Porque si España es una selección capaz de controlar partidos, ganar títulos y sostener una racha extraordinaria, la aparición de un futbolista capaz de romper cualquier estructura defensiva añade una dificultad adicional para sus rivales.
Yamal no es el único argumento de la Roja.
Pero cuando juega como lo hizo contra Croacia, resulta imposible no hablar de él.
La noche en la que Sevilla volvió a creer
El Ramón Sánchez-Pizjuán esperaba un acontecimiento.
Era el primer partido de España en territorio nacional después de conquistar el Mundial.
El trofeo estaba allí.
Las dos estrellas estaban allí.
Los campeones estaban allí.
Y también estaba una afición que quería comprobar si aquella selección que había levantado la Copa del Mundo frente a Argentina seguía siendo la misma.
La respuesta llegó prácticamente desde el primer minuto.
España necesitó apenas 70 segundos para marcar.
La jugada fue una declaración de intenciones.
El balón circuló entre los jugadores españoles.
Croacia no consiguió intervenir.
La posesión se transformó en profundidad.
Y finalmente Lamine Yamal recibió la oportunidad de terminar la acción.
No perdonó.
El extremo del Barcelona colocó el balón lejos del alcance de Dominik Livaković y convirtió el primer ataque serio de España en el 1-0. Infobae describió la secuencia como una demostración del estilo español: circulación, paciencia, precisión y velocidad en el momento exacto.
La selección croata todavía no había conseguido asentarse en el campo.
España ya había golpeado.
Y el golpe tenía nombre propio.
Lamine Yamal.
El primer mensaje para Argentina
La repercusión argentina tenía un componente especial.
No se puede olvidar que España y Argentina habían protagonizado la final del Mundial apenas unos meses antes.
Aquel partido terminó con victoria española por 1-0 en la prórroga.
La FIFA explicó después que España había controlado el encuentro y que solamente había encajado un gol durante todo el Mundial, una estadística extraordinaria para una selección que terminó levantando el trofeo.
Argentina, por tanto, conocía perfectamente el nivel de la Roja.
No se trataba de una sorpresa.
La final había dejado suficientes pruebas.
Pero una cosa es perder una final del mundo y otra observar, semanas después, cómo el campeón mantiene el mismo nivel competitivo.
Ahí estaba la verdadera cuestión.
¿España había llegado a su techo?
¿O todavía tenía margen para mejorar?
La actuación contra Croacia proporcionó una respuesta contundente.
Todavía queda mucho por ver.
Pero la sensación es que esta selección no ha terminado de crecer.
Croacia empató, pero España no se descompuso
El fútbol tiene una característica particular.
Un equipo puede dominar durante 25 minutos y, de repente, recibir un golpe.
Eso ocurrió en Sevilla.
España había comenzado imponiendo su ritmo.
Croacia apenas encontraba la pelota.
Pero una acción por banda permitió a Perišić colocar un centro preciso.
Dion Beljo apareció en el área.
Y el delantero croata consiguió superar a la defensa española para colocar el 1-1.
Por unos minutos, el partido cambió.
El visitante había logrado algo que parecía complicado: sobrevivir al inicio español y encontrar el empate.
Era el momento perfecto para comprobar la madurez de la campeona.
Y España respondió.
No entró en pánico.
No empezó a jugar con precipitaciones.
No abandonó su estructura.
Continuó moviendo la pelota.
Continuó atacando.
Y volvió a adelantarse apenas tres minutos después.
Lamine Yamal ejecutó rápidamente un saque de esquina.
El balón llegó al área.
Marc Pubill apareció.
Cabeceó.
Gol.
2-1.
La reacción fue inmediata.
Eso también es una característica de las grandes selecciones.
No basta con dominar.
Hay que saber responder.
La importancia de Marc Pubill
El gol de Pubill tuvo un significado especial.
España no necesitó que todos los goles fueran de Lamine.
Eso puede parecer una contradicción después de una noche en la que el extremo marcó dos tantos y dio una asistencia.
Pero precisamente ahí está una de las grandes fortalezas de la Roja.
La selección tiene diferentes mecanismos para generar peligro.
Puede hacerlo desde las bandas.
Puede hacerlo mediante circulación interior.
Puede hacerlo a través de centros.
Puede hacerlo mediante presión.
Puede hacerlo con combinaciones.
Y puede hacerlo con jugadores que llegan desde posiciones más retrasadas.
Pubill apareció.
Y marcó.
Esa variedad es uno de los elementos que hace difícil defender a España.
El debate argentino vuelve a abrirse
En Argentina, el fútbol no se analiza únicamente desde el resultado.
También se analiza desde la identidad.
Desde la historia.
Desde la comparación.
Desde el legado.
Y España ha entrado de lleno en ese debate después de su Mundial.
La Albiceleste había llegado a 2026 como campeona del mundo.
Tenía a Lionel Messi.
Tenía una generación consolidada.
Tenía un entrenador que había construido una identidad.
Y tenía la experiencia de haber superado situaciones difíciles.
España, sin embargo, terminó imponiéndose.
Y no lo hizo únicamente a través de una jugada aislada.
La FIFA destacó después que la selección de Luis de la Fuente controló todos los aspectos del juego durante el torneo.
Eso cambió el punto de partida de cualquier comparación.
