BERRETA: Lo que NADIE DICE sobre el Homenaje a Messi y el Futuro de Tapia en el Fútbol Argentino
Hay noches que pertenecen a un futbolista. Hay noches que pertenecen a una camiseta. Y hay noches que, sin que nadie lo haya planeado de esa manera, terminan funcionando como una radiografía completa de un país futbolero. La despedida de Lionel Messi de la Selección Argentina en el estadio Monumental fue exactamente eso. Una fiesta para despedir al capitán, un reconocimiento a una carrera que ya forma parte de la historia universal del deporte y, al mismo tiempo, una escena incómoda para la dirigencia del fútbol argentino.
Porque mientras más de 85.000 personas se reunían para decirle adiós a Messi, otro mensaje empezó a recorrer las tribunas. Esta vez no estaba dirigido al número 10. Estaba dirigido al presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, Claudio “Chiqui” Tapia.
Y ahí aparece la verdadera historia que dejó aquella noche.
Argentina ganó 3-0 a Benín. Messi marcó de penalti y participó en los otros dos goles. El capitán jugó su último encuentro con la camiseta albiceleste después de 21 años de trayectoria internacional, cerrando una etapa que incluye la Copa América de 2021, la Finalissima de 2022, el Mundial de Qatar y la Copa América de 2024. FIFA y otros organismos deportivos sitúan su balance definitivo en 208 partidos y 126 goles con la Selección.
Pero el resultado fue casi un detalle frente a la magnitud emocional de la despedida.
Messi lloró durante el himno. Abrazó a sus hijos. Habló durante varios minutos. Miró las tribunas. Agradeció. Y, sobre todo, dejó la sensación de que no estaba simplemente terminando una carrera internacional, sino cerrando una historia que durante años había sido una fuente permanente de debate para la sociedad argentina.
La AFA había preparado un espectáculo de grandes dimensiones. La organización había bautizado la jornada como “El último tango del 10”. Hubo música, vídeos, efectos visuales, drones, pirotecnia y una serie de actos destinados a convertir el último partido de Messi en una ceremonia histórica. La propia AFA había presentado el encuentro como el capítulo final de una relación de más de dos décadas entre el jugador y la Selección.
Y, sin embargo, cuando llegó el momento de mirar más allá de Messi, apareció una pregunta que no puede ignorarse.
¿Qué significa esta despedida para Claudio Tapia?
La respuesta no está en un comunicado oficial. Tampoco existe, hasta ahora, ninguna decisión que permita afirmar que Tapia vaya a abandonar la presidencia de la AFA antes de terminar su mandato. Todo lo contrario: fue reelegido en 2024 y su período en la AFA está establecido hasta 2028 según la información oficial de la asociación.
Pero una cosa es la duración formal de un mandato y otra muy distinta es el clima político, institucional y emocional que rodea a una dirigencia.
Y eso es exactamente lo que cambió durante la despedida de Messi.
La noche que debía ser exclusivamente del ídolo terminó convirtiéndose también en un termómetro de la relación entre la hinchada y la conducción del fútbol argentino.
EL ÚLTIMO BAILE DE MESSI Y EL PRIMER GRAN PROBLEMA DE TAPIA
Durante semanas, la AFA había trabajado para convertir el partido contra Benín en una celebración inolvidable.
No era difícil entender el objetivo.
Messi había anunciado su retiro de la Selección después de la derrota de Argentina ante España en la final del Mundial de 2026. A los 39 años, después de seis Mundiales y más de dos décadas defendiendo la camiseta albiceleste, había decidido cerrar una historia que empezó mucho antes de convertirse en el jugador que todo el mundo conoce.
La AFA respondió organizando una despedida a la altura de la dimensión de Messi.
El propio Tapia había utilizado públicamente la expresión “último tango” para promocionar el encuentro. La organización creó además el Fan Fest “Gracias, Leo”, con música, gastronomía, juegos, experiencias interactivas, invitados y la transmisión del partido en una pantalla gigante.
Todo estaba pensado para que la noche fuera perfecta.
Y en cierto sentido lo fue.
Messi recibió el cariño que esperaba. La gente llenó el Monumental. El partido terminó con una victoria. El capitán marcó un gol. Dio asistencias. Sus compañeros lo abrazaron. El público lo ovacionó. Las imágenes dieron la vuelta al mundo.
Pero hubo una grieta.
Una grieta que no tenía relación con Messi.
Antes incluso de que comenzara el partido aparecieron cánticos contra Claudio Tapia. La Nación informó que el presidente de la AFA fue reprobado desde las tribunas y que los cánticos se extendieron por diferentes sectores del estadio. Otros medios argentinos también documentaron el episodio.
No se trata de convertir ese episodio en una explicación absoluta sobre el futuro de la AFA.
Sería irresponsable.
Pero tampoco sería periodísticamente serio ignorarlo.
Porque el dato importante no es simplemente que un grupo de aficionados insultara a Tapia. En el fútbol argentino eso, por sí solo, no sería una novedad extraordinaria.
