ASÍ SCALONI LLORÓ HOY DELANTE MESSI EN SU ÚLTIMO ENTRENO Y LEO SE ROMPE, LO ABRAZA Y ESTO HACE
Hay días en los que un entrenamiento deja de ser simplemente un entrenamiento. Hay tardes en las que el balón continúa rodando, los jugadores siguen calentando, el cuerpo técnico mantiene sus rutinas y el entrenador continúa corrigiendo movimientos, pero todos saben que algo está terminando.
Eso fue lo que ocurrió este lunes 5 de octubre de 2026 en Ezeiza.
Lionel Messi realizó su último entrenamiento con la selección argentina antes de ponerse por última vez la camiseta albiceleste ante su público. La sesión previa al partido frente a Benín tenía todos los elementos de una práctica normal: gimnasio, calentamiento, ejercicios tácticos, pelota parada y trabajo colectivo. Pero había una diferencia imposible de ignorar.
Era la última.
Y cuando una palabra tan sencilla como “última” se coloca al lado del nombre de Lionel Messi, todo adquiere otra dimensión.
El Predio Lionel Andrés Messi, lugar que desde 2023 lleva el nombre del capitán argentino, fue escenario de una de las jornadas más cargadas de simbolismo de toda la era de Lionel Scaloni. La propia Asociación del Fútbol Argentino informó que el plantel trabajó por la tarde bajo las órdenes del seleccionador y que Messi lideró al grupo en la preparación del partido que se disputará este martes en el Monumental.
Desde fuera podía parecer una sesión más.
Desde dentro, todos sabían que no lo era.
Y ahí aparece Lionel Scaloni.
El entrenador que acompañó a Messi durante la etapa más gloriosa de la historia reciente de Argentina.
El técnico que estuvo al frente cuando llegaron la Copa América de 2021, la Finalissima, el Mundial de Qatar y la Copa América de 2024.
El hombre que compartió con Messi derrotas, críticas, dudas, celebraciones y una final mundialista en 2026 que esta vez terminó con Argentina quedándose a un paso del bicampeonato.
El hombre que ahora tiene que mirar a su capitán sabiendo que, después del martes, ya no volverá a dirigirlo en un partido oficial o amistoso de la selección.
Por eso el titular que habla de lágrimas y de un abrazo tiene tanta fuerza.
Aunque hay que hacer una precisión periodística fundamental: las fuentes públicas disponibles no permiten confirmar literalmente que Scaloni haya llorado delante de Messi durante esa última práctica ni que exista un momento específico en el que Leo lo abrazara después de verlo romperse. Lo que sí está confirmado es que el entrenamiento estuvo rodeado de una enorme carga emocional y que Scaloni había reconocido públicamente que la despedida sería inolvidable.
Y quizá la realidad sea todavía más poderosa que cualquier escena inventada.
Porque no hacía falta fabricar lágrimas.
La historia ya estaba allí.
La última práctica
La tarde comenzó como tantas otras.
Los jugadores llegaron al predio.
Hubo trabajo de gimnasio.
Después, el grupo salió al campo.
La prensa pudo observar los primeros minutos de la sesión y las imágenes mostraron a Messi sonriente, distendido y acompañado por compañeros con los que ha compartido una parte fundamental de su carrera internacional. Telefe describió la práctica como la última antes del partido de despedida ante Benín y destacó precisamente esas últimas sonrisas del número 10 junto a sus compañeros.
Pero cada gesto tenía un significado diferente.
Una sonrisa podía ser una despedida.
Un pase podía convertirse en un recuerdo.
Una conversación podía ser la última de muchas.
Una fotografía podía adquirir valor histórico.
Durante años, Argentina se acostumbró a ver a Messi entrenando con la selección.
Primero como joven promesa.
Después como estrella.
Más tarde como capitán.
Y finalmente como líder absoluto de un grupo que consiguió conquistar los títulos que durante décadas parecieron imposibles.
Ahora el escenario era el mismo.
Pero Messi ya no era el mismo.
Tenía 39 años.
Había anunciado su retirada de la selección.
Y estaba a pocas horas de jugar su último encuentro con la Albiceleste.
La AFA había convertido aquella despedida en un acontecimiento nacional. Su campaña oficial resumió el momento con una frase tan sencilla como poderosa: “El último tango tenía que ser en Argentina”.
No podía ser de otra manera.
Scaloni frente a su capitán
Para Lionel Scaloni, la situación tiene una dimensión todavía más profunda.
Cuando asumió el cargo, Argentina no estaba viviendo su mejor momento.
La selección venía de una etapa complicada.
Messi había sufrido algunas de las derrotas más dolorosas de su carrera con la camiseta nacional.
Había perdido finales.
Había recibido críticas.
Había escuchado que no podía ganar con Argentina.
Había vivido noches en las que parecía que la relación entre el mejor jugador del mundo y su país estaba destinada a terminar de la manera más amarga posible.
Scaloni llegó y cambió el ambiente.
No lo hizo prometiendo milagros.
Lo hizo construyendo un grupo.
Generando confianza.
Recuperando alegría.
Y colocando a Messi en un entorno en el que el argentino pudiera sentirse cómodo.
El resultado fue histórico.
Copa América.
Finalissima.
Mundial.
Otra Copa América.
Y una final mundialista más en 2026.
La derrota frente a España en julio impidió que Argentina levantara otro Mundial consecutivo, pero no borró el legado del ciclo.
La propia AFA describió después aquella generación como una de las más grandes que vistieron la camiseta argentina y señaló a Messi como el faro futbolístico y emocional del equipo.
Por eso es imposible pensar en Scaloni sin pensar en Messi.
Y es imposible pensar en Messi con Argentina sin pensar en Scaloni.
La relación que cambió la historia
Uno de los grandes secretos del ciclo de Scaloni fue precisamente la relación entre entrenador y capitán.
No necesitaban dramatismo.
No necesitaban discursos permanentes.
Había confianza.
Messi sabía lo que el entrenador quería.
Scaloni sabía cómo quería jugar Messi.
El equipo se construyó alrededor de una idea colectiva, pero el número 10 seguía siendo la referencia.
La diferencia respecto a épocas anteriores era que Messi ya no tenía que cargar solo con Argentina.
Había un grupo.
Había compañeros dispuestos a correr.
Había futbolistas capaces de asumir responsabilidades.
Y había un entrenador dispuesto a proteger al capitán.
Esa combinación produjo algunos de los momentos más importantes de la historia reciente de la Albiceleste.
Cuando Messi anunció el adiós
El 31 de agosto de 2026, Messi comunicó oficialmente su retirada de la selección argentina.
