No hace falta explicar ni refutar: Messi y Argentina siguen contando con un gran número de estrellas y entrenadores que salen en su defensa
El último capítulo de Messi no necesita excusas: una generación entera ha decidido hablar
BUENOS AIRES / NUEVA YORK — Hay derrotas que necesitan una explicación inmediata. Hay otras que simplemente forman parte de la historia.
La derrota de Argentina ante España en la final del Mundial de 2026 pertenece a esa segunda categoría.
El 0-1 de Nueva Jersey puso fin al intento de la Albiceleste de conquistar un segundo Mundial consecutivo, pero no consiguió borrar todo lo que Lionel Messi y esta generación argentina habían construido durante los últimos años.
Y quizá por eso, después del partido, una escena llamó especialmente la atención.
Mientras algunos análisis internacionales comenzaron a concentrarse en lo que Argentina no hizo en la final, en el supuesto final de una era y en la actuación de Messi, numerosas figuras del fútbol salieron públicamente a defender el legado del capitán y el trabajo realizado por el equipo.
No todos lo hicieron de la misma manera.
Algunos hablaron de Messi.
Otros defendieron a Scaloni.
Otros recordaron los títulos.
Y otros pusieron el foco en un hecho sencillo: Argentina había vuelto a llegar a una final del mundo.
La discusión, por tanto, no puede reducirse a los 120 minutos disputados contra España.
Porque una historia que empezó con las derrotas de 2014, 2015 y 2016 terminó transformándose en una de las etapas más exitosas del fútbol argentino.
Messi ganó la Copa América de 2021.
Ganó la Finalissima de 2022.
Ganó el Mundial de Qatar.
Ganó nuevamente la Copa América en 2024.
Y en 2026 llevó a Argentina hasta otra final mundialista.
La última cayó del lado español.
Pero incluso después de esa derrota, el entrenador Lionel Scaloni pronunció unas palabras que resumieron perfectamente la dimensión de lo conseguido.
Pidió que la gente estuviera orgullosa de Messi y de su selección.
“Que la gente esté orgullosa de Leo”, afirmó Scaloni después de la final, recordando además que Messi tenía 39 años y calificándolo como “el mejor futbolista que ha pisado un campo de fútbol”.
No era una conferencia de prensa cualquiera.
Era el final de un Mundial.
Era el final de una final perdida.
Y, para Messi, terminó siendo también el último gran capítulo de su carrera internacional.
La derrota no puede borrar cuatro años extraordinarios
El fútbol tiene una memoria extraña.
Cuando un equipo gana, se recuerda todo.
Cuando pierde, muchas veces se recuerda únicamente el último partido.
Argentina llegó a la final de 2026 después de haber construido una trayectoria internacional extraordinaria.
La selección de Scaloni no era una selección cualquiera.
Era la campeona del mundo vigente.
Había ganado la Copa América.
Había ganado la Finalissima.
Y había regresado a una final mundialista.
La derrota ante España modificó el desenlace, pero no eliminó los capítulos anteriores.
Reuters describió precisamente ese recorrido al analizar la despedida internacional de Messi: el argentino había atravesado una carrera marcada por derrotas dolorosas antes de conseguir los grandes títulos de su etapa final con la Albiceleste.
Ahí está una de las claves para entender la reacción de quienes salieron en defensa del jugador.
No estaban defendiendo un partido perfecto.
No estaban diciendo que Argentina hubiese sido superior a España en la final.
Tampoco estaban negando que el equipo tuviera problemas.
Estaban defendiendo algo diferente:
el valor de una trayectoria.
Y esa diferencia es fundamental.
Messi ya había conseguido lo que durante años parecía imposible
Durante buena parte de su carrera internacional, Messi fue juzgado bajo una pregunta casi imposible:
¿podría ganar un gran título con Argentina?
La Copa América de 2021 respondió parcialmente a esa cuestión.
La Finalissima de 2022 añadió otro trofeo.
El Mundial de Qatar 2022 respondió definitivamente.
Messi consiguió la Copa del Mundo.
Argentina volvió a ser campeona mundial.