Lo relevante es el contexto.
Ocurrió durante el homenaje al jugador más querido de la Selección. Ocurrió en un estadio completamente concentrado en Messi. Ocurrió en una noche diseñada para representar la continuidad de un proyecto deportivo que durante años estuvo asociado a la gestión de Tapia.
Y ocurrió justo cuando esa asociación comenzaba a mostrar signos de desgaste.
EL DETALLE QUE CAMBIÓ LA LECTURA DE LA NOCHE
La organización había previsto que Tapia y Alejandro Domínguez, presidente de la CONMEBOL, entregaran regalos a Messi después del encuentro.
Ese momento estaba incluido en el programa del homenaje.
Sin embargo, según la reconstrucción publicada por La Nación, Tapia terminó entregando los obsequios a Messi en otro espacio del Monumental, lejos del centro del campo, después de que la reacción del público hiciera inviable su aparición en el escenario principal del homenaje.
Este episodio es probablemente uno de los elementos más simbólicos de toda la noche.
Porque Messi estaba en el centro del campo.
Messi recibía el reconocimiento.
Messi era abrazado por sus compañeros.
Messi tenía a todo el estadio detrás.
Y Tapia aparecía, en cambio, enfrentado a una situación que la AFA no podía controlar mediante un vídeo institucional, una campaña promocional o una puesta en escena.
El fútbol argentino había hablado desde las tribunas.
Y eso merece ser analizado.
No porque las tribunas tengan siempre razón.
No porque una protesta deba convertirse automáticamente en una sentencia política.
Sino porque el fútbol argentino tiene una característica particular: la legitimidad de sus dirigentes no depende únicamente de los estatutos. También depende de la percepción que existe alrededor de la Selección, de los clubes, de los hinchas y de los protagonistas.
Durante los años de mayor éxito de Argentina, Tapia disfrutó de una asociación extremadamente poderosa.
Messi.
Scaloni.
La Selección.
Los títulos.
La Copa del Mundo.
La Copa América.
El regreso de la Argentina a la cima.
La AFA convirtió esos éxitos deportivos en parte central de su narrativa institucional. La propia asociación recuerda que desde la llegada de Tapia en 2017 la Selección ganó la Copa América 2021, la Finalissima 2022, el Mundial de Qatar y la Copa América 2024.
Pero aquí aparece la cuestión que quizá resulte más incómoda.
¿Puede sobrevivir una dirigencia al final de la generación que convirtió sus resultados en una fuente extraordinaria de legitimidad?
La respuesta todavía no se conoce.
Y precisamente por eso la despedida de Messi puede ser mucho más importante para Tapia de lo que parece.
CUANDO MESSI DEJA DE SER UNA BANDERA POLÍTICA Y PASA A SER HISTORIA
Durante años, Messi fue mucho más que un jugador para la AFA.
Fue una bandera.
Su imagen apareció vinculada al Predio de Ezeiza, rebautizado como Predio Lionel Andrés Messi. Su figura fue utilizada en campañas, torneos formativos y proyectos institucionales. En septiembre de 2026, por ejemplo, la AFA anunció que el torneo formativo para jugadores nacidos en 2017 llevaría el nombre de Lionel Andrés Messi por decisión unánime de las instituciones participantes.
Eso muestra la dimensión institucional que alcanzó el nombre del capitán.
Pero ahora existe una diferencia fundamental.
Messi ya no juega para Argentina.
La AFA puede continuar utilizando su legado.
Puede homenajearlo.
Puede poner su nombre a torneos.
Puede exhibir sus imágenes.
Puede construir espacios relacionados con su historia.
Pero ya no puede contar con la presencia del futbolista en el terreno de juego para renovar, partido tras partido, aquella conexión emocional.
Y ese vacío no es menor.
Porque mientras Messi estuvo presente, cualquier partido de Argentina tenía una narrativa adicional.
Si Argentina ganaba, Messi estaba allí.
Si Argentina perdía, Messi estaba allí.
Si había una polémica, Messi aparecía en el centro.
Si llegaba un título, Messi levantaba la copa.
Si había una generación nueva, Messi servía de puente.
Ahora ese puente desaparece.
El próximo gran desafío de la AFA no será organizar una despedida.
Será demostrar que el fútbol argentino puede seguir siendo competitivo sin depender de la existencia de un jugador irrepetible.
EL PROBLEMA NO ES ENCONTRAR “OTRO MESSI”
Esta es una de las grandes trampas del debate.
Argentina no necesita encontrar otro Messi.
Nadie puede.
Lo que necesita es encontrar una estructura capaz de producir una nueva generación sin esperar que uno de sus futbolistas cargue con todo el peso simbólico de la Selección.
Ahí aparece Lionel Scaloni.
El entrenador ha sido una de las piezas fundamentales del ciclo ganador.
Pero su futuro también genera preguntas.
En agosto de 2026, Tapia declaró que su “plan A, B y C” era Scaloni y manifestó su deseo de que el técnico continuara al frente de la Selección.