No es solamente posesión
Durante años, una de las críticas más habituales contra el fútbol español era que tener la pelota no significaba necesariamente dominar.
España ha llevado ese concepto a otro nivel.
Ahora la posesión sirve para atacar.
Sirve para defender.
Sirve para controlar el ritmo.
Sirve para impedir que el rival tenga continuidad.
Rodri explicó a la FIFA después del Mundial que el equipo español buscaba controlar diferentes aspectos del juego: presión, posesión, contraataque y balón parado.
Esa frase ayuda a entender lo que ocurrió contra Croacia.
España no tuvo el balón por estética.
Lo utilizó como herramienta.
Lamine rompe el guion
Cuando un equipo consigue controlar el partido mediante la posesión, normalmente necesita paciencia.
Pero Lamine Yamal añade algo diferente.
Velocidad.
Desborde.
Imaginación.
Capacidad para inventar una solución donde parece no existir.
Contra Croacia volvió a demostrarlo.
El primer gol fue una definición de calidad.
El segundo llegó después de un pase filtrado de Pedri.
Lamine recibió.
Atacó el espacio.
Y definió desde un ángulo muy complicado.
El resultado fue el 3-1.
Y ahí el partido prácticamente quedó sentenciado.
El segundo gol fue una declaración
El segundo tanto de Lamine tuvo una importancia especial.
No necesitó una gran carrera de 50 metros.
No necesitó que el equipo entero participara.
Necesitó interpretar el espacio.
Pedri encontró el pase.
Yamal entendió la situación.
El extremo apareció.
Y finalizó.
Eso es talento.
Pero también es inteligencia.
Luis de la Fuente lo explicó después del encuentro.
El seleccionador destacó tanto el trabajo individual como el colectivo de Lamine y subrayó que el jugador pone su talento al servicio del equipo.
Esa última parte es especialmente importante.
Porque la gran diferencia entre una selección construida alrededor de una estrella y una selección que tiene una estrella dentro de un colectivo está precisamente ahí.
España no juega para Lamine.
Lamine juega dentro de España.
Y cuando ambas cosas funcionan al mismo tiempo, el resultado puede ser devastador.
La reacción de Luis de la Fuente
Después de la goleada, Luis de la Fuente volvió a insistir en una idea que se ha convertido en una de las características de esta generación.
El colectivo.
El seleccionador elogió la actuación de Lamine, pero evitó convertirla en una historia exclusivamente individual.
“Los egos” están al servicio del colectivo, explicó De la Fuente después del partido.
Es una frase que resume buena parte de lo que está ocurriendo.
España tiene futbolistas capaces de decidir partidos.
Pero no parece existir una dependencia absoluta de una sola figura.
Eso puede verse en los resultados.
Contra Croacia marcaron Lamine, Pubill y Nico.
Contra Inglaterra hubo otros protagonistas.
En el Mundial, diferentes jugadores asumieron responsabilidades.
Y esa variedad hace que la selección sea más difícil de neutralizar.
Argentina sabe perfectamente lo que significa tener una gran estrella
Por eso el debate resulta especialmente interesante cuando llega a Argentina.
La Albiceleste ha vivido durante años alrededor de Lionel Messi.
Y esa estructura produjo algunos de los mayores éxitos de la historia reciente del fútbol argentino.
Pero también generó una pregunta permanente.
¿Qué ocurre cuando Messi no está?
España está construyendo algo diferente.
Tiene a Lamine.
Pero tiene también a Pedri.
A Rodri.
A Nico Williams.
A Oyarzabal.
A Fabián.
A Cubarsí.
A Huijsen.
A Cucurella.
A Zubimendi.
A Fermín.
A Pubill.
Y a una generación de futbolistas que parece entender perfectamente el modelo.
Eso permite que la Roja pueda cambiar nombres sin cambiar completamente su identidad.
La prensa argentina y la magnitud del resultado
Los medios argentinos siguieron con atención el encuentro.
Infobae publicó una crónica destacando que Lamine fue la gran figura del triunfo y que España se colocó líder del Grupo A3 con pleno de victorias.
La cobertura también puso el foco en los dos goles del extremo del Barcelona.
No era para menos.
Lamine participó directamente en tres de los cuatro tantos.
Dos goles.
Una asistencia.
Y una actuación que terminó convirtiéndolo en el protagonista absoluto de la noche.
Pero el análisis de la selección española va más allá de un jugador.
La victoria permitió confirmar una secuencia.
España había derrotado a Inglaterra.
Después derrotó a Croacia.
Y alcanzó los 40 partidos consecutivos sin perder.
Reuters confirmó la cifra y describió el triunfo como una nueva ampliación de la racha invicta española.
Cuarenta partidos
Hay números que necesitan contexto.
Cuarenta partidos sin perder es uno de ellos.
No significa que España haya ganado los 40.
Significa que no ha perdido.
Pero incluso así, la cifra resulta extraordinaria.
Y llega después de una secuencia de grandes torneos.
Eurocopa.
Nations League.
Mundial.
Y ahora una nueva Nations League.
España no está atravesando una buena semana.
Está atravesando un ciclo.
Ese matiz cambia completamente la discusión.
La comparación con la Argentina de Scaloni
La conversación en Argentina inevitablemente recuerda a la etapa de Lionel Scaloni.