La historia que parecía condenada a terminar con frustración terminó con un trofeo en las manos del capitán.
Por eso la final de 2026 debe observarse desde otra perspectiva.
Messi no llegó a Nueva Jersey buscando demostrar que era capaz de ser campeón del mundo.
Eso ya lo había demostrado.
Llegó intentando repetir algo que ningún jugador argentino había conseguido en generaciones recientes: ganar dos Mundiales como protagonista.
No lo consiguió.
España fue campeona.
Pero el intento no disminuye el logro anterior.
Scaloni no quiso que la derrota cambiara la historia
Las palabras de Lionel Scaloni después de la final fueron especialmente significativas.
El seleccionador argentino estaba visiblemente emocionado.
Argentina acababa de perder 0-1 ante España.
La prensa esperaba explicaciones tácticas.
Preguntas sobre el futuro.
Preguntas sobre Messi.
Preguntas sobre su continuidad.
Pero Scaloni decidió detenerse también en el legado del capitán.
Su mensaje fue directo: la edad de Messi hacía todavía más extraordinaria su presencia en ese escenario y, según el entrenador, la afición debía sentirse orgullosa de lo que había conseguido.
No era una defensa basada en estadísticas.
Era una defensa basada en perspectiva.
Scaloni había trabajado con Messi durante años.
Había vivido las dudas.
Las críticas.
Las celebraciones.
Las lesiones.
Las derrotas.
Las victorias.
Y finalmente las dos finales mundialistas consecutivas.
Su valoración no podía reducirse a un solo resultado.
El entrenador que convirtió la presión en confianza
La historia de Scaloni también merece atención.
Cuando asumió el cargo de seleccionador argentino, existían enormes dudas.
Su nombramiento no llegó acompañado de la misma autoridad histórica que habían tenido otros entrenadores.
Pero construyó un grupo.
Y ese grupo terminó cambiando la historia reciente de Argentina.
Copa América.
Finalissima.
Mundial.
Copa América.
Final del Mundial.
Es una secuencia extraordinaria.
Incluso después de perder la final de 2026, Scaloni no utilizó la derrota para desmarcarse de sus futbolistas.
Al contrario.
Habló de ellos con emoción.
Durante el Mundial ya había insistido en que el mérito pertenecía fundamentalmente a sus jugadores. Antes de la semifinal contra Inglaterra, había descrito a su grupo como futbolistas acostumbrados a situaciones extremas y capaces de no temer a nada.
Ese tipo de declaración explica buena parte de la relación construida entre entrenador y vestuario.
Scaloni no se presentó como el protagonista.
Presentó al grupo como protagonista.
Las estrellas que también defendieron a Messi
La defensa de Messi no surgió únicamente desde el banquillo.
A lo largo del Mundial, jugadores, entrenadores, periodistas y exfutbolistas hablaron constantemente de su influencia.
Algunos desde la admiración.
Otros desde el análisis.
Otros desde el respeto competitivo.
Uno de los ejemplos más interesantes apareció antes del enfrentamiento entre Argentina y Egipto.
El seleccionador egipcio Hossam Hassan reconoció que el nombre de Messi podía generar cierto temor en los futbolistas y explicó que evitaba incluso mencionarlo en sus charlas para impedir que sus jugadores tuvieran un exceso de respeto hacia el argentino.
Es una declaración reveladora.
Porque incluso un entrenador rival entendía el peso psicológico del nombre Messi.
No necesitaba ser argentino.
No necesitaba ser compañero.
No necesitaba ser admirador.
Simplemente necesitaba preparar un partido contra él.
Y ahí estaba la evidencia.
Messi seguía provocando una reacción especial.
El respeto internacional nunca desapareció
Durante el Mundial hubo críticas.
También hubo polémicas.
Algunas estuvieron relacionadas con decisiones arbitrales y otras con el rendimiento de Argentina.
La prensa internacional discutió intensamente algunas decisiones tomadas durante el torneo y hubo entrenadores rivales que expresaron públicamente su desacuerdo con determinadas actuaciones arbitrales.