Su mensaje fue profundamente emocional.
El capitán explicó que la decisión le dolía “en el alma”, que siempre había dejado todo por la camiseta y que entendía que había llegado el momento de cerrar aquella etapa. También escribió que amó, ama y amará siempre estar en la selección.
No fue una despedida impulsiva.
Fue una decisión meditada.
Después de la final del Mundial, Messi necesitó tiempo.
Había vivido una Copa del Mundo extraordinaria desde el punto de vista individual.
La AFA recuerda que marcó ocho goles y dio cuatro asistencias durante el torneo de 2026, cifras que lo situaron como segundo máximo goleador del campeonato, solo por detrás de Kylian Mbappé.
Pero el título no llegó.
Y después de tantos años, el cuerpo y la mente tenían que procesar una nueva realidad.
Messi decidió entonces cerrar el capítulo internacional.
Pero quiso hacerlo en Argentina.
Frente a su gente.
En el Monumental.
Con la camiseta que tanto le costó conquistar emocionalmente.
La despedida que Scaloni sabía que iba a llegar
Scaloni habló públicamente sobre esa retirada antes de que llegara el momento final.
Y sus palabras ayudan a comprender lo que estaba ocurriendo en Ezeiza.
El entrenador reconoció que Messi es prácticamente imposible de reemplazar.
No solamente por sus goles.
No solamente por sus asistencias.
No solamente por su talento.
Sino por lo que genera.
“Más allá del jugador, lo que él genera adentro y afuera de la cancha no se lo he visto a nadie”, explicó Scaloni.
Esa frase contiene el verdadero significado de la despedida.
Scaloni no estaba hablando únicamente de perder al mejor futbolista de su generación.
Estaba hablando de perder una presencia.
Un líder.
Una referencia.
Una figura capaz de cambiar el estado emocional de todo un vestuario.
Y eso no puede sustituirse con una convocatoria.
No existe una lista de candidatos para ocupar el lugar de Messi.
No hay un jugador que pueda recibir la camiseta número 10 y automáticamente convertirse en Leo.
Por eso Scaloni insistió en otra idea.
Argentina tendría que sustituir a Messi como grupo.
No buscar un nuevo caudillo.
Buscar liderazgo colectivo.
Buscar buenas personas.
Buscar jugadores capaces de asumir responsabilidades.
La selección seguirá.
Pero será otra.
El último entrenamiento adquiere otro significado
Por eso la práctica del 5 de octubre fue tan especial.
No era la primera vez que Messi entrenaba en Ezeiza.
Ni mucho menos.
Aquel predio ha sido parte de su vida durante más de dos décadas.
Allí llegó de joven.
Allí sufrió derrotas.
Allí lloró.
Allí celebró.
Allí preparó finales.
Allí se convirtió en capitán.
Allí regresó después de levantar títulos.
Y allí volvió ahora para despedirse.
La AFA recordó precisamente que el predio lleva su nombre desde 2023.
Es difícil encontrar un escenario más simbólico.
El lugar de formación.
El lugar de concentración.
El lugar de tantas historias.
Y ahora, el lugar de la última práctica.
Messi salió al campo
Las imágenes del entrenamiento mostraron a Messi como siempre.
Con la pelota cerca.
Moviéndose.
Sonriendo.
Rodeado de compañeros.
En un momento que desde fuera podía parecer absolutamente cotidiano.
La Nación describió aquella última práctica como una tarde diferente, con Messi en un escenario que durante más de dos décadas se había convertido prácticamente en su segunda casa.
Y ahí está quizá la verdadera emoción.
No hubo necesidad de un gran espectáculo.
No hacía falta.
El simple hecho de saber que aquella rutina no volvería a repetirse con la camiseta argentina era suficiente.
Messi estaba haciendo exactamente lo mismo que había hecho cientos de veces.
Pero por última vez.
Los compañeros alrededor del 10
Durante la práctica aparecieron varios de los futbolistas que han compartido momentos importantes con él.
Enzo Fernández.
Cristian Romero.
Nicolás Otamendi.
Rodrigo De Paul.
Lisandro Martínez.
Julián Álvarez.
Giovani Lo Celso.
La escena tenía algo de despedida familiar.
No estaban allí solamente como compañeros.
También eran testigos.
Cada uno representa una parte de la historia.
De Paul forma parte de una generación que convirtió la selección en una familia.
Otamendi compartió con Messi algunas de las noches más intensas.
Lo Celso vivió momentos importantes del ciclo.
Julián pertenece a una generación más joven que aprendió de Messi y terminó jugando a su lado.
Cuti Romero representa el futuro defensivo de la selección.
Y Enzo Fernández se convirtió en uno de los rostros de la renovación.
Todos estaban allí.
Y todos sabían que estaban viendo algo irrepetible.
La sonrisa de Messi
Uno de los detalles más llamativos de las imágenes fue precisamente que Messi parecía tranquilo.
No apareció hundido.
No apareció aislado.
No apareció incapaz de continuar.
Sonrió.
Bromeó.
Participó.
Jugó.
Eso coincide con el relato de las crónicas que siguieron la práctica.
Xinhua también describió al capitán sonriente durante varias ocasiones durante la sesión.
Pero una sonrisa no significa ausencia de emoción.
A veces ocurre lo contrario.
Cuando una persona sabe que algo está terminando, puede elegir disfrutar los últimos minutos.
Messi había tomado una decisión.
Ya no necesitaba pelear contra ella.
Solo necesitaba vivirla.
Y Scaloni estaba allí
En el campo, Lionel Scaloni dirigió el entrenamiento.
La AFA confirmó que la sesión incluyó trabajos tácticos y alternativas de pelota parada.
Una rutina normal.
Pero detrás de esa normalidad estaba el final de una era.
Scaloni tenía que seguir siendo entrenador.
Tenía que pensar en Benín.
Tenía que preparar el equipo.
Tenía que decidir quién jugaría.
Tenía que administrar minutos.
Tenía que cuidar físicamente a Messi.
Y al mismo tiempo sabía que aquella era la última vez que preparaba un partido de Argentina con Leo como futbolista de su selección.
Esa contradicción explica la intensidad del momento.
El entrenador debía trabajar.
El hombre debía despedirse.
¿Lloró Scaloni?
Aquí conviene detenerse.
El titular habla de un Scaloni llorando delante de Messi.
Es una imagen poderosa.
Pero no debe confundirse con un hecho confirmado.
Durante la búsqueda de las crónicas publicadas sobre la última práctica no aparece una fuente fiable que describa explícitamente una escena en la que Scaloni se quiebre en lágrimas delante de Messi y Leo lo abrace.