La frase es importante porque revela algo que va más allá de una simple preferencia deportiva.
Para Tapia, mantener a Scaloni significa conservar parte de la estructura que convirtió a la Selección en una potencia competitiva.
Pero el propio Scaloni dejó abierta la posibilidad de replantearse su continuidad después del Mundial.
Y ahí aparece otro elemento delicado.
Si Messi es el final de una era y Scaloni también decide marcharse, Tapia tendría que gestionar no uno, sino dos cambios estructurales.
El capitán.
El entrenador.
Dos figuras asociadas de manera inseparable a la etapa más exitosa de la AFA moderna.
Por eso el futuro de Tapia no puede analizarse únicamente a partir de los cánticos del Monumental.
Hay que mirar el tablero completo.
TAPIA TIENE TIEMPO. Y ESA ES LA PARTE QUE MUCHOS OMITEN
Aquí es donde el titular “el futuro de Tapia” puede inducir a error si se interpreta como una salida inmediata.
No existe actualmente una decisión oficial que indique que Tapia vaya a dejar la presidencia de la AFA como consecuencia de la despedida de Messi.
En octubre de 2024, la AFA informó oficialmente que Tapia había sido reelegido y que continuaría al frente de la institución hasta octubre de 2028.
Por tanto, cualquier afirmación del tipo “Tapia está fuera” o “Tapia será reemplazado inmediatamente” carecería de base suficiente.
Pero tampoco significa que su futuro esté completamente cerrado.
La política del fútbol argentino se mueve mucho antes de las fechas formales.
Los apoyos se construyen.
Las alianzas se negocian.
Los clubes observan.
Las ligas del interior pesan.
Los grandes clubes tienen capacidad de influencia.
Y los resultados de la Selección son una moneda política de enorme valor.
Tapia lo sabe.
De hecho, antes del Mundial ya había hablado de su deseo de continuar en el cargo durante el ciclo que conduce hacia 2030. En una entrevista difundida en agosto, manifestó que le gustaría ser presidente de la AFA para el Mundial de 2030, torneo en el que Argentina será uno de los países anfitriones. En esa misma intervención se señaló que las elecciones están previstas para julio de 2027.
Ahí aparece la verdadera clave.
No es 2026.
Es 2027.
2027: EL AÑO QUE PUEDE CAMBIARLO TODO
Si hay una fecha que conviene marcar en el calendario del fútbol argentino, es 2027.
No porque esté garantizada una crisis.
No porque exista un candidato confirmado que vaya a derrotar a Tapia.
No porque la despedida de Messi determine automáticamente una elección.
Sino porque será el momento en que la continuidad del proyecto deberá enfrentarse a una realidad nueva.
Messi ya no estará.
La Selección deberá construir otra identidad.
Scaloni podría continuar o podría no hacerlo.
Y Tapia deberá defender ante los dirigentes el valor de su gestión sin poder utilizar de la misma manera el argumento emocional de la presencia permanente del número 10.
Eso cambia la conversación.
Durante años, la ecuación fue relativamente sencilla:
resultados + Messi + Scaloni = legitimidad.
Ahora la ecuación debe evolucionar.
resultados + proyecto + formación + gestión + nueva generación = continuidad.
Ese cambio es mucho más profundo de lo que parece.
Porque una administración puede sobrevivir a la salida de una estrella.
Lo difícil es demostrar que el proyecto existe independientemente de esa estrella.
LA AFA QUIERE HABLAR DE CONTINUIDAD
La propia AFA intenta presentar su gestión desde una perspectiva de continuidad institucional.
En marzo de 2026, al cumplirse nueve años de la llegada de Tapia, la asociación publicó un balance en el que destacó la reorganización institucional, el crecimiento deportivo, la modernización administrativa, la federalización y el desarrollo de las selecciones juveniles y femeninas.
Ese discurso tiene lógica.
Porque Tapia necesita que su legado sea algo más que Messi.
Necesita que cuando alguien piense en su presidencia recuerde también infraestructura, selecciones juveniles, fútbol femenino, desarrollo regional, relaciones internacionales, ingresos comerciales y modernización institucional.
La AFA sostiene precisamente esa narrativa.
El problema es que los aficionados no necesariamente valoran una administración utilizando las mismas métricas.
Para un dirigente, una reforma administrativa puede ser importante.
Para un hincha, el precio de una entrada puede ser más importante.
Para un club pequeño, una obra de infraestructura puede cambiarlo todo.
Para una hinchada de Primera, la posibilidad de recibir visitantes puede convertirse en un símbolo de normalidad.
Para una Selección, ganar títulos es la medida definitiva.
Y para millones de argentinos, Messi fue durante años la representación emocional de todo eso.
Por eso la salida del capitán deja un vacío también comunicacional.
La AFA necesita construir un nuevo relato.
EL LEGADO DE MESSI NO PERTENECE A TAPIA
Esta es probablemente la parte más importante.
Messi pertenece a Argentina.
No a una dirigencia.
No a una presidencia.
No a un Comité Ejecutivo.