La Albiceleste llegó a construir una de las rachas más largas de su historia.
De hecho, antes del Mundial 2026, España había superado ya marcas históricas de invicto que habían pertenecido a otras grandes selecciones, incluida la Argentina de Scaloni.
La prensa deportiva argentina conocía perfectamente esa referencia.
Y por eso el crecimiento español tiene un componente adicional.
No es solamente una selección europea ganando.
Es una selección que ha empezado a ocupar el espacio competitivo que durante los últimos años habían dominado Argentina, Francia y otras potencias.
El Mundial cambió la conversación
Antes del Mundial 2026, discutir sobre España como mejor selección del mundo era una cuestión abierta.
Había argumentos.
España era campeona de Europa.
Había ganado la Nations League.
Había desarrollado un estilo reconocible.
Tenía una generación joven.
Pero faltaba el trofeo más importante.
El Mundial.
Ahora ya no falta.
España derrotó a Argentina en la final.
Y se convirtió en bicampeona mundial.
La FIFA describió la conquista como una demostración de superioridad y control.
Por eso, cuando después llega un 4-1 contra Croacia, el contexto es completamente distinto.
No se trata de una selección prometedora.
Es la campeona del mundo.
“La mejor selección del mundo”: el debate que vuelve
El titular “España es la mejor selección del mundo” tiene una fuerza enorme.
Pero desde el punto de vista periodístico hay que entenderlo como una valoración, no como una verdad matemática.
El fútbol no tiene una fórmula única para determinar cuál es la mejor selección.
Hay rankings.
Hay títulos.
Hay rachas.
Hay rendimiento.
Hay calidad individual.
Hay regularidad.
Hay resultados directos.
Y hay opiniones.
Lo que sí puede afirmarse objetivamente es que España reúne varios argumentos de enorme peso.
Es campeona del mundo.
Es campeona de Europa.
Ha logrado una larga racha invicta.
Ha ganado sus dos primeros partidos de la Nations League.
Y acaba de derrotar a Inglaterra y Croacia de manera consecutiva.
Esos son hechos.
La conclusión de que es “la mejor” pertenece al terreno del análisis.
Y precisamente por eso el debate resulta tan atractivo.
Lo que ocurrió contra Croacia
Croacia intentó competir.
Pero España encontró espacios.
El equipo balcánico tiene una tradición competitiva extraordinaria.
Durante años, Croacia ha demostrado una capacidad especial para mantenerse dentro de los partidos.
Pero en Sevilla se encontró con una España demasiado rápida.
La diferencia física.
La diferencia de ritmo.
La precisión española.
Y especialmente la capacidad de Yamal para romper líneas.
El resultado terminó siendo 4-1.
No fue un partido perfecto.
Croacia consiguió empatar.
España tuvo momentos de menor intensidad.
Pero el conjunto español controló la mayor parte del encuentro.
La crónica de la RFEF destacó precisamente el dominio y la actuación de Lamine en el primer partido de los campeones del mundo en territorio español después de la conquista del título.
Nico Williams pone la firma
Cuando el partido estaba prácticamente decidido, apareció Nico Williams.
El extremo del Athletic recibió, encaró y definió.
4-1.
La goleada estaba completa.
Y eso también tiene significado.
Nico no necesitó ser protagonista durante todo el partido.
Esperó.
Entró.
Y terminó marcando.
En una selección donde existen múltiples amenazas, eso constituye una ventaja enorme.
Si un rival centra todos sus esfuerzos en detener a Lamine, puede aparecer Nico.
Si intenta cerrar las bandas, puede aparecer Pedri.
Si presiona arriba, España puede superar la presión.
Si se encierra, puede mover la pelota hasta encontrar el hueco.
Ese es el verdadero problema que tienen los rivales.
España no depende de una sola fórmula
El fútbol moderno obliga a los entrenadores a tener diferentes planes.
España parece tenerlos.
Puede dominar.
Puede correr.
Puede presionar.
Puede defender con la pelota.
Puede atacar espacios.
Puede jugar por dentro.
Puede jugar por fuera.
Y tiene jugadores capaces de cambiar la dinámica desde el banquillo.
Eso se vio contra Croacia.
La entrada de Pedri modificó el ritmo.
La entrada de Nico añadió profundidad.
La entrada de Rodri permitió controlar los últimos minutos.
Y el equipo mantuvo la estructura.
La profundidad de la plantilla
Uno de los aspectos menos comentados de esta España es la profundidad.
Cuando un equipo se convierte en campeón del mundo, normalmente aparecen dudas sobre su capacidad para mantener el hambre.
También aparecen lesiones.
Fatiga.
Cambios generacionales.
Rivales que estudian sus mecanismos.
España, de momento, ha respondido.
El cuerpo técnico continúa introduciendo cambios.
Y el nivel colectivo se mantiene.
Eso indica que la estructura no depende únicamente de los titulares.
El papel de Pedri
Pedri no marcó.
Tampoco fue el jugador que acaparó todos los titulares.
Pero participó en uno de los momentos decisivos.
Su pase filtrado para el segundo gol de Lamine fue una muestra de la importancia de los centrocampistas españoles.
La selección puede tener extremos capaces de desequilibrar.
Pero necesita jugadores capaces de encontrarles.
Ahí aparece Pedri.