Lo que sí sabemos es que Scaloni ya había mostrado públicamente una enorme carga emocional después de la final del Mundial de 2026.
Tras aquella derrota ante España, el entrenador se emocionó en conferencia de prensa y llegó a llorar mientras hablaba de su futuro y del dolor de la derrota.
Por tanto, sabemos que Scaloni no es ajeno a expresar sus emociones.
Sabemos que el ciclo le importa.
Sabemos que la salida de Messi le afecta.
Y sabemos que él mismo calificó el partido de despedida como un día inolvidable y muy emotivo.
Pero atribuirle una escena concreta de llanto y abrazo en el entrenamiento sería ir más allá de lo que permiten las fuentes.
Y eso no hace menos emocionante la historia.
Lo que sí dijo Scaloni
Tres días antes de la despedida, después de la goleada de Argentina sobre Burkina Faso por 7-0 en el Monumental, Scaloni habló sobre lo que esperaba del martes.
Sus palabras fueron clarísimas.
Dijo que imaginaba un partido muy emotivo.
Para todo el mundo.
Incluido Leo.
Y añadió que sería un día inolvidable.
También explicó que sería el día de Messi y de sus compañeros, aquellos que le habían dado su mayor alegría futbolística.
Esa declaración quizá explica mejor que cualquier vídeo viral lo que estaba pasando en Ezeiza.
Scaloni ya sabía que la emoción iba a llegar.
No necesitaba que nadie se lo contara.
Había vivido demasiadas cosas junto a Messi.
“Será su día”
La frase de Scaloni fue especialmente significativa.
“Será su día”.
El entrenador sabía que el partido frente a Benín no podía ser tratado como un simple amistoso.
Argentina podía ganar.
Podía perder.
Podía jugar mejor o peor.
Pero el resultado no sería lo principal.
La noche pertenecía a Messi.
Después de veinte años, el número 10 tendría la oportunidad de despedirse ante su público.
Y Scaloni quería que la gente entendiera lo que Messi transmite.
De hecho, el técnico pidió algo muy concreto.
Que la gente comprendiera lo que Leo transmite sobre un campo de fútbol.
Porque eso, dijo, sería lo que más iban a extrañar.
Ahí está el verdadero corazón de la despedida.
No se trata solo de perder goles.
Se trata de perder sensaciones.
Lo que Argentina va a extrañar
Scaloni lo explicó con una claridad extraordinaria.
Messi es irreemplazable.
Pero no únicamente por ser Messi.
Es irreemplazable porque su presencia modifica todo.
Los rivales cambian.
Los compañeros se liberan.
El público se enciende.
El partido adquiere otra dimensión.
Una pelota puede convertirse en una ocasión de gol simplemente porque él está cerca.
Un pase puede romper una línea.
Una falta puede cambiar un marcador.
Un movimiento puede atraer a dos defensores.
Y, sobre todo, existe la sensación permanente de que algo puede ocurrir.
Eso es lo que Argentina pierde.
No solamente un futbolista.
Pierde una expectativa.
El último entrenamiento y el peso de veinte años
Messi comenzó su historia con la selección absoluta siendo muy joven.
Desde entonces atravesó una cantidad extraordinaria de torneos.
Mundiales.
Copas América.
Eliminatorias.
Amistosos.
Finales.
Derrotas.
Títulos.
La historia no fue lineal.
Hubo momentos en los que pareció que nunca ganaría nada con Argentina.
Hubo años de críticas.
Hubo una renuncia temporal.
Hubo finales perdidas.
Hubo noches en las que el propio Messi parecía cansado de luchar.
Pero siguió.
La AFA resumió ese recorrido al recordar que Messi dejó todo por la camiseta, incluso durante las etapas más difíciles.
Y ahora ese viaje termina.
La derrota de 2026
La despedida llega después de un Mundial especialmente doloroso.
Argentina alcanzó la final.
Messi volvió a ser decisivo.
Pero España se impuso.
La Albiceleste no pudo repetir el título.
Y Scaloni tuvo que digerir una derrota que dejó abierta incluso la posibilidad de su propia continuidad.
En septiembre, el entrenador explicó que había necesitado tiempo para pensar después de la final y que había analizado tanto los aspectos deportivos como económicos antes de decidir continuar negociando su futuro con la AFA.
Eso significa que el final del Mundial no solo abrió una herida deportiva.
También abrió una etapa de transición.
Y en medio de ella estaba Messi anunciando su adiós.
Scaloni también tiene que reconstruir
La despedida de Messi no significa únicamente que Argentina pierde al mejor jugador de su historia.
Significa que Scaloni debe reconstruir.
Y eso explica por qué los amistosos posteriores al Mundial han tenido una importancia particular.
Argentina ya está probando jugadores.
Ya está buscando nuevas responsabilidades.
Ya está preparando el futuro.
Cristian Romero asumió la capitanía en los partidos sin Messi.
Emiliano Martínez y Lautaro Martínez aparecen como otras alternativas de liderazgo.
La selección no quiere depender de una sola figura.
Quiere construir una nueva estructura.
Pero incluso Scaloni reconoce que sustituir lo que genera Messi será extraordinariamente difícil.
El abrazo que simboliza una era
Aunque no esté confirmado un abrazo específico durante el entrenamiento, resulta inevitable pensar en los abrazos que sí han protagonizado Messi y Scaloni a lo largo de los años.
Abrazos después de una victoria.
Después de un título.
Después de una clasificación.
Después de una derrota.
Después de una final.
En todos ellos existe una historia.
Messi y Scaloni no son simplemente jugador y entrenador.
Formaron parte de una transformación.
Cuando se conocieron en esta etapa, Argentina necesitaba recuperar confianza.
La selección terminó recuperando algo más.
Recuperó identidad.
El ciclo Scaloni
La era de Scaloni quedará asociada inevitablemente a Messi.
El entrenador llegó con dudas.
Algunos consideraban que su nombramiento era una apuesta arriesgada.
Pero construyó un grupo que terminó ganando.
Y ganó de manera histórica.
La Copa América de 2021 fue el primer gran golpe.
Luego llegó la Finalissima.
Después Qatar.
Más tarde la Copa América de 2024.
Y finalmente otra final mundialista en 2026.
Incluso sin conquistar el último trofeo, la generación ya forma parte de la historia.
La AFA lo reconoció después de la final y destacó que Argentina había alcanzado su segunda final mundialista consecutiva.
Y Messi estuvo en el centro de todo.
El hombre que ayudó a Messi a ser feliz con Argentina
Quizá uno de los mayores logros de Scaloni fue conseguir que Messi volviera a disfrutar de la selección.