No a una administración.
No a una elección.
La AFA puede organizar su homenaje.
Puede administrar sus archivos.
Puede utilizar su nombre en proyectos.
Pero el significado histórico de Messi excede por completo cualquier estructura institucional.
Eso explica por qué la noche del Monumental tuvo una fuerza que ningún dirigente podía controlar.
Cuando Messi habló, el estadio escuchó.
Cuando Messi lloró, el estadio lloró.
Cuando Messi marcó el penalti, el estadio celebró.
Cuando sus hijos entraron en escena, el estadio volvió a emocionarse.
Era una relación directa entre un futbolista y un país.
Y esa relación no necesita intermediarios.
El propio Messi lo explicó en su despedida.
Después de 21 años, habló desde la gratitud y dejó claro que vestir la camiseta argentina había sido una de las cosas más importantes de su vida.
Su último partido terminó 3-0 ante Benín, con un gol y dos asistencias. Más de 85.000 espectadores fueron testigos del cierre.
Ese es el legado.
No una fotografía institucional.
No una campaña.
No un dirigente.
El jugador.
La persona.
La historia.
EL MOMENTO MÁS DIFÍCIL PARA TAPIA
La cuestión no es si Tapia puede soportar unos cánticos.
Claro que puede.
La cuestión es si esos cánticos representan algo más profundo.
La Nación interpretó la reacción del Monumental como una señal de desgaste político para el presidente de la AFA y destacó que la salida de Messi elimina una de las principales figuras que habían acompañado el ciclo de éxitos.
Esa lectura debe entenderse como una interpretación periodística, no como una sentencia definitiva.
Pero es una interpretación relevante.
Porque una dirigencia no cae simplemente porque un estadio la silbe.
Cae cuando pierde apoyos institucionales.
Cae cuando pierde capacidad de gestión.
Cae cuando aparecen alternativas creíbles.
Cae cuando los resultados dejan de compensar los problemas.
Cae cuando los clubes comienzan a pensar que existe una opción mejor.
Y sobre todo, puede empezar a debilitarse cuando su narrativa deja de convencer.
Por eso sería prematuro hablar de “final” para Tapia.
Pero sería igualmente ingenuo actuar como si nada hubiera ocurrido.
Algo ocurrió.
El público dejó un mensaje.
Y el mensaje llegó.
EL FÚTBOL ARGENTINO DESPUÉS DE MESSI
El día después de la despedida empieza una etapa completamente distinta.
La Selección deberá encontrar nuevas referencias.
Nico Paz aparece como uno de los nombres señalados para ocupar un papel importante en la próxima generación. Franco Mastantuono también forma parte de la conversación sobre el futuro ofensivo del equipo. La discusión sobre la camiseta número 10 ya forma parte del debate posterior a Messi, aunque Scaloni había indicado que esa decisión debía esperar.
Pero reducir el futuro argentino a un nombre sería cometer el mismo error que se cometió durante años: buscar una solución individual para un problema colectivo.
Argentina no necesita un sustituto de Messi.
Necesita un equipo que pueda funcionar sin Messi.
Necesita mantener la capacidad competitiva.
Necesita desarrollar jugadores.
Necesita fortalecer los clubes.
Necesita conservar el trabajo de las categorías juveniles.
Necesita garantizar que el talento pueda llegar a la Selección.
Necesita resolver problemas estructurales del fútbol local.
Y necesita que la AFA pueda explicar hacia dónde va.
Ese será el verdadero examen de Tapia.
No una ovación.
No un silbido.
No un homenaje.
Un proyecto.
EL ÉXITO DE LA ERA MESSI TAMBIÉN ES EL DESAFÍO DE LA ERA POST-MESSI
Existe una paradoja.
Cuanto más exitosa fue la Selección durante la presidencia de Tapia, más difícil resulta administrar el período posterior.
Porque los aficionados ya no aceptan simplemente competir.
Quieren ganar.
La vara subió.
Argentina fue campeona de América.
Fue campeona del mundo.
Volvió a conquistar la Copa América.
Llegó a otra final mundialista.
Messi terminó convirtiéndose en campeón del mundo después de años de críticas.
Scaloni pasó de ser una apuesta discutida a convertirse en uno de los entrenadores más exitosos de la historia moderna de la Selección.
Todo eso cambió las expectativas.
Ahora cualquier ciclo posterior será comparado con ese período.
Y esa comparación será brutal.
Si Argentina pierde en cuartos de final, aparecerán preguntas.
Si queda eliminada en fase de grupos, aparecerán muchas más.
Si cambia el entrenador, se analizará la decisión.
Si la nueva generación tarda en funcionar, habrá presión.
Si los dirigentes no encuentran respuestas, el debate político crecerá.
Por eso Tapia necesita algo más que defender su pasado.
Necesita convencer sobre el futuro.
¿Y QUÉ PASA CON SCALONI?
El futuro del entrenador es probablemente una de las variables más importantes.
Tapia ha dejado claro públicamente que quiere que Scaloni continúe.