La conexión entre el centro y las bandas sigue siendo una de las grandes armas españolas.
Rodri y el control
Rodri entró en la segunda parte.
Y aunque no necesitó protagonismo individual, su presencia representa algo importante.
Control.
La FIFA destacó durante el Mundial la influencia de Rodri como el jugador encargado de marcar el ritmo del equipo.
Eso ayuda a explicar por qué España puede jugar diferentes partidos.
Cuando necesita acelerar, acelera.
Cuando necesita dormir el encuentro, lo duerme.
Cuando necesita recuperar la pelota, presiona.
Cuando necesita conservarla, la conserva.
Ese control es uno de los grandes rasgos de la selección.
El dato que más impresiona
El 4-1 puede impresionar.
El doblete de Lamine también.
Pero quizá el dato que más obliga a reflexionar sea otro.
Cuarenta partidos sin perder.
Eso significa que España ha encontrado una regularidad extraordinaria.
No se trata de un partido brillante.
No se trata de una noche inspirada.
Se trata de una secuencia.
Y una secuencia tan larga obliga a pensar que existe algo estructural detrás.
El estilo no es casualidad
España tiene una identidad.
La posesión no aparece por accidente.
La presión no aparece por accidente.
La salida de balón no aparece por accidente.
La forma de atacar las bandas no aparece por accidente.
Existe una idea.
Luis de la Fuente ha construido un equipo que entiende esa idea.
Y los jugadores la ejecutan.
Eso explica por qué las rotaciones no destruyen el funcionamiento.
La juventud como motor
Hay otro elemento que llama la atención.
España es campeona del mundo y, al mismo tiempo, tiene jugadores extremadamente jóvenes.
Lamine es el símbolo.
Pero no es el único.
Cubarsí.
Huijsen.
Fermín.
Pubill.
Y otros jugadores forman parte de una generación que todavía tiene muchos años por delante.
Eso significa que la selección no parece estar llegando al final de su ciclo.
En realidad, podría estar entrando en una nueva etapa.
La experiencia también está presente
Pero España no es solamente juventud.
Rodri aporta experiencia.
Oyarzabal aporta experiencia.
Fabián.
Cucurella.
Pedri.
Y otros futbolistas han disputado grandes torneos.
Esa combinación puede ser fundamental.
Los jóvenes aportan energía.
Los veteranos aportan experiencia.
Y el cuerpo técnico intenta equilibrar ambas cosas.
El contraste con Argentina
Argentina tiene otra realidad.
Messi sigue siendo una figura central.
La Albiceleste también dispone de una generación competitiva.
Pero la final del Mundial cambió la percepción externa.
España consiguió derrotarla.
Y ahora continúa ganando.
Eso no significa que Argentina haya dejado de ser una potencia.
Ni que un solo partido determine el valor histórico de una selección.
Pero sí significa que, en este momento, España tiene argumentos muy sólidos para ocupar el centro de la conversación.
La prensa argentina no puede ignorarlo
Ese es el punto clave.
Cuando España gana 4-1 a Croacia después de haber derrotado a Inglaterra y después de haber conquistado el Mundial frente a Argentina, el análisis argentino tiene que incorporar esos datos.
No se trata de simpatías.
No se trata de rivalidades.
Se trata de fútbol.
Y el fútbol argentino tiene una tradición demasiado grande como para ignorar a un equipo que está dominando de esta manera.
Por eso la actuación de España genera debate.
Y por eso Lamine Yamal aparece nuevamente en el centro.
Lamine y el Balón de Oro
La actuación contra Croacia también reactivó la conversación sobre el Balón de Oro.
No es una sorpresa.
Cuando un futbolista marca dos goles y da una asistencia con su selección, especialmente después de un Mundial, la discusión aparece automáticamente.
Santi Denia, seleccionador de la República Checa, afirmó recientemente que Lamine es el mejor jugador del mundo en este momento y defendió su candidatura al Balón de Oro.
No se trata de una declaración argentina.
Pero demuestra que el debate ha adquirido una dimensión internacional.
Y España tiene un candidato propio.
Lamine no está solo
El riesgo de convertir todo el análisis en Lamine es que se puede perder la verdadera fortaleza de España.
El equipo.
De la Fuente insistió precisamente en eso después de Croacia.
El talento de Lamine funciona porque está integrado en una estructura.
El extremo recibe.
Pedri encuentra.
Rodri organiza.
Los laterales avanzan.
Los centrales sostienen.
Los extremos intercambian posiciones.
Y los delanteros generan espacios.
La estrella brilla porque el equipo la sostiene.
El recuerdo de Messi
En Argentina, cualquier conversación sobre una joven estrella mundial inevitablemente pasa por Messi.
Lamine ha sido comparado con él desde muy joven.
Pero España ha intentado evitar esa comparación.
El propio De la Fuente ya había señalado antes del Mundial la importancia de que Lamine fuera él mismo y no intentara convertirse en una copia de Messi.
La cuestión sigue vigente.
Lamine tiene su propio estilo.
Y ahora empieza a construir su propia historia.
El Mundial que no fue perfecto para Lamine
Hay una paradoja.
España ganó el Mundial.
Pero Lamine no tuvo necesariamente el torneo individual perfecto que algunos esperaban.