No todo fue fútbol.
Fue ambiente.
Fue confianza.
Fue cercanía.
Fue un grupo que protegía.
Messi dejó de sentirse obligado a ganar solo.
Empezó a jugar con compañeros que comprendían que la responsabilidad era colectiva.
Y eso permitió que apareciera una versión diferente de Leo.
Una versión más relajada.
Más líder.
Más feliz.
La selección se convirtió en un lugar al que Messi quería regresar.
Eso es parte del legado de Scaloni.
La despedida también pertenece a Scaloni
Por eso resulta imposible separar la despedida de Messi del futuro del entrenador.
Scaloni continúa negociando su renovación.
Ha dicho que tiene ganas de seguir.
La AFA todavía no ha convertido ese futuro en una conclusión definitiva.
Pero el entrenador ha dejado claro que existe predisposición de ambas partes.
Si continúa hasta 2030, tendrá que hacerlo sin Messi.
Ese será probablemente el desafío más importante de la próxima etapa.
No porque Argentina no tenga talento.
Lo tiene.
Sino porque deberá aprender a jugar sin una presencia que durante veinte años condicionó todo.
El número 10 después de Messi
Otra pregunta inevitable es qué ocurrirá con la camiseta número 10.
Scaloni ya había explicado que la camiseta se mantendría reservada para el partido de despedida y que después se decidiría quién la llevará.
Pero ningún número puede reemplazar a quien lo convirtió en símbolo.
La camiseta seguirá existiendo.
El puesto seguirá existiendo.
Los goles seguirán llegando.
La selección continuará.
Pero la era de Messi terminará.
Y eso es exactamente lo que los jugadores sintieron durante aquella práctica.
Messi, último en la fila
Uno de los detalles relatados por La Nación durante el último entrenamiento fue que Messi apareció último en la fila, manteniendo una imagen que se convirtió en característica de aquella tarde.
Puede parecer un detalle insignificante.
No lo es.
Porque durante años Messi fue el último en salir de muchas concentraciones.
El último en entrar al campo.
El último en ser presentado.
El último en abandonar algunas escenas.
Y ahora volvía a estar allí.
Como si el ritual quisiera recordarle que, pese a todo lo que había cambiado, él seguía siendo el mismo jugador que prefería tener una pelota cerca.
El Messi de siempre
Eso fue quizá lo más conmovedor.
El mundo estaba hablando de despedida.
De homenaje.
De veinte años.
De títulos.
De legado.
Pero Messi estaba haciendo lo que siempre hizo.
Jugar.
Sonreír.
Tocar el balón.
Compartir con sus compañeros.
La despedida no cambió su esencia.
Y probablemente eso sea exactamente lo que Scaloni quería.
Que Leo pudiera disfrutar.
Que no tuviera que cargar con todo el peso de la historia.
Que pudiera simplemente ser Messi.
El último partido
Este martes 6 de octubre, Argentina se enfrentará a Benín en el Monumental.
El partido comenzará a las 20.00.
Será el último encuentro de Messi con la selección argentina ante su público.
La AFA ha preparado una noche especial.
Habrá homenajes.
Habrá música.
Habrá miles de aficionados.
Y habrá una camiseta número 10 que será utilizada por última vez por su dueño histórico.
La organización oficial lo ha presentado como una jornada que trasciende el deporte.
No será un amistoso más.
Será una despedida.
El Monumental preparado para Leo
El estadio será el escenario perfecto.
Messi ya tuvo grandes noches con Argentina allí.
Pero ninguna se parecerá a esta.
No habrá clasificación en juego.
No habrá un título en juego.
No habrá una final.
Habrá algo diferente.
La memoria.
Los hinchas acudirán para decir gracias.
Gracias por los goles.
Gracias por las asistencias.
Gracias por los títulos.
Gracias por las lágrimas.
Gracias por haber seguido después de las derrotas.
Gracias por no haber abandonado.
Gracias por haber convertido una camiseta en una parte de la identidad de millones de personas.
Scaloni tendrá que controlar las emociones
Y ahí volvemos al entrenador.
Porque Scaloni tendrá que hacer algo extremadamente difícil.
Dirigir.
Preparar.
Decidir.
Y al mismo tiempo despedirse.
No puede olvidarse de que hay un partido.
Pero tampoco puede fingir que es un partido cualquiera.
La propia AFA recogió su deseo de disfrutar la noche.
El entrenador dijo que hay que vivir estos momentos y que se pueden hacer las dos cosas: trabajar y disfrutar.
Es probablemente la mejor filosofía para esta noche.
Trabajar.
Y disfrutar.
La emoción de una despedida anunciada
Hay despedidas que llegan de repente.
Esta no.
Messi anunció su retiro.
Argentina organizó el partido.
Los jugadores lo sabían.
Los aficionados lo sabían.
Scaloni lo sabía.
La prensa lo sabía.
Y aun así, cuando llegó el último entrenamiento, la emoción apareció.
Eso demuestra que saber que algo terminará no hace que sea más fácil.
Al contrario.
A veces hace que cada minuto pese más.
“Momentos especiales que voy a extrañar”
Después de la práctica, Messi compartió imágenes de su último entrenamiento y dejó un mensaje que resume perfectamente el momento: “Momentos especiales que sé que voy a extrañar”.
No necesitó escribir un discurso.
Esa frase fue suficiente.
Porque la despedida no es únicamente para los aficionados.
También es para él.
Messi sabe lo que está dejando.
Los viajes.
Las concentraciones.
Los compañeros.
Los himnos.
Los entrenamientos.
Las charlas.
Los vestuarios.
Las bromas.
Los partidos.
Los abrazos.
Todo eso desaparecerá.
Al menos en el formato que conoció durante más de veinte años.
Lo que Messi se lleva
Messi se va de la selección con prácticamente todos los títulos posibles.
Fue campeón de América.
Fue campeón del mundo.
Ganó la Finalissima.
Y también fue finalista mundial en 2026.
Su trayectoria con Argentina es histórica.
Pero él mismo dejó claro que se va con recuerdos y momentos inolvidables.
En su carta de despedida agradeció a entrenadores, compañeros y dirigentes y aseguró que se marchaba con orgullo por haber regalado junto a sus compañeros momentos soñados.
Eso dice mucho.
No se atribuyó los éxitos exclusivamente.
Habló del grupo.
Ese ha sido uno de los elementos centrales de su relación con Scaloni.
Lo que Scaloni pierde
El entrenador pierde una herramienta futbolística única.
Pero también pierde algo personal.
Un jugador al que conoce profundamente.
Un futbolista con el que sabe cuándo insistir.
Cuándo descansar.
