¡IMPERDIBLE! PERIODISTAS DE TODO EL MUNDO EXIGEN EL NOVENO BALÓN DE ORO DE MESSI: ¿ESTAMOS ANTE LA ÚLTIMA GRAN BATALLA DEL GOAT?
El debate está servido. Lionel Messi vuelve a situarse en el centro de una de las discusiones más apasionantes del fútbol mundial: la posibilidad de conquistar su noveno Balón de Oro. A sus 39 años, después de una carrera que ha redefinido los límites de la excelencia futbolística, el argentino continúa provocando una pregunta que parecía reservada a sus mejores temporadas en Europa: ¿puede un jugador que compite en la MLS volver a imponerse a las grandes estrellas del fútbol europeo y conquistar el reconocimiento individual más prestigioso del deporte?
La posibilidad ha encendido las conversaciones entre aficionados, analistas y periodistas deportivos. Su candidatura vuelve a dividir opiniones, especialmente después de una temporada en la que su rendimiento ha mantenido vivo el debate sobre su lugar entre los mejores del mundo. Mientras algunos consideran que la trayectoria del argentino, su capacidad para decidir partidos y sus actuaciones internacionales justifican que se le tenga en cuenta, otros sostienen que el Balón de Oro debe premiar principalmente el rendimiento de la temporada y no convertirse en un homenaje a una carrera extraordinaria.
La controversia tiene todos los ingredientes de una historia monumental: una leyenda que se resiste a desaparecer de la conversación, jóvenes talentos que quieren ocupar su lugar, estrellas consolidadas que buscan su primer gran reconocimiento y una ceremonia que puede generar titulares en todos los continentes.
Sin embargo, hay una precisión esencial. No existe evidencia suficiente para afirmar que los periodistas de todo el mundo hayan presentado una exigencia unánime para que Messi gane su noveno Balón de Oro. Sí hay opiniones favorables a su candidatura y una discusión internacional sobre sus posibilidades. El periodista deportivo debe distinguir entre una corriente de opinión, una declaración individual y una supuesta demanda mundial organizada.
Esa distinción no resta emoción al debate. Al contrario, permite formular la pregunta más interesante: ¿qué argumentos futbolísticos sostienen la candidatura de Messi y qué tendría que demostrar para superar a sus rivales?
La ceremonia de 2026 está prevista para el 26 de octubre en Londres. Según la información publicada por Reuters el 8 de septiembre, Messi figura entre los 30 nominados al premio masculino. La lista también incluye a figuras como Harry Kane, Erling Haaland, Kylian Mbappé y Lamine Yamal. La presencia del argentino vuelve a convertir la carrera por el galardón en un acontecimiento extraordinario, especialmente por la posibilidad de que un futbolista que ya ha ganado ocho veces el premio amplíe todavía más su récord.
La pregunta ya no es únicamente si Messi puede ganar. También es qué significaría esa victoria para la historia del fútbol, para los criterios con los que se entrega el Balón de Oro y para una generación que ha crecido viendo al argentino transformar partidos aparentemente imposibles en recuerdos inolvidables.
Un noveno Balón de Oro que cambiaría la historia
Hay récords que se superan y otros que parecen pertenecer a una categoría diferente. En el fútbol, los goles, las asistencias, los títulos y las temporadas excepcionales forman parte de una competición constante por mejorar las cifras anteriores. Pero cuando un futbolista acumula ocho Balones de Oro, el siguiente reconocimiento potencial deja de ser una simple distinción individual.
Messi ha ganado el premio en ocho ocasiones, una cifra que lo sitúa en solitario en la cima del palmarés histórico masculino. Su trayectoria incluye temporadas en las que dominó el fútbol europeo, años de una producción ofensiva extraordinaria y una etapa internacional que culminó con los títulos más importantes de su carrera.
Por eso, la posibilidad de un noveno galardón tiene una dimensión simbólica enorme.