Pero una cosa es cuestionar decisiones concretas.
Otra muy distinta es borrar una trayectoria completa.
Y precisamente ahí apareció una diferencia importante.
Mientras algunos discursos intentaban explicar la derrota argentina desde una sola causa, otros recordaban la dimensión histórica de la generación.
El debate alrededor de Messi fue especialmente intenso.
El propio jugador había respondido antes de la final a quienes cuestionaban el recorrido argentino.
Tras la semifinal contra Inglaterra, Messi afirmó que Argentina había sido el mejor equipo durante los cuatro años anteriores y aseguró que nadie le había regalado nada.
Era una respuesta directa.
Pero también era una defensa de la trayectoria.
Nadie nos regaló nada”
La frase de Messi merece atención porque resume una parte importante del carácter de esta selección.
“Nadie nos regaló nada.”
El contexto era importante.
Argentina acababa de clasificarse para otra final mundialista.
Había superado partidos difíciles.
Había sufrido.
Había remontado.
Había recibido críticas.
Y había llegado nuevamente al partido por el título.
Messi no estaba afirmando que su equipo fuera perfecto.
Estaba defendiendo el camino recorrido.
La selección argentina había tenido que competir.
Había tenido que responder.
Y había tenido que ganar partidos.
El hecho de que algunas decisiones arbitrales fueran discutidas no cambia el resultado histórico de los encuentros, pero sí explica por qué el equipo recibió una presión mediática considerable durante el torneo.
Argentina continuó.
Y terminó jugando la final.
La semifinal contra Inglaterra como símbolo
Si hubo un partido que representó la personalidad de Argentina en 2026, fue la semifinal.
Inglaterra había conseguido competir.
Argentina tuvo dificultades.
Pero el equipo respondió.
La remontada volvió a colocar a la Albiceleste en una final mundialista.
Medios británicos mostraron una mezcla de incredulidad y frustración ante la capacidad argentina para remontar en los últimos minutos.
Durante aquella remontada, el protagonismo de jugadores como Enzo Fernández se convirtió en uno de los elementos más comentados.
Ese partido explica por qué tantas personas defendieron después a Argentina.
No era una selección que hubiese llegado a la final por accidente.
Había demostrado capacidad para sobrevivir a escenarios adversos.
Había demostrado carácter.
Y había demostrado que todavía podía competir con las mejores.
La Argentina de Messi ya no dependía únicamente de Messi
Hay una paradoja interesante.
Durante años, las críticas hacia Argentina se centraron en una idea:
“Todo depende de Messi.”
La selección de 2026 mostró algo diferente.
Messi seguía siendo central.
Pero no estaba solo.
Enzo Fernández.
Julián Álvarez.
Lautaro Martínez.
Rodrigo De Paul.
Emiliano Martínez.
Y muchos otros jugadores habían construido una identidad colectiva.
El equipo podía competir incluso cuando Messi no era el protagonista absoluto de cada jugada.
Reuters señaló precisamente que, con el paso de los años, Messi había adaptado su estilo y había permitido que Argentina evolucionara hacia una selección menos dependiente exclusivamente de él.
Eso resulta fundamental para entender el legado de esta generación.
Messi fue el símbolo.
Pero Argentina fue un equipo.
El último Mundial de Messi
Después de la derrota contra España, la pregunta inevitable fue:
¿había sido el último Mundial de Messi?
La respuesta terminó llegando semanas después.
Messi anunció su retiro internacional a los 39 años, poniendo fin a una carrera de aproximadamente dos décadas con la selección argentina. Reuters describió la decisión como el cierre de una etapa extraordinaria, después de haber llevado a Argentina a la final de 2026.
Pero la historia todavía tendrá un último capítulo sobre el campo.
La AFA convocó a Messi para un partido de despedida frente a Benín el 6 de octubre en el Monumental.
Será una despedida internacional.
No una vuelta atrás.
El encuentro tendrá un valor simbólico enorme para una generación de aficionados que vio al argentino atravesar prácticamente todas las etapas posibles de una carrera internacional.