Cuándo hablar.
Cuándo dejarlo tranquilo.
Cuándo pedirle más.
La relación construida durante años no puede trasladarse automáticamente a otro jugador.
Scaloni tendrá que empezar de nuevo.
Y eso probablemente sea más difícil de lo que parece.
El futuro sin Leo
La Argentina de 2030 tendrá otros nombres.
Quizá Julián Álvarez.
Quizá Lautaro Martínez.
Quizá Enzo Fernández.
Quizá Cuti Romero.
Quizá Nico Paz.
Quizá Franco Mastantuono.
Quizá futbolistas que hoy todavía no conocemos.
La selección seguirá produciendo talento.
Pero ninguno tendrá que ser Messi.
Ese es precisamente el mensaje que Scaloni ha intentado transmitir.
No busca un nuevo caudillo.
Busca un grupo de buenas personas.
Jugadores positivos.
Líderes.
Compañeros.
Futbolistas capaces de responder juntos.
La nueva Argentina no tendrá que encontrar otro Messi.
Tendrá que encontrar su propia identidad.
La herencia de Messi
Y eso es quizá lo más importante que Messi deja.
No solamente goles.
Deja una cultura.
Una exigencia.
Una forma de competir.
Una referencia.
Los jóvenes que ahora llegan a la selección han crecido viendo a Messi.
Han aprendido de él.
Han jugado junto a él.
Y algunos incluso han compartido vestuario desde niños.
La herencia no desaparece cuando el jugador se marcha.
Continúa en quienes lo vieron.
La última foto
En el último entrenamiento hubo muchas cámaras.
La prensa tuvo acceso a los primeros minutos.
Los fotógrafos capturaron a Messi.
Las imágenes muestran a un Leo sonriente.
Pero probablemente esas fotografías se convertirán en mucho más que imágenes deportivas.
Serán documentos históricos.
La última práctica.
La última camiseta de entrenamiento.
Los últimos pases.
Los últimos ejercicios.
Los últimos minutos de Messi con Argentina antes de salir al Monumental.
Todo queda registrado.
El último balón
Hay algo casi poético en pensar que Messi tocó una pelota de fútbol por última vez en un entrenamiento de Argentina sabiendo que ya no habría otra sesión.
El balón no entiende de despedidas.
Continúa rodando.
El jugador también continúa.
Pero el contexto cambia.
Y cada toque adquiere significado.
Eso es lo que convierte un entrenamiento común en una memoria histórica.
La emoción de los compañeros
No hace falta inventar diálogos.
No hace falta atribuir lágrimas a cada jugador.
La presencia de todos junto a Messi ya cuenta una historia.
Los compañeros estaban allí.
Los históricos.
Los jóvenes.
Los que llegaron después.
Los que ganaron títulos.
Los que perdieron finales.
Todos compartieron aquel momento.
Y eso probablemente sea lo que Messi más extrañará.
No solamente competir.
Sino formar parte de un grupo.
El asado antes de la despedida
El domingo, después de incorporarse a la totalidad del grupo, Messi compartió un asado con sus compañeros.
La escena tenía un carácter familiar.
No era una concentración cualquiera.
Era una de las últimas.
El lunes llegó el último entrenamiento.
El martes llegará el último partido.
Y después, el silencio.
No habrá otra convocatoria.
No habrá otro viaje.
No habrá otra concentración para un partido internacional.
La historia se habrá cerrado.
Scaloni y Messi: dos nombres inseparables
Cuando dentro de veinte años alguien revise la historia de la selección argentina de este período, será prácticamente imposible mencionar a Scaloni sin Messi.
El entrenador y el capitán representan una era.
Una era que comenzó en medio de dudas.
Que sobrevivió a las críticas.
Que ganó títulos.
Que perdió finales.
Que volvió a ganar.
Y que terminó con una segunda final mundialista consecutiva.
El último capítulo no tendrá el final perfecto.
Argentina perdió la final de 2026.
Pero el legado permanece.
La emoción que no necesita pruebas
El titular habla de Scaloni llorando.
La realidad documentada habla de algo diferente, pero no menos emocionante.
Habla de un entrenador que reconoce que el jugador que tiene delante es irreemplazable.
Habla de un partido que él mismo anticipó como inolvidable.
Habla de una selección que prepara una despedida histórica.
Habla de Messi escribiendo que va a extrañar esos momentos.
Y habla de un último entrenamiento realizado en un lugar que lleva su propio nombre.
¿Qué más hace falta?
La emoción ya está ahí.
Cuando el entrenador deja de ser solo entrenador
Scaloni puede mantener la concentración.
Puede hablar de tácticas.
Puede discutir sistemas.
Puede analizar a Benín.
Pero también es un ser humano.
Ha vivido con este grupo momentos que ningún entrenador puede olvidar.
Y Messi no es un jugador cualquiera.
Es el capitán.
Es el futbolista que ayudó a darle al entrenador sus mayores éxitos.
Es el hombre que levantó junto a sus compañeros el trofeo más importante.
Por eso, si en algún momento la emoción aparece, no sería extraño.
Pero una cosa es entender la emoción y otra afirmar una escena que no está documentada.
Y ahí está la diferencia entre una historia periodística sólida y una narración inventada.
La verdad detrás del titular
La verdad es que el último entrenamiento de Messi con Argentina fue emocional.
La verdad es que Scaloni estaba allí.
La verdad es que Messi estaba rodeado por compañeros históricos.
La verdad es que la práctica fue su última antes de la despedida.
La verdad es que el entrenador ha reconocido públicamente que será extremadamente difícil sustituir lo que Messi genera.
La verdad es que el propio Messi ha dicho que extrañará esos momentos.
Y la verdad es que Argentina está a punto de cerrar una de las etapas más importantes de su historia.
Eso es suficiente para escribir una gran historia.
No hace falta inventar un abrazo.
No hace falta inventar una conversación.
No hace falta poner palabras en boca de Messi o Scaloni.
El día después
Cuando termine el partido contra Benín, llegará la parte más difícil.
El silencio.
Messi volverá a Estados Unidos.
La selección volverá a concentrarse en otros jugadores.
Scaloni tendrá que pensar en el futuro.
La camiseta número 10 será heredada.
Los jóvenes ocuparán espacios.
Los aficionados comenzarán a acostumbrarse.
Pero habrá una ausencia que se notará.
Cada vez que Argentina tenga una falta cerca del área.
Cada vez que un partido esté bloqueado.
Cada vez que el equipo necesite una genialidad.
Cada vez que un rival retroceda porque teme que Messi reciba.
La ausencia estará allí.