“Mi plan A, B y C es Scaloni”, dijo el presidente de la AFA en agosto.
Eso revela que, desde el punto de vista dirigencial, la continuidad del técnico es considerada una prioridad.
Tiene sentido.
Scaloni conoce a la generación.
Conoce el funcionamiento interno.
Conoce la presión.
Conoce a los jugadores.
Conoce la estructura.
Y tiene un capital deportivo enorme.
Pero también existe una realidad humana.
Después de años de trabajo, títulos y una presión extraordinaria, el entrenador puede necesitar descanso o un cambio.
Si Scaloni decide quedarse, Tapia gana estabilidad.
Si Scaloni decide irse, el presidente tendrá que elegir al entrenador más importante de la transición.
Y ahí sí aparecerá una decisión capaz de marcar una época.
Porque contratar al sucesor de Scaloni no será como contratar a cualquier técnico.
Será contratar al hombre que deberá construir una Selección después de Messi.
Eso es una responsabilidad gigantesca.
EL ERROR SERÍA CONFUNDIR MESSI CON LA AFA
Durante años se produjo una asociación natural entre la Selección y la dirigencia.
Pero Messi nunca fue la AFA.
Scaloni tampoco.
La AFA es una estructura institucional mucho más amplia.
Incluye clubes, ligas, selecciones, competiciones, árbitros, fútbol femenino, juveniles, futsal y una enorme red de intereses.
Tapia representa esa estructura.
Por eso la salida de Messi no significa la salida de Tapia.
Pero sí significa que Tapia pierde una pieza extraordinaria de su narrativa.
Y esa diferencia es fundamental.
Un periodista puede observar que la despedida de Messi dejó expuesto al presidente.
Pero no puede afirmar que la despedida haya provocado el final de su mandato.
No hay evidencia de eso.
Un dirigente puede decir que su proyecto continuará.
Pero tampoco puede suponer que el apoyo emocional de los últimos años permanecerá intacto.
La realidad se encuentra en medio.
EL “BERRETA” DEL TÍTULO Y LA REALIDAD
La palabra “berreta” en el título funciona como una provocación.
Sugiere que hay algo superficial, algo barato, algo construido para la foto.
¿Fue así el homenaje?
La respuesta tampoco puede reducirse a un sí o un no.
La despedida tuvo elementos comerciales y de espectáculo. Eso es evidente. Hubo un Fan Fest, música, patrocinadores, activaciones de marca, entretenimiento y una puesta en escena diseñada para un evento masivo. La propia AFA promocionó estas actividades como parte integral de la celebración.
Pero eso no significa que el homenaje fuera falso.
El fútbol moderno funciona de esa manera.
Los grandes acontecimientos combinan emoción, televisión, patrocinadores, marketing y espectáculo.
Lo importante es saber dónde termina la puesta en escena y dónde empieza la emoción auténtica.
En el caso de Messi, la emoción no necesitaba ser fabricada.
Estaba allí.
Se vio en las lágrimas del jugador.
En sus hijos.
En sus compañeros.
En los aficionados.
En el silencio antes del himno.
En la ovación.
En su último gol.
En el abrazo final.
Eso no lo fabrica ningún departamento de marketing.
EL PROBLEMA REAL NO FUE EL HOMENAJE
El problema real, si queremos hablar con rigor, no fue que la AFA organizara un homenaje espectacular.
El problema potencial para Tapia está en otra parte.
Es qué hará después.
Porque una organización puede preparar el homenaje más hermoso del mundo y, al día siguiente, encontrarse con el mismo problema estructural.
¿Cómo reemplazar la presencia de Messi?
¿Cómo garantizar la continuidad de Scaloni?
¿Cómo mantener la competitividad?
¿Cómo recuperar parte del vínculo con los aficionados que cuestionan a la dirigencia?
¿Cómo construir un nuevo relato?
¿Cómo llegar a 2030 con una Selección competitiva?
¿Cómo mantener el crecimiento de las categorías inferiores?
¿Cómo hacer que la AFA sea percibida como una institución que pertenece al conjunto del fútbol argentino y no solamente como la estructura alrededor de la Selección?
Esas son las preguntas importantes.
EL 2030 YA ESTÁ EN EL HORIZONTE
Tapia ha hablado de su deseo de estar al frente de la AFA durante el Mundial de 2030.
Argentina será uno de los países anfitriones junto con Uruguay, Paraguay, España, Portugal y Marruecos.
La perspectiva es enorme.
Un Mundial en casa parcial sería una oportunidad histórica.
Y también un desafío político gigantesco.
Si Tapia consigue llegar a 2030 y Argentina presenta una Selección competitiva, su presidencia podría terminar asociada a dos generaciones históricas.
La de Messi.
Y la posterior.
Pero si la transición fracasa, la lectura será diferente.
Se dirá que la AFA dependía demasiado de una generación irrepetible.
Se dirá que no hubo renovación.
Se cuestionará la continuidad del proyecto.
Por eso el Mundial 2030 no es simplemente una fecha deportiva.