No fue una retirada silenciosa
Messi no abandonó la selección después de una eliminación en fase de grupos.
No se marchó después de una actuación irrelevante.
No desapareció.
Su último gran Mundial terminó con Argentina en la final.
Y esa diferencia importa.
La selección perdió el partido decisivo.
Pero llegó hasta allí.
A los 39 años, Messi disputó su sexta Copa del Mundo.
Según EL PAÍS, durante el torneo participó directamente en una parte muy importante de los goles argentinos y mantuvo un papel central en el funcionamiento del equipo.
Eso explica por qué tantas figuras defendieron su actuación.
No porque fuese necesario negar cualquier crítica.
Sino porque los números y el contexto permitían valorar el torneo desde una perspectiva mucho más amplia.
Una leyenda no necesita ganar todas las finales
Existe una tendencia peligrosa en el deporte:
convertir cada derrota en una sentencia sobre toda una carrera.
Pero ninguna leyenda gana todas las finales.
Messi perdió finales.
Argentina perdió finales.
También ganó.
Y en una carrera de dos décadas, la importancia está en la totalidad.
Messi llegó a la final del Mundial de 2014.
Perdió.
Perdió las finales de Copa América de 2015 y 2016.
Luego ganó la Copa América de 2021.
Ganó la Finalissima.
Ganó el Mundial de 2022.
Ganó la Copa América de 2024.
Y llegó nuevamente a una final mundialista en 2026.
Ese balance explica por qué su legado no depende del resultado de una sola noche.
El problema de juzgar una era por los últimos 120 minutos
España ganó.
Eso es indiscutible.
Ferran Torres marcó el gol decisivo en la prórroga.
España levantó la Copa.
Argentina terminó como subcampeona.
Pero el resultado de la final no puede modificar retroactivamente los cuatro años anteriores.
Argentina seguía siendo campeona del mundo hasta esa noche.
Había ganado la Copa América.
Había ganado la Finalissima.
Había alcanzado otra final.
El fútbol es presente, pero también es memoria.
Y una generación tan exitosa no puede ser analizada exclusivamente desde su último partido.
La defensa de Scaloni también fue una defensa del grupo
Cuando Scaloni defendió a Messi después de la derrota, no estaba defendiendo únicamente al número 10.
Estaba defendiendo a toda una generación.
A los jugadores que habían compartido vestuario durante años.
A quienes habían pasado por derrotas.
A quienes habían conseguido títulos.
A quienes habían llevado a Argentina hasta otra final.
Y a quienes ahora enfrentaban el final de un ciclo.
El seleccionador dejó abierta incluso la posibilidad de no continuar al frente del equipo después del Mundial. EFE informó que Scaloni puso en duda su continuidad tras la derrota ante España.
Eso convierte sus palabras en algo todavía más significativo.
No eran declaraciones de alguien celebrando un nuevo proyecto.
Eran las palabras de un entrenador que sabía que podía estar cerrando una etapa.
El vestuario después de la final
Las imágenes posteriores a la final mostraron una Argentina golpeada.
Era lógico.
Habían estado a un partido de volver a ser campeones.
Pero una derrota en la final no significa fracaso automático.
Significa que existe un campeón y un subcampeón.
Y Argentina terminó segunda.
Para un país acostumbrado a exigir el máximo, eso puede resultar doloroso.
Pero también debe colocarse en contexto.
Solo dos selecciones llegaron a ese partido.
España ganó.
Argentina perdió.
Eso no transforma automáticamente al segundo en un equipo sin méritos.
El respeto por una generación irrepetible
Los jugadores argentinos que compartieron esta etapa con Messi forman una generación que probablemente será recordada durante décadas.
No solo por los títulos.
También por el cambio de identidad.
Argentina pasó de convivir con críticas constantes alrededor de Messi a construir una selección capaz de ganar sin pedir disculpas.
La Copa América de 2021 fue el primer gran paso.
El Mundial de 2022 fue el punto máximo.
La Copa América de 2024 confirmó la continuidad.
La final de 2026 demostró que el grupo todavía podía competir.