El recuerdo de una generación
La generación de Messi no solo ganó títulos.
Cambió la relación entre la selección y sus aficionados.
Durante años, Argentina vivió con la frustración de las finales perdidas.
Después llegó una generación que convirtió la frustración en celebración.
Messi fue la figura principal.
Scaloni fue el arquitecto desde el banquillo.
Los compañeros fueron los responsables de que el proyecto funcionara.
Y ahora todo eso comienza a convertirse en historia.
La última noche
El Monumental espera.
Miles de aficionados preparan sus camisetas.
Los niños llevarán el número 10.
Los adultos recordarán aquel joven Messi que llegó a la selección.
Los mayores recordarán todo lo que ocurrió antes.
Habrá lágrimas.
Habrá aplausos.
Habrá canciones.
Habrá homenajes.
Habrá un último himno.
Y habrá un último Messi con la camiseta argentina.
Scaloni estará en el banquillo.
Como tantas otras veces.
Pero esta vez sabrá que, cuando el árbitro señale el final, no habrá otro partido.
El abrazo que todos esperan
Quizá por eso la gente imagina un abrazo entre Scaloni y Messi.
Porque necesita un símbolo.
Un gesto capaz de resumir veinte años.
Dos hombres abrazándose después del último partido.
Uno como entrenador.
Otro como capitán.
Ambos conscientes de que la historia se terminó.
No sabemos si ese abrazo ocurrirá.
No podemos afirmar que haya ocurrido ya durante el entrenamiento.
Pero sí sabemos que sería la imagen perfecta para representar una era.
Messi y Scaloni después del pitido final
Cuando llegue el final, el protocolo desaparecerá.
Los jugadores rodearán a Messi.
El público cantará.
La familia estará presente.
El estadio se convertirá en una gigantesca despedida.
Y Scaloni tendrá que mirar al campo y ver algo que durante años parecía imposible.
Messi sin Argentina.
No porque haya una lesión.
No porque haya una sanción.
No porque alguien lo haya apartado.
Sino porque él mismo decidió que era el momento.
Eso hace que la despedida sea diferente.
Es una decisión consciente.
Una última elección del capitán.
La grandeza también está en saber cuándo parar
Messi lo explicó en su carta.
Dijo que se vació.
Que ya no tenía más para dar.
Y que detrás venían jugadores jóvenes que merecían su oportunidad.
Es una forma poderosa de cerrar una carrera.
No huyendo.
No escondiéndose.
No esperando a que alguien lo retire.
Sino eligiendo el momento.
Y haciéndolo en casa.
Scaloni tendrá que aceptar la decisión
Como entrenador, seguramente habría querido seguir teniendo a Messi.
Pero entiende.
Él mismo lo dijo.
Messi es indispensable.
Pero Argentina tiene que continuar.
Y el propio Scaloni tiene que continuar.
Eso es parte del fútbol.
Los grandes jugadores se van.
Los entrenadores cambian.
Los equipos evolucionan.
Los números de las camisetas pasan de una generación a otra.
Lo que permanece es la identidad.
El legado que queda
Messi deja algo que no puede medirse.
No solamente 125 goles antes de esta despedida y más de 200 partidos internacionales, cifras que forman parte de una carrera extraordinaria.
Deja recuerdos.
Deja una generación de jugadores que aprendieron a su lado.
Deja niños que empezaron a jugar al fútbol porque lo vieron.
Deja aficionados que volvieron a creer.
Deja una selección que recuperó orgullo.
Y deja a Scaloni con una responsabilidad enorme.
Continuar.
El entrenador ante la nueva era
La siguiente etapa será probablemente la prueba más compleja de Scaloni.
Hasta ahora, una parte de la identidad estaba vinculada a Messi.
A partir de ahora tendrá que demostrar que la estructura puede mantenerse sin él.
El equipo deberá encontrar nuevas soluciones.
Nuevos líderes.
Nuevas conexiones.
Nuevas formas de atacar.
Pero sin abandonar aquello que convirtió al ciclo en ganador.
La posesión.
La presión.
La solidaridad.
La mentalidad.
La identidad.
Y sobre todo, la capacidad de competir.
El último entrenamiento fue el principio del final
La práctica del lunes no fue el final absoluto.
Fue el principio del final.
El último entrenamiento.
Después llegará el último partido.
Y después, la despedida definitiva.
Por eso aquellas imágenes de Messi sonriente son tan importantes.
No era tristeza absoluta.
Era una mezcla.
Alegría por haber llegado hasta allí.
Nostalgia por lo que se va.
Orgullo por lo conseguido.
Y quizá un poco de miedo por lo desconocido.
Eso es lo que significa cerrar una etapa.
El mensaje de Messi
“Momentos especiales que sé que voy a extrañar”.
Es probablemente la frase que mejor resume todo.
Porque Messi no habló de estadísticas.
No habló de récords.
No habló de títulos.
Habló de momentos.
Eso es lo que queda al final.
Las bromas.
Los viajes.
Los entrenamientos.
Los compañeros.
Los abrazos.
Las canciones.
Los vestuarios.
Los partidos.
Las celebraciones.
Las lágrimas.
Todo eso forma una carrera.
Y Scaloni también extrañará esos momentos
Aunque no haya una declaración de Scaloni diciendo que lloró en aquel instante concreto, sus palabras anteriores permiten entender que la despedida también es personal para él.
Ha dicho que no ha visto a nadie generar lo que Messi genera dentro y fuera del campo.
Ha dicho que será difícil.
Ha dicho que el partido será inolvidable.
Ha pedido disfrutar.
Ha reconocido que lo que más van a extrañar será lo que Messi transmite cuando juega.
No hace falta añadir nada.
El propio entrenador ya explicó la dimensión de la pérdida.
El final de una amistad futbolística
Quizá sea demasiado simplista llamar amistad a la relación entre Messi y Scaloni.
Pero existe algo más que una relación laboral.
Hay confianza.
Hay historia compartida.
Hay respeto.
Hay recuerdos.
Hay victorias que nadie podrá quitarles.
Y también hay derrotas que solo ellos saben cuánto dolieron.
Juntos construyeron una de las mejores etapas de Argentina.
Ahora deben despedirse.
El último día de Leo
Este 6 de octubre quedará marcado.
Argentina contra Benín.
Monumental.
20.00.
Messi.
Último partido.
Más de dos décadas después de su debut internacional, el capítulo se cierra.
La AFA ha preparado una noche especial y el estadio será el escenario de una despedida que ya se presenta como uno de los grandes acontecimientos deportivos del año en Argentina.
No importa demasiado el rival.
No importa demasiado el resultado.
El partido tiene otro significado.