Para Tapia puede ser también el gran horizonte político de su gestión.
EL PODER DEL INTERIOR
Otro aspecto que suele desaparecer cuando todo el debate gira alrededor de Messi es el papel del fútbol del interior.
Tapia ha construido parte importante de su estructura política alrededor de clubes y ligas de distintas regiones de Argentina.
La propia AFA destaca la federalización del fútbol como uno de los ejes de su gestión.
Eso explica por qué una elección de AFA no se puede analizar como si fuera una elección presidencial tradicional.
No decide el público del Monumental.
Deciden los mecanismos institucionales de la Asociación.
El hincha tiene influencia.
La opinión pública tiene influencia.
Los resultados deportivos tienen influencia.
Pero la decisión formal pertenece a los representantes habilitados por el sistema de la AFA.
Por eso la reprobación del Monumental es un problema político y simbólico, no una destitución.
Y esa distinción es esencial.
TAPIA FRENTE A SU PROPIA HISTORIA
Hay una paradoja adicional.
Tapia puede presentar argumentos muy fuertes para defender su gestión.
Llegó en un momento complicado.
La AFA venía de años de crisis institucional.
Argentina no ganaba un gran título desde 1993.
La Selección había vivido derrotas traumáticas.
La relación con los entrenadores había sido inestable.
Y el fútbol argentino necesitaba reorganización.
Durante su presidencia llegó una etapa extraordinaria de éxitos.
La AFA enumera entre ellos la Copa América 2021, la Finalissima 2022, el Mundial 2022 y la Copa América 2024.
Ese balance no puede borrarse porque un estadio silbe.
Sería absurdo.
Pero tampoco puede utilizarse como escudo eterno.
Porque toda gestión tiene que ser evaluada de manera continua.
El pasado explica la legitimidad.
El futuro determina la continuidad.
EL MONUMENTAL DEJÓ DOS IMÁGENES
Si hubiera que resumir la noche en dos imágenes, serían estas.
La primera: Messi llorando.
La segunda: Tapia siendo cuestionado desde las tribunas.
La primera representa el final de una era deportiva.
La segunda representa la incertidumbre sobre la siguiente.
Y ambas ocurrieron en el mismo escenario.
Eso es lo que convierte el episodio en algo mucho más interesante que un simple homenaje.
Messi se fue por decisión propia.
Tapia no se va.
Pero la relación entre la Selección y su dirigente ya no será exactamente la misma.
Porque durante años el éxito de Messi protegió a todo el ecosistema.
Ahora comienza el momento en que cada pieza tendrá que demostrar su valor individual.
EL ADIÓS MÁS DIFÍCIL
Messi dijo adiós a la Selección, pero no al fútbol.
Continuará jugando para Inter Miami y su carrera profesional no ha terminado. Su retirada fue internacional.
Eso significa que todavía veremos a Messi.
Todavía habrá goles.
Todavía habrá asistencias.
Todavía habrá partidos.
Pero nunca volverá a existir la misma escena.
Messi entrando al campo con la camiseta argentina.
Messi escuchando el himno como capitán.
Messi llevando el brazalete.
Messi mirando a sus compañeros antes de un partido mundialista.
Messi levantando un trofeo con Argentina.
Eso quedó atrás.
Y esa realidad obliga a todos los demás a mirar hacia adelante.
LA DESPEDIDA TAMBIÉN FUE UN CAMBIO DE PODER
Hay una lectura política del fútbol que muchas veces incomoda.
Las grandes estrellas generan poder.
Messi tenía poder simbólico.
Scaloni tenía poder deportivo.
Los jugadores tienen poder dentro del vestuario.
Los clubes tienen poder institucional.
Las ligas tienen poder electoral.
Y la presidencia de la AFA tiene poder administrativo y político.
Durante el ciclo más exitoso, esas fuerzas coincidieron.
Ahora empiezan a redistribuirse.
Messi se retira.
Scaloni debe decidir su futuro.
Los jóvenes tendrán que ocupar espacios.
Los clubes observarán.
Los dirigentes prepararán el siguiente ciclo.
Y Tapia tendrá que mantener un equilibrio mucho más complejo.
Por eso la despedida fue, indirectamente, una noche de transición de poder.
No hubo una elección.
No hubo un cambio de presidente.
No hubo una ruptura institucional.
Pero sí hubo un cambio de época.
Y eso puede ser incluso más importante.
LO QUE NADIE DEBERÍA HACER AHORA
No tiene sentido declarar que Tapia está acabado.
Tampoco tiene sentido afirmar que todo está perfecto.
No tiene sentido decir que el homenaje fue una farsa.
Tampoco tiene sentido negar que la AFA utilizó todos los recursos de una gran producción deportiva y comercial.
No tiene sentido inventar una pelea interna que no está documentada.
Tampoco tiene sentido ignorar el malestar que sí fue visible.
La realidad es mucho más interesante.
La AFA organizó una despedida gigantesca.
Messi recibió un homenaje acorde a su trayectoria.