No se trataría solamente de añadir otro trofeo a una colección excepcional. Sería una nueva demostración de longevidad competitiva, una señal de que el argentino todavía puede influir en la conversación sobre el mejor futbolista del mundo incluso después de abandonar el escenario europeo en el que construyó buena parte de su leyenda.
Pero la historia no debe convertirse en el único argumento.
El Balón de Oro reconoce el rendimiento correspondiente a un periodo determinado. La trayectoria anterior puede influir en la percepción pública, pero el premio no debería concederse exclusivamente por los méritos acumulados durante quince o veinte años. Un futbolista que ha ganado ocho veces no tiene derecho automático a una novena victoria, del mismo modo que un jugador joven no merece el premio únicamente por representar el futuro del deporte.
La pregunta debe ser más exigente: ¿qué ha hecho Messi durante el periodo evaluado y cómo se compara su contribución con la de los demás candidatos?
Ese es el centro de la discusión.
El argentino cuenta con argumentos relacionados con su producción ofensiva, su capacidad para crear oportunidades y su influencia en los resultados de sus equipos. Sin embargo, sus rivales también pueden presentar temporadas extraordinarias. Harry Kane ha sido una referencia goleadora de primer nivel, Lamine Yamal ha continuado consolidándose como una figura decisiva y otros candidatos han destacado en competiciones de máxima exigencia.
El noveno Balón de Oro no puede justificarse simplemente porque Messi sea Messi. Necesita una argumentación deportiva que resista la comparación.
Y precisamente por eso la discusión resulta tan apasionante: porque la historia y el presente se encuentran frente a frente.
La noticia que reavivó el debate internacional
La presencia de Messi entre los nominados al Balón de Oro de 2026 ha devuelto fuerza a una discusión que muchos consideraban improbable después de su salida del fútbol europeo.
Durante años, el argentino estuvo asociado a las grandes competiciones continentales. Su rendimiento en el Barcelona, su etapa posterior en el Paris Saint-Germain y sus actuaciones con Argentina definieron buena parte de la conversación sobre el premio. Cuando se trasladó al Inter Miami, apareció una pregunta inevitable: ¿podría seguir compitiendo por el Balón de Oro desde una liga que no tiene la misma profundidad competitiva que las principales competiciones europeas?
La respuesta no es tan sencilla como afirmar que la MLS carece de relevancia o que cualquier actuación destacada en Estados Unidos debe recibir el mismo peso que una temporada brillante en Europa.
El fútbol mundial presenta contextos diferentes. La calidad de los rivales, el calendario, la exigencia táctica, los viajes y las características de cada competición deben formar parte de la evaluación. Un premio que pretende reconocer al mejor futbolista de una temporada necesita considerar esas diferencias sin convertirlas en prejuicios automáticos.
Messi tiene que ser evaluado por lo que ha hecho, no únicamente por el lugar en el que juega.
La dificultad consiste en determinar cuánto peso debe concederse a su rendimiento en la MLS y cuánto a sus actuaciones internacionales. En 2026, el debate adquirió una dimensión adicional por el Mundial, un torneo que suele influir de forma significativa en las valoraciones individuales.
La temporada de Messi ha generado argumentos a favor y en contra. Sus defensores subrayan su influencia ofensiva y la capacidad para seguir decidiendo partidos. Sus críticos preguntan si ese rendimiento puede compararse con el de futbolistas que han competido durante todo el año en ligas europeas de máxima exigencia.
Ambas preguntas son legítimas.
Lo que no sería razonable es declarar que Messi merece ganar únicamente por su pasado, ni descartarlo automáticamente porque juega en Estados Unidos.
El premio exige evaluar el presente, pero el presente de Messi no puede separarse de su capacidad para adaptarse a una etapa completamente diferente de su carrera.