La propia cobertura posterior a la final recordó que el extremo no había brillado individualmente como se esperaba durante el campeonato, aunque se llevó la Copa a casa.
Ahora, después del Mundial, parece haber respondido de la mejor manera posible.
Dos goles contra Croacia.
Una asistencia.
Una actuación decisiva.
Y una progresión que vuelve a situarlo en el centro de todas las conversaciones.
El mensaje de Sevilla
Si hubiera que resumir la noche en una sola frase, sería esta:
España no parece satisfecha.
Ese es el verdadero mensaje.
Podría haberse relajado después del Mundial.
Podría haber perdido intensidad.
Podría haber rotado sin intensidad competitiva.
No ocurrió.
Contra Inglaterra ganó 2-3.
Contra Croacia ganó 4-1.
Dos partidos.
Dos victorias.
Siete goles marcados.
Tres encajados.
Y cuarenta encuentros consecutivos sin perder.
No es una mala manera de empezar la nueva etapa.
La mentalidad del campeón
Los grandes equipos tienen una característica común.
No se conforman con demostrar que pueden ganar.
Quieren demostrar que pueden volver a ganar.
España ya ha hecho eso.
Ganó la Eurocopa.
Ganó la Nations League.
Ganó el Mundial.
Y ahora continúa ganando.
La presión cambia.
Antes quería convertirse en campeona.
Ahora todos quieren derrotarla.
Y esa es una dificultad diferente.
Croacia como examen
Croacia no era un rival menor.
Aunque atraviesa una etapa diferente, sigue teniendo futbolistas de enorme calidad.
Luka Modrić entró en la segunda parte.
Su presencia simboliza una generación croata que durante años compitió por todo.
España no se enfrentó a una selección sin experiencia.
Se enfrentó a un equipo con cultura competitiva.
Y aun así terminó ganando por tres goles de diferencia.
Eso aumenta el valor del resultado.
La noche de Lamine
Hay partidos que un futbolista recuerda durante años.
Para Lamine, Sevilla será uno de ellos.
El primer gol.
El segundo.
La asistencia.
La ovación.
La salida del campo.
La sensación de que el público estaba viendo a una de las grandes estrellas de su generación.
Y todo ello en el primer partido de España como campeona mundial ante su propio público.
No podía haber elegido mejor escenario.
La afición también ganó
El fútbol de selecciones tiene una dimensión emocional diferente.
Los aficionados no ven al equipo cada semana.
Esperan.
Viajan.
Compran entradas.
Preparan banderas.
Y cuando la selección vuelve como campeona del mundo, la emoción se multiplica.
El Sánchez-Pizjuán recibió a España con la Copa.
Rodri y Jesús Navas participaron en la presentación del trofeo.
Y después llegó el fútbol.
La fiesta comenzó antes del primer gol.
Y Lamine se encargó de ampliarla.
La RFEF calificó la jornada como una fecha para el recuerdo y destacó el primer partido de los campeones mundiales en territorio español después del título.
Argentina observa
Y mientras Sevilla celebraba, Argentina observaba.
Eso es inevitable.
La historia reciente conecta a ambos países.
España ganó el Mundial frente a Argentina.
Lamine es una de las nuevas estrellas del fútbol mundial.
Messi sigue siendo el gran referente argentino.
Y ahora las dos selecciones representan dos formas diferentes de entender el fútbol de élite.
Argentina tiene una tradición histórica gigantesca.
España está construyendo un presente extraordinario.
El debate no necesita convertirse en una guerra.
Puede ser simplemente una comparación futbolística.
El respeto después de la rivalidad
Una de las características más interesantes del fútbol es que la rivalidad puede coexistir con el reconocimiento.
Argentina puede seguir defendiendo su historia.
España puede celebrar su presente.
Messi puede seguir siendo una figura incomparable para Argentina.
Lamine puede convertirse en el gran símbolo de la nueva generación española.
No existe contradicción.
El fútbol tiene espacio para todos esos relatos.
Pero cuando una selección gana el Mundial y después encadena victorias, hay que reconocer sus resultados.
Eso es exactamente lo que está ocurriendo.
¿Es España la mejor del mundo?
La respuesta depende del criterio.
Si hablamos de títulos recientes, España tiene argumentos extraordinarios.
Si hablamos de racha, también.
Si hablamos de funcionamiento colectivo, también.
Si hablamos de talento individual, también.
Si hablamos de profundidad de plantilla, también.
Si hablamos de historia, la comparación se vuelve mucho más compleja.
Si hablamos de rankings, hay que acudir al ranking correspondiente y a su fecha concreta.
Por tanto, decir “España es la mejor selección del mundo” puede presentarse como una valoración fundamentada, pero no como una verdad absoluta que elimine toda discusión.
Lo importante es que la Roja tiene argumentos que hacen perfectamente comprensible esa valoración.
La diferencia entre una opinión y un hecho
Un periodista puede decir:
“España es la mejor selección del mundo”.
Eso es una opinión.
Un periodista puede decir:
“España ganó el Mundial 2026”.
Eso es un hecho.
Puede decir:
“España derrotó 4-1 a Croacia”.
Hecho.
“Lamine marcó dos goles y dio una asistencia”.
Hecho.
“España lleva 40 partidos sin perder”.
Hecho.
“Por eso España es la mejor selección del mundo”.
Conclusión analítica.