La derrota ante España puso el punto final competitivo a ese ciclo.
Pero no borró los capítulos anteriores.
El entrenador rival también terminó hablando de Messi
La historia tiene una ironía.
El hombre que dirigía al rival en la final, Luis de la Fuente, también forma parte de la generación de entrenadores que tuvo que enfrentarse a Messi.
España consiguió ganar.
Pero el triunfo no exigió convertir a Messi en una caricatura.
La final podía analizarse tácticamente sin negar la grandeza del rival.
Eso es precisamente lo que diferencia el análisis deportivo serio de la simple provocación.
España ganó porque fue superior en los aspectos decisivos del partido.
Argentina perdió porque no consiguió marcar.
Pero Messi continuaba siendo Messi.
Y su trayectoria no podía desaparecer después del pitido final.
El fútbol argentino tiene vida después de Messi
Aquí aparece otra cuestión.
¿Qué sucede ahora?
Argentina tendrá que construir una nueva etapa.
Messi ya anunció su retiro internacional.
Scaloni mantiene dudas sobre su continuidad.
La generación veterana comienza a desaparecer.
Pero la selección tiene jóvenes talentos.
Julián Álvarez.
Lautaro Martínez.
Enzo Fernández.
Nicolás Paz.
Thiago Almada.
Y otros futbolistas que deberán asumir progresivamente responsabilidades mayores.
EL PAÍS describió después del Mundial la incertidumbre alrededor del futuro simultáneo de Messi y Scaloni.
Es un momento de transición.
Y toda transición implica preguntas.
Pero no necesariamente implica decadencia.
La sombra de Messi será enorme
El problema no será únicamente encontrar un nuevo capitán.
Será encontrar una nueva referencia emocional.
Messi fue durante dos décadas el rostro de la selección.
Su nombre estaba asociado a cada partido.
A cada clasificación.
A cada crisis.
A cada victoria.
Eso no puede reemplazarse inmediatamente.
Argentina tendrá que aprender a ser Argentina sin Messi.
Y esa será probablemente una de las tareas más importantes de la próxima etapa.
Pero el legado no termina con la camiseta número 10
Messi deja algo más que goles.
Deja una forma de entender el liderazgo.
Durante sus primeros años, el liderazgo parecía asociado exclusivamente a la capacidad de decidir partidos.
Con el tiempo cambió.
Se convirtió en una figura más silenciosa.
Más dosificada.
Más consciente de su edad.
Y aun así, decisiva.
Reuters destacó precisamente esa evolución: Messi adaptó su manera de jugar con la edad y permitió que Argentina evolucionara hacia un equipo más colectivo.
Ese puede ser uno de sus mayores legados.
No haber hecho que Argentina dependiera eternamente de él.
Sino haber ayudado a construir un equipo capaz de competir a su alrededor.
Los títulos hablan por sí solos
A veces no hace falta explicar.
Los títulos están ahí.
Copa América 2021.
Finalissima 2022.
Mundial 2022.
Copa América 2024.
Subcampeonato mundial 2026.
Ese recorrido pertenece a una de las etapas más exitosas de la historia reciente del fútbol argentino.
Y es precisamente por eso que tantos futbolistas y entrenadores han salido en defensa de Messi.
No necesitan negar la derrota.
No necesitan decir que Argentina fue mejor que España.
No necesitan afirmar que Messi jugó un partido perfecto.
Solo necesitan recordar la trayectoria.
El argumento más poderoso es la historia
En ocasiones, la mejor defensa no es una declaración.
Es una carrera.
Messi no necesita convencer a nadie de que fue campeón mundial.
Lo fue.
No necesita explicar que ganó títulos con Argentina.
Los ganó.
No necesita demostrar que llevó a la selección a otra final en 2026.
El resultado está registrado.
Por eso el titular adquiere sentido:
No hace falta explicar ni refutar.
Porque la historia ya está escrita.
Cuando el resultado no cuenta toda la historia
El marcador de España-Argentina dice:
España 1-0 Argentina.
Dice quién levantó la Copa.
Pero no dice cuánto recorrió Argentina para llegar hasta allí.