El país entero mira
Argentina ha vivido muchas despedidas.
Pero pocas tendrán la dimensión de esta.
Messi no es solamente un futbolista.
Es una parte de la memoria colectiva de varias generaciones.
Algunos lo vieron debutar.
Otros lo vieron perder finales.
Otros lo vieron levantar la Copa América.
Otros lo vieron levantar el Mundial.
Y los más jóvenes quizá nunca hayan conocido una selección argentina sin él.
Ahora todos compartirán el mismo momento.
El adiós.
La última mirada de Scaloni
Cuando Messi salga al campo, Scaloni estará cerca.
Quizá se crucen las miradas.
Quizá haya un abrazo.
Quizá no.
No podemos saberlo.
Pero sabemos que el entrenador entenderá perfectamente lo que está viendo.
Está viendo el final de una era.
Y también el comienzo de otra.
Una era sin Messi.
Una era que tendrá que construir él.
El fútbol continuará
Eso es lo inevitable.
Después de Messi habrá otro 10.
Después de Scaloni habrá otro entrenador, tarde o temprano.
Después de esta generación habrá otra.
El balón continuará rodando.
Argentina seguirá jugando.
Los Mundiales continuarán.
Los niños seguirán soñando.
Pero algunas etapas no pueden repetirse.
Y la era Messi-Scaloni es una de ellas.
La historia que quedará
Cuando dentro de años se hable de este ciclo, quizá alguien recuerde la Copa América.
Otro recordará Qatar.
Otro recordará la Finalissima.
Otro recordará la final de 2026.
Pero seguramente todos recordarán a Messi.
Y seguramente todos recordarán a Scaloni.
Dos nombres unidos por una selección que recuperó el orgullo.
No fue necesario un último discurso
Quizá la grandeza de aquella última práctica estuvo precisamente en su sencillez.
No hubo un gran discurso público.
No hubo necesidad.
Los jugadores salieron.
Entrenaron.
Se rieron.
Jugaron.
Messi estuvo con el balón.
Scaloni dirigió.
Y el tiempo hizo el resto.
Cada minuto que pasaba era un minuto menos.
Cada pase era uno de los últimos.
Cada fotografía era una página más de la despedida.
La verdadera lágrima
Si hubiera que resumir todo en una sola imagen, quizá la lágrima no tendría que pertenecer necesariamente a Scaloni.
Podría ser la lágrima de un aficionado.
La de un compañero.
La de un niño.
La de un periodista.
La de cualquier argentino que entienda que una parte de su vida deportiva está llegando a su fin.
Porque las despedidas pertenecen a todos.
Messi no se va solo
Se va una generación.
Se va una manera de entender la selección.
Se va una referencia.
Se va el jugador que durante dos décadas fue la primera respuesta cuando alguien preguntaba quién podía cambiar un partido.
Pero Messi deja compañeros.
Deja jóvenes.
Deja una selección campeona.
Y deja una cultura competitiva que ahora deberá continuar.
Scaloni tiene la misión
El entrenador será uno de los responsables de esa transición.
Y probablemente sabe mejor que nadie lo difícil que será.
Pero también sabe que Argentina tiene recursos.
Lo dijo.
Hay jugadores capaces.
Hay líderes.
Hay buenas personas.
Y existe una identidad.
Eso será suficiente para empezar.
No para reemplazar a Messi.
Eso es imposible.
Pero sí para construir algo nuevo.
La última palabra pertenece a Leo
Después de tantos años, quizá lo más apropiado sea volver a las palabras de Messi.
Dijo que siempre dejó todo.
Dijo que ama la selección.
Dijo que va a extrañar escuchar a los argentinos desde dentro.
Y dijo que ahora será uno más de ellos, alentando desde fuera.
Ese es el mensaje.
No se despide de Argentina.
Se despide de jugar por Argentina.
La diferencia es enorme.
Seguirá siendo argentino.
Seguirá apoyando.
Seguirá mirando.
Pero ya no llevará el brazalete dentro del campo.
La última noche será inolvidable
El Monumental estará lleno.
Los aficionados cantarán.
Messi jugará.
Scaloni dirigirá.
Los compañeros acompañarán.
Y cuando llegue el final, habrá un instante en el que todos sabrán que ya no habrá otro.
Ese será el verdadero momento.
No el rumor.
No una supuesta frase.
No una escena inventada.
La realidad.
El abrazo que quedará en la memoria
Quizá finalmente haya un abrazo entre Messi y Scaloni.
Quizá las cámaras lo capturen.
Quizá sea breve.
Quizá dure varios segundos.
Pero si ocurre, no necesitará explicación.
Será el abrazo de un entrenador y su capitán.
De dos hombres que compartieron la etapa más gloriosa de la historia reciente de Argentina.
De dos protagonistas que ayudaron a transformar las lágrimas de las derrotas en celebraciones históricas.
Y de dos personas que saben que una era acaba.
El verdadero final
Por eso, más allá del titular explosivo, la historia real es todavía más poderosa.
Scaloni no necesita romperse delante de Messi para demostrar lo que siente.
Ya lo ha explicado.
Messi no necesita una escena dramática para demostrar que está emocionado.
Ya escribió que extrañará esos momentos.
La AFA no necesita fabricar una despedida.
La ha convertido en un acontecimiento histórico.
Y los aficionados no necesitan que nadie les diga cómo sentirse.
Lo saben.
Porque Messi les dio más de veinte años.
De Ezeiza al Monumental
El camino está marcado.
Último entrenamiento.
Última concentración.
Último partido.
Último himno.
Último minuto.
Última camiseta.
Después, el silencio.
Y cuando vuelva a rodar el balón en otro partido de Argentina, habrá una ausencia.
La número 10 ya no estará.
Pero su historia sí.
Un adiós sin olvidar
Messi se marcha dejando la puerta abierta a una relación diferente con la selección.
Ya no como jugador.
Como aficionado.
Como argentino.
Como leyenda.
Y Scaloni se queda con la tarea de continuar.
No será fácil.
Él mismo lo ha dicho.
Pero el fútbol nunca espera.
Siempre obliga a seguir.
La imagen definitiva
Quizá algún día, cuando esta generación sea historia, alguien vuelva a mirar las fotografías del 5 de octubre de 2026.
Encontrará a Messi sonriente.
Encontrará a sus compañeros.
Encontrará a Scaloni dirigiendo.
Encontrará un campo de entrenamiento.
Y quizá no verá lágrimas.
Pero entenderá que no hacían falta.
Porque sabía que era la última vez.
Y porque todo lo que ocurrió antes ya estaba escrito en cada rostro.