Separar esas categorías mejora el debate.
Y permite entender por qué el titular tiene fuerza sin convertir una valoración en una estadística.
La noche también perteneció a De la Fuente
Cuando una selección consigue resultados tan importantes, normalmente las estrellas reciben la mayoría de los titulares.
Pero hay un nombre que también merece aparecer.
Luis de la Fuente.
El seleccionador ha conseguido mantener una estructura competitiva.
Ha integrado generaciones diferentes.
Ha dado confianza a jóvenes.
Ha gestionado egos.
Ha mantenido una idea.
Y ha ganado.
Eso último es fundamental.
Los entrenadores pueden tener ideas extraordinarias.
Pero la historia termina midiéndose con resultados.
Y De la Fuente los tiene.
La selección española ya no juega para convencer
Quizá esta sea la transformación más importante.
Durante años, España tuvo que convencer.
Convencer de que su estilo funcionaba.
Convencer de que podía competir.
Convencer de que la nueva generación estaba preparada.
Ahora no necesita hacerlo.
Es campeona mundial.
Eso cambia la perspectiva.
Cada rival llega sabiendo que tendrá que superar a un equipo que ya demostró ser capaz de ganar el torneo más importante.
El peso de la segunda estrella
Las dos estrellas sobre el escudo tienen un significado enorme.
La primera llegó en 2010.
La segunda en 2026.
Entre ambas hay generaciones diferentes.
Pero el fútbol español ha vuelto a alcanzar la cima.
Y ahora la misión es distinta.
No es llegar.
Es mantenerse.
Croacia fue la primera gran prueba en casa
El Mundial se ganó lejos de España.
La final fue en Nueva Jersey.
Por eso el partido de Sevilla tenía un componente simbólico.
Era la primera oportunidad de ver a los campeones frente a su público.
Y la selección respondió con una goleada.
Eso explica la celebración.
No era solo un partido de Nations League.
Era la presentación oficial de la campeona ante su gente.
El futuro ya está llamando
Y lo más llamativo es que todavía queda mucho camino.
España tiene jugadores jóvenes.
Tiene un entrenador consolidado.
Tiene una idea.
Tiene experiencia.
Y tiene títulos recientes.
La pregunta ahora es cuánto tiempo podrá mantener esa combinación.
Ninguna selección permanece en la cima eternamente.
Los ciclos cambian.
Los jugadores se lesionan.
Aparecen nuevas generaciones.
Los rivales encuentran soluciones.
Pero España ha construido una base que parece preparada para competir durante años.
Lamine como símbolo
Lamine Yamal representa la nueva España.
Es joven.
Es creativo.
Es imprevisible.
Y juega con una libertad que recuerda a los grandes extremos de la historia.
Pero lo más importante es que forma parte de una selección campeona.
No necesita cargar él solo con el equipo.
Puede recibir apoyo.
Eso reduce la presión.
Y aumenta sus posibilidades de marcar diferencias.
La imagen que quedó en Sevilla
Lamine abandonó el campo después de haber hecho prácticamente todo.
Dos goles.
Una asistencia.
Una ovación.
España ganaba 4-1.
El público celebraba.
Y la sensación era clara.
La selección no había vuelto del Mundial para vivir de los recuerdos.
Había vuelto para seguir ganando.
Los argentinos y la nueva realidad
Para el fútbol argentino, esta nueva realidad es especialmente interesante.
Durante años, Argentina estuvo acostumbrada a que su selección fuera una referencia mundial.
Con Messi.
Con Scaloni.
Con el Mundial de Qatar.
Con la Copa América.
Con una generación extraordinaria.
Ahora España aparece como una rival directa en el centro del escenario.
La final del Mundial ya dejó esa evidencia.
El 4-1 contra Croacia la refuerza.
Pero esto no significa que Argentina haya dejado de ser una potencia.
Significa que el escenario mundial tiene ahora otro protagonista principal.
España no necesita destruir el legado argentino
Una selección no necesita negar la historia de otra.
Argentina seguirá teniendo dos Mundiales anteriores a 2026.
Seguirá teniendo a Messi.
Seguirá teniendo a Maradona.
Seguirá teniendo una tradición gigantesca.
España simplemente ha añadido una nueva página a su propia historia.
Y esa página es extraordinaria.
La goleada como mensaje
4-1.
Dos goles de Lamine.
Uno de Pubill.
Uno de Nico.
40 partidos invicta.
Campeona del mundo.
Líder de su grupo.
Siete goles en dos partidos posteriores al Mundial.
Ese conjunto de datos explica por qué el debate está tan caliente.
No hace falta exagerar.
Los números ya hablan.
El gran desafío será mantener el nivel
La pregunta ahora no es si España puede jugar bien.
Ya lo ha demostrado.
La pregunta es si puede mantenerlo.
Las próximas jornadas ofrecerán nuevas pruebas.
Los rivales estudiarán a Lamine.
Intentarán bloquear a Pedri.
Intentarán presionar la salida.
Intentarán evitar que España tenga posesiones largas.
Y buscarán atacar los espacios que deje la presión española.
Ahí comenzará otra fase del desafío.
Lamine tendrá que adaptarse
A medida que un futbolista crece, los rivales aprenden.
Ya no habrá defensas que lo descubran por primera vez.
Sabrán qué perfil prefiere.