No dice cuántas veces Messi tuvo que levantarse.
No dice cuánto cambió el equipo.
No dice cuántas generaciones crecieron esperando que Argentina volviera a ganar.
No dice lo que significó para millones de argentinos.
Y tampoco explica por qué tantos entrenadores y estrellas sienten respeto por esa selección.
El marcador cuenta el final.
La historia cuenta el camino.
El reconocimiento de un rival también importa
En el deporte, las palabras del rival suelen tener un valor especial.
Hossam Hassan reconoció que el nombre de Messi podía generar miedo en los futbolistas egipcios.
Scaloni defendió públicamente el legado del capitán después de perder la final.
Analistas mexicanos como Alberto Lati destacaron el papel de Messi durante el recorrido argentino en el Mundial.
Y Reuters describió su última etapa internacional como la conclusión de una carrera extraordinaria.
Son voces diferentes.
Procedencias diferentes.
Perspectivas diferentes.
Pero existe un punto común:
Messi dejó una huella que supera el resultado de un solo partido.
La crítica también forma parte del fútbol
Defender a Messi no significa prohibir las críticas.
Ese sería un error.
Los periodistas tienen derecho a analizar su rendimiento.
Los aficionados tienen derecho a discutir decisiones.
Los entrenadores tienen derecho a cuestionar tácticas.
Y los rivales tienen derecho a competir sin reverencia.
Pero una crítica concreta no debería transformarse automáticamente en una sentencia sobre toda una carrera.
Messi puede haber tenido partidos discretos.
Argentina puede haber cometido errores.
Scaloni puede haber tomado decisiones discutibles.
Todo eso puede analizarse.
Pero ninguna de esas cuestiones elimina los títulos.
El final no fue el cuento perfecto
Quizá el aspecto más humano de esta historia sea precisamente ese.
Messi no terminó levantando la Copa del Mundo de 2026.
Argentina no consiguió defender su título.
Scaloni no pudo cerrar su ciclo con otra corona.
El final perfecto no existió.
Pero el fútbol rara vez ofrece finales perfectos.
A veces ofrece algo más interesante:
un final verdadero.
Un campeón.
Un subcampeón.
Un jugador de 39 años que abandona el escenario mundial después de haber conseguido prácticamente todo.
Y una selección que debe comenzar a pensar en su futuro.
La despedida que todavía falta
La convocatoria de Messi para el partido contra Benín del 6 de octubre convierte la despedida en algo concreto.
Será en Buenos Aires.
Será ante su público.
Será después de una carrera internacional de aproximadamente veinte años.
Y probablemente tendrá un componente emocional extraordinario.
No será un Mundial.
No será una final.
No habrá una Copa en juego.
Pero quizá eso sea lo apropiado.
Porque después de tantos años de presión, la última aparición de Messi con Argentina puede convertirse simplemente en una celebración.
Una celebración de su carrera.
De sus compañeros.
De sus títulos.
De sus derrotas.
De sus regresos.
Y de la relación única entre un futbolista y una camiseta nacional.
Argentina tendrá que aprender una nueva palabra: transición
Durante mucho tiempo, la selección vivió alrededor de una generación.
Ahora esa generación termina.
Messi se marcha.
Scaloni duda.
Otros veteranos también se acercan al final de sus ciclos.
Pero el fútbol argentino no desaparece.
Se transforma.
Eso es diferente.
Las academias seguirán produciendo jugadores.
Los clubes seguirán formando talento.
La camiseta seguirá teniendo peso.
Y los nuevos futbolistas tendrán una responsabilidad enorme:
crear una historia que no sea una copia de la anterior.
El próximo Messi no será Messi
Esta frase parece obvia, pero será fundamental.
Argentina no necesita encontrar otro Messi.
Eso es imposible.
Necesita encontrar otra manera de jugar.
Otra manera de liderar.
Otra manera de competir.
La generación siguiente no tendrá que vivir comparándose permanentemente con el número 10.
Tendrá que construir su propia identidad.
Y ese será uno de los mayores desafíos para el próximo entrenador argentino.