La despedida de un campeón
Messi llega a su último partido con Argentina como lo que siempre fue durante este ciclo: el capitán.
No necesita demostrar nada.
No necesita ganar un nuevo título.
No necesita marcar un gol.
No necesita justificar su lugar.
Ya lo hizo.
La historia está completa.
El Mundial de Qatar.
Las Copas América.
La Finalissima.
Las finales.
Las derrotas.
La recuperación.
El liderazgo.
La segunda final mundialista.
Todo forma parte del mismo recorrido.
Y Scaloni seguirá
Con lágrimas o sin ellas.
Con un abrazo o sin él.
Con Messi dentro del campo o fuera.
Scaloni tendrá que continuar.
Y esa es la verdadera dificultad que comienza después de la despedida.
La selección deberá encontrar una nueva identidad sin su mayor símbolo.
Pero lo hará con la base construida durante estos años.
Una base que incluye trabajo, humildad, compromiso y confianza.
La misma identidad que la AFA destacó después de la final mundialista de 2026.
El último entrenamiento ya es historia
El lunes 5 de octubre de 2026 ya pertenece a la historia.
Fue el último día de Messi entrenando con Argentina.
La última vez que salió al campo de Ezeiza como jugador de la selección.
La última vez que Scaloni dirigió una práctica con él como capitán.
La última vez que varios de sus compañeros compartieron un entrenamiento sabiendo que no habría otro.
Eso es suficiente para convertir una tarde normal en una tarde eterna.
Y ahora, el Monumental
Todo está preparado.
Argentina.
Benín.
Messi.
Scaloni.
Los compañeros.
Los aficionados.
El himno.
El número 10.
La despedida.
Será una noche que probablemente nadie dentro del estadio olvidará.
Y cuando llegue el final, quizá Messi vuelva a abrazar a Scaloni.
Quizá abrace a cada compañero.
Quizá mire al público.
Quizá levante la mano.
Quizá simplemente sonría.
No sabemos exactamente cómo será.
Pero sí sabemos cómo empezó.
Con un último entrenamiento.
Con una pelota.
Con sus compañeros.
Y con Lionel Messi haciendo algo que hizo durante más de veinte años: representar a Argentina.
La historia no termina aquí
Porque aunque Messi se retire de la selección, su historia con Argentina no termina.
Cambiará de forma.
Ya no habrá convocatorias.
Pero habrá recuerdos.
Habrá vídeos.
Habrá fotografías.
Habrá goles.
Habrá títulos.
Habrá generaciones que seguirán hablando de él.
Y habrá un entrenador que podrá mirar atrás y decir que tuvo el privilegio de dirigir al mejor jugador de su generación en el momento más exitoso de su historia internacional.
Ese entrenador es Lionel Scaloni.
Y ese jugador es Lionel Messi.
El abrazo que resume todo
Quizá el verdadero abrazo no sea el que aparece en una fotografía.
Quizá sea el abrazo simbólico de dos etapas.
El Messi que llegó como joven promesa.
El Messi que se marchó como leyenda.
El Scaloni que llegó con dudas.
El Scaloni que se convirtió en campeón.
Dos caminos que se cruzaron en el momento perfecto.
Y que ahora tienen que separarse.
La última vez
Por última vez, Messi se puso la ropa de entrenamiento de Argentina.
Por última vez, compartió campo con sus compañeros.
Por última vez, escuchó las indicaciones de Scaloni en una práctica.
Por última vez, preparó un partido con la Albiceleste.
Mañana será diferente.
Será el último partido.
Y después, nada volverá a ser exactamente igual.
El verdadero mensaje
El mensaje más fuerte de toda esta despedida no es una supuesta frase privada.
Es una frase pública.
“Momentos especiales que sé que voy a extrañar”.
Eso dijo Messi.
Y esas palabras bastan.
Porque también las extrañarán sus compañeros.
Las extrañará Scaloni.
Las extrañarán los aficionados.
Y las extrañará un país entero.
Gracias, Leo
La AFA ya ha construido su despedida bajo el concepto “Gracias, Leo”.
No podía existir una expresión más sencilla.
Porque después de veinte años, eso es lo que queda.
Gracias.
Gracias por no abandonar.
Gracias por continuar.
Gracias por ganar.
Gracias por perder y volver.
Gracias por representar a Argentina.
Gracias por levantar el Mundial.
Gracias por las Copas América.
Gracias por cada gol.
Gracias por cada asistencia.
Gracias por cada partido.
Y gracias por permitir que millones de personas soñaran contigo.
El último abrazo será suficiente
Si finalmente Scaloni y Messi se abrazan en el Monumental, no hará falta ninguna frase.
No hará falta explicar lo que sienten.
No hará falta una cámara lenta.
No hará falta música.
La imagen hablará por sí sola.
El entrenador.
El capitán.
La era.
El final.
Y después, el futuro.
La última palabra
La última palabra no pertenece al titular.
Tampoco pertenece al rumor.
Pertenece a la historia.
Y la historia dice que Lionel Messi está viviendo sus últimas horas como jugador de la selección argentina.
Dice que realizó su último entrenamiento el lunes 5 de octubre.
Dice que el martes 6 jugará ante Benín en el Monumental.
Dice que Scaloni estará al frente.
Dice que sus compañeros estarán a su lado.
Y dice que, después de más de dos décadas, una de las historias más extraordinarias del fútbol argentino está llegando a su final.
Quizá Scaloni llore.
Quizá Messi llore.
Quizá ambos se abracen.
Quizá no.
Pero una cosa es segura.
Cuando el árbitro marque el final y Lionel Messi mire por última vez a las tribunas del Monumental con la camiseta argentina puesta, nadie necesitará que le expliquen lo que significa ese instante.
Será el adiós.
El adiós de un jugador que convirtió la camiseta número 10 en parte de la identidad de un país.
El adiós del capitán.
El adiós de una generación.
Y también el adiós del futbolista que, junto a Lionel Scaloni y a un grupo extraordinario de compañeros, consiguió transformar años de dolor en una época de gloria.
No hace falta inventar lágrimas para que duela.
No hace falta inventar un abrazo para que emocione.
La historia real ya es suficientemente grande.
Porque después de veinte años, Lionel Messi no se marcha de Argentina como un jugador más.
Se marcha como una leyenda.
Y Lionel Scaloni tendrá que seguir.
Pero antes de empezar a construir el futuro, tendrá que despedirse del hombre con el que construyó el pasado.
El martes, cuando el Monumental se quede en silencio después del último pitido, quedará una certeza:
el último partido de Messi con Argentina habrá terminado, pero la era Messi nunca terminará en la memoria de quienes la vivieron.