Dónde recibe.
Cómo encara.
Qué movimientos realiza.
Qué tipo de desmarques busca.
Pero eso también forma parte de la evolución de un jugador.
Los grandes futbolistas aprenden a responder.
Y Lamine está entrando precisamente en esa etapa.
El talento frente al estudio
Croacia conocía a Lamine.
Pero no pudo evitar que marcara dos goles.
Eso demuestra algo importante.
El análisis táctico puede reducir espacios.
Puede obligar a un jugador a recibir lejos.
Puede cerrar líneas.
Pero el talento puede encontrar soluciones.
Lamine encontró dos.
Y España encontró cuatro goles.
La Roja ya tiene una identidad
Quizá este sea el elemento que más diferencia a España.
No depende de una generación concreta.
Tiene una idea reconocible.
Eso permite que aparezcan nuevos jugadores sin destruir el sistema.
Pubill puede marcar.
Nico puede marcar.
Lamine puede marcar.
Pedri puede asistir.
Rodri puede controlar.
Y la selección mantiene su identidad.
El fútbol español está viviendo una etapa excepcional
España tiene ahora dos estrellas mundiales.
Tiene una selección campeona.
Tiene clubes con jugadores de enorme nivel.
Tiene una generación joven.
Y tiene un modelo que sigue produciendo futbolistas capaces de competir al máximo nivel.
No significa que todo vaya a ser perfecto.
Pero sí significa que el momento actual merece ser observado.
El debate no termina en Sevilla
La goleada a Croacia no decide quién será el mejor equipo del mundo durante los próximos años.
Pero sí aumenta los argumentos de quienes consideran a España la referencia actual.
El Mundial pesa.
La racha pesa.
Los resultados recientes pesan.
El funcionamiento pesa.
Y la aparición de Lamine pesa.
Todo eso explica la reacción internacional.
Y explica por qué la conversación también llegó con fuerza a Argentina.
La frase que resume la noche
Si hubiera que elegir una sola idea para explicar el fenómeno, sería esta:
España no ganó solamente a Croacia.
España confirmó que su segunda estrella no es un punto final.
Es un punto de partida.
El Mundial ya está en las vitrinas.
Pero la selección sigue compitiendo como si todavía tuviera algo que demostrar.
Eso es lo que preocupa a sus rivales.
Y eso es lo que entusiasma a sus aficionados.
El campeón que no se relaja
La verdadera grandeza de un campeón se mide después del título.
Porque ganar una final puede ser el resultado de un torneo extraordinario.
Pero mantener la concentración después de tocar la gloria requiere otra mentalidad.
España ha respondido con dos victorias.
Primero en Wembley.
Después en Sevilla.
La primera fue 2-3.
La segunda, 4-1.
Siete goles.
Y un solo mensaje.
La Roja continúa.
El mundo vuelve a mirar a España
Cuando un equipo se convierte en campeón mundial, todos quieren saber si seguirá arriba.
España está respondiendo.
Y lo está haciendo con una mezcla de experiencia y juventud.
Rodri representa el control.
Pedri representa la creatividad.
Nico representa la velocidad.
Lamine representa el desequilibrio.
Y De la Fuente representa la estructura.
La combinación está funcionando.
Argentina tiene una nueva rival
No en el sentido de una enemistad.
En el sentido deportivo.
España es ahora una referencia que Argentina tendrá que considerar en cualquier análisis del fútbol internacional.
La final del Mundial ya lo demostró.
Y la goleada a Croacia ha reforzado esa impresión.
El fútbol mundial está entrando en una nueva etapa.
Y España está en el centro.
Una selección que parece no tener prisa
La España de 2026 no juega como un equipo desesperado.
No necesita correr constantemente.
Puede esperar.
Mover.
Cambiar.
Acelerar.
Y volver a controlar.
Esa paciencia es peligrosa.
Porque obliga al rival a correr detrás del balón.
Y cuando aparece un jugador como Lamine, un segundo de desconcentración puede convertirse en gol.
El factor Sevilla
La ciudad necesitaba una noche así.
El Sánchez-Pizjuán recibió a la campeona.
Y la campeona respondió.
El trofeo apareció.
Las dos estrellas brillaron.
Y Lamine puso el espectáculo.
El resultado final, 4-1, quedará como una de las grandes noches posteriores al Mundial.
El próximo desafío
Ahora toca continuar.
No habrá tiempo para vivir eternamente de la victoria contra Croacia.
La competición sigue.
España deberá demostrar que puede mantener su nivel.
Y cada partido será más exigente.
Porque ahora todos conocen su condición de campeona.
Todos quieren derrotarla.
Y todos estudian a Lamine.
Ese es el precio de estar arriba.
El verdadero significado del 4-1
El marcador dice cuatro goles contra uno.
Pero el partido cuenta mucho más.
Cuenta una selección que mantiene su identidad.
Cuenta un entrenador que continúa confiando en el colectivo.
Cuenta una generación joven que no parece tener miedo.
Cuenta una estrella que vuelve a aparecer.
Cuenta una afición que recibe a sus campeones.
Y cuenta una racha de 40 partidos sin derrota.
Por eso el resultado tiene tanta repercusión.
No es una moda
España no ha aparecido de repente.
La construcción viene de años atrás.
La Eurocopa.
La Nations League.