Una herencia demasiado grande
Messi deja una herencia complicada.
Porque cualquier jugador argentino que lleve la camiseta número 10 será comparado con él.
Cualquier joven que destaque será llamado “el nuevo Messi”.
Cualquier derrota será comparada con las derrotas de Messi.
Cualquier victoria será medida contra los títulos de Messi.
Por eso el proceso de renovación necesitará paciencia.
La historia no se repite exactamente.
Cada generación tiene su propio lenguaje.
El Mundial 2026 como último retrato
Si alguien quisiera explicar dentro de veinte años quién fue Messi con Argentina, el Mundial 2026 podría ser una de las imágenes más interesantes.
Un futbolista de 39 años.
En su sexta Copa del Mundo.
Capitán.
Campeón mundial vigente.
Finalista otra vez.
Ocho goles y cuatro asistencias, según el balance publicado por EL PAÍS, participando directamente en una parte sustancial de los goles argentinos.
Y finalmente derrotado por España.
No es un cuento perfecto.
Es algo más real.
Es la imagen de un jugador que consiguió llegar nuevamente al límite de lo posible incluso cuando su carrera estaba llegando a su final.
La grandeza no se mide solamente con trofeos
Los trofeos son fundamentales.
Pero la grandeza deportiva también se mide por la capacidad de cambiar una generación.
Messi cambió la relación de millones de argentinos con su selección.
Durante años, muchos aficionados discutieron si Argentina podía ganar con él.
Después de 2021, esa pregunta desapareció.
Después de 2022, desapareció definitivamente.
La camiseta argentina volvió a asociarse con el éxito.
La selección recuperó confianza.
Y una generación de jóvenes futbolistas creció dentro de una cultura ganadora.
Ese es un legado que no desaparece porque España haya ganado la final de 2026.
Y entonces aparece la pregunta inevitable
¿Qué quedará cuando Messi ya no esté?
La respuesta todavía no puede conocerse.
Pero algo sí puede afirmarse.
Argentina no comienza desde cero.
Comienza desde una posición construida durante años.
Tiene futbolistas jóvenes.
Tiene experiencia.
Tiene una cultura competitiva.
Tiene una estructura.
Y tiene un legado reciente extraordinario.
La gran incógnita será quién dirigirá esa nueva etapa y cómo se reorganizará el equipo.
EL PAÍS señaló precisamente que, después del Mundial, el futuro de Messi y Scaloni dejó a la Albiceleste ante un periodo de incertidumbre.
No hace falta defenderlo de todo
Este es quizá el punto más importante.
Defender a Messi no significa negar sus errores.
Defender a Argentina no significa negar que España fue mejor en la final.
Defender a Scaloni no significa afirmar que todas sus decisiones fueron perfectas.
Significa colocar cada cosa en su contexto.
La final la ganó España.
Eso no se discute.
Argentina fue subcampeona.
Eso tampoco.
Pero Messi sigue siendo campeón del mundo de 2022.
Argentina sigue siendo campeona de América en 2021 y 2024.
Scaloni sigue siendo el entrenador que condujo al equipo a una de las etapas más exitosas de su historia reciente.
Y todo eso sigue siendo verdad después del 0-1.
La última palabra pertenece al tiempo
Hoy pueden existir debates.
Mañana aparecerán otros.
Dentro de diez años, muchos de ellos perderán importancia.
Lo que permanecerá serán los títulos.
Las fotografías.
Los goles.
Las finales.
Los estadios.
Los compañeros.
Y las generaciones que crecieron viendo jugar a Messi.
La historia será mucho más sencilla.
Un niño argentino vio a Messi perder una final.
Luego lo vio ganar.
Después lo vio levantar la Copa del Mundo.
Y finalmente lo vio regresar a otra final con 39 años.
No existe necesidad de adornar esa historia.
Es extraordinaria por sí misma.
Una despedida con la cabeza alta
La derrota ante España dolió.
No podía ser de otra manera.
Argentina quería volver a ser campeona.
Messi quería cerrar su carrera mundialista con otro trofeo.