El público respondió con emoción.
La Selección ganó.
Y, al mismo tiempo, Tapia fue objeto de una reprobación pública que varios medios argentinos describieron como especialmente significativa.
Todo eso puede ser verdad al mismo tiempo.
EL FUTURO DE TAPIA SE DECIDIRÁ MÁS ADELANTE
Si la pregunta es si Tapia seguirá al frente de la AFA, la respuesta responsable es: hoy no existe una señal oficial de salida inmediata.
Su mandato fue renovado hasta 2028.
Si la pregunta es si su posición política es exactamente igual a la de hace dos años, tampoco puede responderse afirmativamente.
El contexto cambió.
Messi se retiró.
La Selección entró en una nueva etapa.
El público mostró descontento.
Las elecciones futuras ya forman parte del horizonte.
Y Tapia ha expresado su deseo de seguir hasta 2030.
Por tanto, la verdadera batalla no se juega ahora.
Se jugará durante la transición.
EL GRAN DESAFÍO: GANAR SIN MESSI
Ese será el examen definitivo.
Si Argentina sigue ganando, Tapia podrá decir que el proyecto era más grande que un jugador.
Si Argentina mantiene una generación competitiva, tendrá un argumento poderoso.
Si Scaloni continúa y consigue reconstruir el equipo, todavía más.
Si aparecen nuevos talentos y las juveniles siguen produciendo futbolistas, la AFA podrá defender su modelo.
Pero si ocurre lo contrario, la ausencia de Messi será utilizada como prueba de que la estructura dependía demasiado de una figura.
La historia decidirá.
No los titulares.
No los cánticos.
No las redes sociales.
Los resultados.
Y MESSI, MIENTRAS TANTO, YA ES ETERNO
Quizá esa sea la ironía final.
Tapia tendrá que preocuparse por elecciones.
La AFA tendrá que preocuparse por proyectos.
Scaloni tendrá que decidir.
Los jóvenes tendrán que demostrar.
Los dirigentes tendrán que negociar.
Pero Messi ya no necesita nada de eso.
Su lugar en la historia está asegurado.
Ganó la Copa América.
Ganó otra Copa América.
Ganó la Finalissima.
Ganó el Mundial.
Marcó 126 goles con Argentina.
Jugó 208 partidos.
Y cerró su carrera internacional en el Monumental, ante más de 85.000 personas, con un gol y dos asistencias en una victoria por 3-0.
Cristiano Ronaldo, su gran rival histórico, también reconoció públicamente su legado después de la despedida, subrayando el respeto por todo lo conseguido con Argentina.
Eso demuestra la dimensión de la figura.
Messi ya no necesita ganar otro partido con Argentina para demostrar quién es.
La Selección sí necesita demostrar qué será sin él.
Y ahí está la diferencia.
EL VERDADERO DESAFÍO DE TAPIA
El desafío de Claudio Tapia ya no consiste en despedir a Messi.
Eso ya está hecho.
Tampoco consiste en convencer a nadie de que Messi fue importante.
Eso es imposible de discutir.
El verdadero desafío consiste en demostrar que la estructura construida durante estos años puede sobrevivir al hombre que se convirtió en su símbolo máximo.
Si lo consigue, la despedida de Messi terminará siendo el final perfecto de una etapa y el comienzo de otra.
Si no lo consigue, aquella noche del Monumental será recordada como el momento exacto en que el fútbol argentino comenzó a preguntarse qué quedaba cuando el número 10 dejó de estar en el campo.
Esa es la pregunta que importa.
No si hubo más o menos fuegos artificiales.
No si la canción fue suficientemente emotiva.
No si la camiseta gigante era suficientemente grande.
No si el homenaje fue suficientemente espectacular.
La pregunta es qué queda después.
Y la respuesta dependerá de lo que haga la AFA durante los próximos meses.
EL FÚTBOL ARGENTINO NO PUEDE VIVIR ETERNAMENTE DEL RECUERDO
Argentina tiene una ventaja extraordinaria.
Tiene talento.
Tiene tradición.
Tiene clubes históricos.
Tiene una cantera reconocida internacionalmente.
Tiene entrenadores de primer nivel.
Tiene una cultura futbolística incomparable.
Tiene una Selección que viene de una etapa ganadora.
Pero también tiene un problema.
Acaba de perder al jugador que durante más de una década hizo posible que millones de personas creyeran que cualquier partido podía convertirse en una obra de arte.
Ese vacío no se rellena.
Se administra.
Se aprende a vivir con él.
Y la grandeza de una institución se demuestra precisamente cuando desaparece el protagonista irreemplazable.
LA ÚLTIMA LECCIÓN DE MESSI
Quizá Messi haya dejado una última lección.
Durante años tuvo que aprender a convivir con la crítica.
Fue acusado de no sentir la camiseta.
Fue comparado permanentemente con Maradona.
Fue cuestionado después de perder finales.
Fue criticado por su silencio.
Fue criticado por hablar.
Fue criticado por ganar.
Fue criticado por perder.