El Mundial.
El trabajo de las categorías inferiores.
La consolidación de jóvenes.
La continuidad de una idea.
Todo forma parte de la misma historia.
El 4-1 es un capítulo.
No el comienzo.
El futuro de Lamine
Para Lamine, la noche representa otro paso.
No necesita demostrarlo todo en un partido.
Pero cada gran actuación aumenta las expectativas.
Y esas expectativas pueden ser enormes.
El desafío será mantener el equilibrio.
Seguir creciendo.
Seguir aprendiendo.
Y seguir jugando dentro del colectivo.
Si lo consigue, tendrá una oportunidad extraordinaria para convertirse en uno de los grandes protagonistas del fútbol mundial durante los próximos años.
El futuro de España
Para España, el objetivo es todavía más amplio.
No se trata únicamente de tener a Lamine.
Se trata de mantener una generación.
De incorporar nuevos talentos.
De conservar la identidad.
De seguir compitiendo.
Y de evitar la complacencia.
El Mundial ha terminado.
Pero la selección ya ha demostrado que no piensa vivir del recuerdo.
La conclusión que queda en Argentina
Después de todo lo ocurrido, la reacción argentina puede resumirse en una palabra:
respeto.
No porque Argentina haya dejado de ser una potencia.
No porque España sea invencible.
Sino porque los datos obligan a reconocer la realidad.
España es campeona mundial.
Ganó la final contra Argentina.
Después venció a Inglaterra.
Después goleó a Croacia.
Y alcanzó 40 partidos sin perder.
No hace falta construir una historia artificial.
Es suficiente con observar los resultados.
El debate continuará
¿Es España la mejor selección del mundo?
La discusión continuará.
Habrá quienes defiendan a Francia.
Quienes recuerden a Argentina.
Quienes señalen a Brasil.
Quienes hablen de Inglaterra.
Quienes se apoyen en rankings.
Y quienes se apoyen en títulos.
Eso es fútbol.
Pero una cosa parece difícil de discutir.
España está en la cima de la conversación.
Y después del 4-1 contra Croacia, lo está todavía más.
Lamine puso la firma
Dos goles.
Una asistencia.
Una actuación decisiva.
Y una nueva noche de protagonista.
Lamine Yamal salió del Sánchez-Pizjuán con una ovación.
Pero el premio más importante no fue individual.
Fue colectivo.
España ganó.
España dominó.
España celebró.
Y España volvió a demostrar que la segunda estrella sobre el escudo no es decoración.
Es una responsabilidad.
La noche en la que la campeona habló
No hubo necesidad de discursos.
El mensaje estuvo en el césped.
España salió.
Jugó.
Marcó.
Recibió un golpe.
Respondió.
Volvió a marcar.
Sentenció.
Y terminó celebrando.
Eso es lo que hacen las selecciones que quieren permanecer arriba.
No hablan demasiado.
Juegan.
Y el fútbol argentino tomó nota
Porque cuando una selección como España alcanza este nivel, nadie puede ignorarla.
Ni Argentina.
Ni Brasil.
Ni Francia.
Ni Inglaterra.
Ni ninguna otra potencia.
La Roja ha ganado el Mundial.
Y ahora está construyendo algo más.
Una continuidad.
Una identidad.
Una nueva generación.
Y, sobre todo, una sensación de que todavía puede mejorar.
Ese es quizá el detalle más inquietante para sus rivales.
España ganó el Mundial.
Pero no parece satisfecha.
El último mensaje de Sevilla
Cuando Nico Williams marcó el cuarto gol, el partido quedó definitivamente cerrado.
La grada explotó.
Los jugadores celebraron.
Y la campeona del mundo volvió a marcharse con una goleada.
El marcador decía 4-1.
La estadística decía 40 partidos invicta.
El nombre de Lamine aparecía dos veces en la lista de goleadores.
Y el debate internacional volvía a comenzar.
¿Es España la mejor selección del mundo?
No existe una respuesta matemática definitiva.
Pero sí existe una evidencia:
pocas selecciones pueden presentar al mismo tiempo un Mundial ganado, una racha invicta extraordinaria, dos victorias consecutivas ante grandes rivales y un jugador de 19 años capaz de marcar dos goles y asistir en otro en una noche de máxima exigencia.
Por eso los periodistas, analistas y aficionados de otros países vuelven a mirar hacia España.
Por eso Argentina vuelve a discutir sobre la Roja.
Por eso Lamine vuelve a ocupar titulares.
Y por eso Sevilla no fue simplemente una fiesta.
Fue una advertencia.
La campeona del mundo ha vuelto.
Y parece tener hambre.
España no necesita que todos estén de acuerdo con la etiqueta de “mejor selección del mundo”.
Los resultados ya han colocado a la Roja en una posición privilegiada.
El Mundial ya está ganado.
La Nations League continúa.
La racha sigue creciendo.
Y Lamine Yamal continúa haciendo lo que mejor sabe hacer: recibir el balón, levantar la cabeza y encontrar una solución que los demás todavía no habían imaginado.
Croacia sufrió las consecuencias.
Inglaterra ya las había conocido unos días antes.
Argentina las conoció en la final del Mundial.
Y el resto del mundo observa.
Porque esta historia todavía no ha terminado.
En realidad, puede que apenas esté comenzando.