Scaloni quería culminar el proceso con una victoria.
Pero la historia decidió otra cosa.
España ganó.
Argentina perdió.
Y el fútbol siguió adelante.
Ahora Messi prepara su despedida internacional.
La AFA prepara el homenaje.
Los aficionados preparan una noche que probablemente estará cargada de emociones.
Y una generación entera se prepara para decir adiós.
No a un simple futbolista.
A una época.
El último mensaje de Scaloni
Quizá, después de todo, las palabras de Scaloni sean las más apropiadas.
Tras perder la final, no habló únicamente de tácticas.
No habló únicamente de errores.
No buscó excusas.
Pidió orgullo.
Orgullo por Messi.
Orgullo por el equipo.
Orgullo por todo lo conseguido.
Y en una carrera tan larga como la del argentino, esa perspectiva resulta especialmente poderosa.
Porque no hace falta convertir cada derrota en una tragedia.
Tampoco hace falta negar los errores.
A veces basta con recordar.
Recordar lo que ocurrió.
Recordar lo que se ganó.
Recordar lo que se perdió.
Y recordar cuánto costó llegar hasta allí.
El legado queda intacto
España tiene su segunda estrella.
Argentina conserva la suya.
Messi conserva su Mundial.
Y una generación entera conserva los recuerdos.
El fútbol seguirá buscando nuevos héroes.
Nuevas selecciones.
Nuevos campeones.
Pero durante mucho tiempo, cada vez que alguien hable de la Argentina de la década de 2020, aparecerá inevitablemente el nombre de Lionel Messi.
Y aparecerá junto a otros:
Scaloni.
Di María.
Emiliano Martínez.
De Paul.
Enzo Fernández.
Lautaro.
Julián Álvarez.
Y todos aquellos futbolistas que formaron parte de una generación que cambió la historia reciente de la Albiceleste.
EPÍLOGO: NO HACE FALTA EXPLICAR
No hace falta explicar cada derrota.
No hace falta refutar cada crítica.
No hace falta responder a cada provocación.
Porque hay carreras que hablan por sí mismas.
Lionel Messi perdió una final mundialista en 2014.
Perdió finales de Copa América.
Pensó incluso en abandonar la selección en 2016.
Regresó.
Ganó.
Volvió a ganar.
Levantó la Copa América.
Levantó la Finalissima.
Levantó el Mundial.
Volvió a ganar la Copa América.
Y, cuando muchos pensaban que su etapa mundialista había terminado, regresó en 2026 y llevó a Argentina hasta otra final.
España fue mejor en esa última noche.
Ferran Torres marcó.
La Copa viajó a Madrid.
Messi se marchó sin una segunda estrella mundial.
Pero eso no significa que se marchara derrotado de la historia.
Se marchó después de haber cambiado para siempre la historia del fútbol argentino.
Scaloni lo sabe.
Sus compañeros lo saben.
Sus rivales lo saben.
Los entrenadores que tuvieron que preparar partidos contra él lo saben.
Los periodistas que siguieron su carrera lo saben.
Y millones de aficionados también.
La AFA ya prepara el último homenaje.
Messi volverá al Monumental.
Volverá a vestir la camiseta argentina.
Esta vez no habrá una Copa del Mundo en juego.
No habrá una semifinal.
No habrá una final.
Solo habrá una despedida.
Y quizá sea precisamente allí, lejos de cualquier discusión táctica y lejos de cualquier debate sobre la última derrota, donde pueda entenderse realmente la dimensión de su carrera.
Porque al final, el fútbol no consiste únicamente en ganar.
También consiste en dejar una huella.
Messi dejó una.
Argentina también.
Y esa huella no necesita ser explicada ni refutada.
Solo necesita ser recordada.
España ganó el Mundial de 2026.
Argentina fue subcampeona.
Messi cerró su etapa mundialista como finalista.
Y una generación entera decidió salir en su defensa no para negar la derrota, sino para recordar todo lo que ocurrió antes de ella.
Esa es la historia.
Y, después de dos décadas, probablemente sea suficiente.