Y siguió.
Al final, terminó consiguiendo aquello que parecía imposible.
Convirtió las dudas en admiración.
Las críticas en reconocimiento.
La presión en historia.
Y ahora se marcha.
No derrotado.
No escondido.
No obligado.
Se marcha después de haberlo dado todo.
Ese es el significado más profundo de su despedida.
¿QUIÉN HEREDARÁ EL 10?
Todavía no existe una respuesta definitiva.
Y quizá sea mejor así.
Porque el número 10 no debe convertirse en una carga para el siguiente jugador.
No se trata de buscar al “nuevo Messi”.
Se trata de permitir que el próximo futbolista sea él mismo.
Nico Paz.
Mastantuono.
Otro jugador que todavía ni siquiera imaginamos.
La historia del fútbol argentino siempre ha funcionado de esa manera.
Un ídolo se marcha.
Otro aparece.
Pero ninguno es igual.
Y esa es precisamente la belleza.
EL DÍA DESPUÉS
Al día siguiente del homenaje, el Monumental volvió a ser un estadio.
Las luces se apagaron.
Los escenarios se desmontaron.
Los músicos se marcharon.
Los drones dejaron de volar.
Las banderas comenzaron a desaparecer.
Y Messi ya no estaba allí.
Quedaron los recuerdos.
Quedó el último gol.
Quedaron las lágrimas.
Quedó el abrazo con sus hijos.
Quedó la ovación.
Quedó una camiseta.
Y quedó una pregunta.
¿Qué hará Argentina ahora?
No es una pregunta solamente futbolística.
Es también una pregunta institucional.
Porque la AFA deberá demostrar que puede administrar la transición.
Scaloni deberá decidir si quiere liderarla.
Los jugadores deberán asumir responsabilidades.
Los dirigentes deberán construir consenso.
Y Tapia deberá convencer de que su proyecto tiene futuro incluso sin Messi.
EL HOMENAJE TERMINÓ, LA HISTORIA SIGUE
El error sería pensar que la despedida fue el final de todo.
Fue solamente el final de una etapa.
Messi seguirá jugando.
Argentina seguirá compitiendo.
La AFA seguirá funcionando.
Tapia seguirá siendo presidente mientras dure su mandato.
Los jóvenes comenzarán a ocupar nuevos espacios.
Y el fútbol argentino volverá a hacer lo que siempre hizo:
discutir.
Discutirá sobre el técnico.
Sobre los jugadores.
Sobre la camiseta número 10.
Sobre los clubes.
Sobre la AFA.
Sobre Tapia.
Sobre el futuro.
Pero habrá una diferencia.
Durante los próximos años, todas esas discusiones estarán atravesadas por una ausencia.
La ausencia del jugador que durante más de veinte años estuvo en el centro de todo.
UNA ERA TERMINÓ. AHORA HAY QUE DEMOSTRAR QUE EXISTE OTRA
La noche del Monumental fue una fiesta para Messi.
Fue también una advertencia para Tapia.
Pero no fue una sentencia.
El presidente de la AFA todavía tiene mandato.
Tiene estructura.
Tiene apoyos institucionales.
Tiene una gestión que puede exhibir títulos extraordinarios.
Tiene el desafío del Mundial 2030.
Y tiene tiempo para construir la siguiente etapa.
Lo que ya no tiene es algo que durante años resultó prácticamente imposible de imaginar:
Messi dentro del campo.
Y esa ausencia cambia todo.
Por eso, quizá, lo más importante que dejó aquella noche no fue el espectáculo.
Fue el silencio posterior.
Cuando terminó la música.
Cuando se apagaron las luces.
Cuando Messi abandonó el césped.
Cuando el público empezó a marcharse.
Cuando la última bandera dejó de moverse.
Ahí comenzó realmente el futuro.
Y en ese futuro ya no existe un jugador capaz de resolverlo todo.
Existe una Selección que tendrá que aprender a hacerlo junta.
Existe una AFA que tendrá que explicar hacia dónde quiere ir.
Existe un entrenador cuya continuidad todavía debe confirmarse.
Y existe un presidente que sabe que la etapa más difícil de su gestión puede ser precisamente aquella que comienza después del período más exitoso.
Porque dirigir cuando todo funciona es una cosa.
Dirigir cuando el máximo símbolo se marcha es otra.
Y ese será el verdadero examen de Claudio Tapia.
No el homenaje.
No el cántico.
No el regalo.
No la fotografía.
El futuro.
La despedida de Messi cerró una historia.
Ahora empieza otra.
Y por primera vez en muchos años, el fútbol argentino tendrá que demostrar que puede escribirla sin que el nombre de Lionel Messi aparezca en la alineación.
Ese es el verdadero significado de la noche del Monumental.
Messi se fue.
La camiseta quedó.
La Selección quedó.
El fútbol argentino quedó.
Y Tapia también.
Ahora todos tendrán que demostrar qué son capaces de hacer sin el hombre que durante una generación entera hizo que pareciera que nada era imposible.