El Mundial de 2026: el capítulo que cambió la conversación
La Copa del Mundo de 2026 ha añadido un elemento fundamental al debate. Argentina alcanzó la final, pero terminó perdiendo ante España por 1-0 después de la prórroga. Messi volvió a protagonizar una campaña internacional de enorme atención, aunque esta vez no pudo terminar el torneo levantando el trofeo.
El resultado ha complicado cualquier argumento que pretenda presentar su candidatura como indiscutible. Una final mundialista puede reforzar el prestigio de un futbolista, pero también obliga a examinar su actuación en el encuentro decisivo y la contribución de los demás candidatos durante el torneo.
Según los datos publicados por L’Équipe el 15 de septiembre, Messi marcó ocho goles en el Mundial y terminó como finalista con Argentina. Goal también destacó su producción ofensiva durante el campeonato y recogió la valoración favorable de Rodrigo De Paul, compañero del argentino, que defendió la posibilidad de un noveno Balón de Oro.
Estas opiniones demuestran que existe una corriente favorable a Messi. No demuestran, sin embargo, que todos los periodistas compartan esa posición.
La derrota en la final tampoco elimina automáticamente sus méritos. Llegar al último partido de un Mundial exige superar varias etapas y enfrentarse a rivales de gran nivel. El rendimiento de un futbolista durante el torneo debe analizarse en conjunto, no exclusivamente a partir del resultado final.
Pero hay una dificultad evidente: el Balón de Oro premia al mejor jugador de una temporada, no necesariamente al futbolista con la historia más emotiva. La actuación de Messi en el Mundial debe compararse con la de otros candidatos, especialmente con aquellos que lograron títulos importantes y mantuvieron una producción excepcional durante la temporada de clubes.
Si el argentino quiere conquistar el noveno, sus defensores tendrán que demostrar que su contribución global supera la de sus rivales. La final perdida forma parte de esa evaluación, igual que sus goles, sus asistencias, sus actuaciones anteriores y el papel que desempeñó en el recorrido de Argentina.
La historia no debe borrar la derrota. La derrota tampoco debe borrar la historia.
Rodrigo De Paul y la defensa de un noveno premio
Entre las voces favorables a Messi destaca Rodrigo De Paul, compañero del argentino en la selección y en el Inter Miami. Su opinión tiene un valor particular porque conoce de cerca la manera en que el capitán influye en los partidos y en la dinámica del equipo.
De Paul ha defendido públicamente la posibilidad de que Messi conquiste un noveno Balón de Oro. Su postura se apoya en la importancia que atribuye a las actuaciones del argentino durante el Mundial y en la convicción de que su calidad continúa marcando diferencias.
Para los seguidores de Messi, esta defensa resume una idea poderosa: la edad y la liga en la que juega no deberían impedir que un futbolista sea reconocido si su rendimiento está a la altura del premio.
Pero una declaración de un compañero no equivale a un consenso internacional.
En el fútbol, los jugadores suelen valorar especialmente a quienes comparten vestuario con ellos. Esa cercanía puede ofrecer una perspectiva valiosa, pero también introduce una relación personal que debe tenerse en cuenta. De Paul conoce a Messi de una manera que un periodista no puede reproducir, aunque su opinión no sustituye la evaluación independiente de toda la temporada.
La discusión debería utilizar su declaración como parte del debate, no como prueba de que el premio ya está decidido.
La pregunta es qué argumentos concretos respaldan su posición. ¿La producción ofensiva de Messi? ¿Su influencia en Argentina? ¿Su capacidad para decidir partidos? ¿La regularidad de sus actuaciones? ¿El peso de su presencia en los resultados colectivos?
Cada argumento debe evaluarse por separado.
Si los datos y el rendimiento justifican la candidatura, la defensa de De Paul puede reforzar una discusión legítima. Si se basa únicamente en la admiración hacia su compañero, tendrá menos fuerza frente a candidatos que presentan una temporada igualmente sobresaliente.
La grandeza de Messi no necesita que sus compañeros conviertan la discusión en una obligación. Necesita que sus actuaciones puedan compararse con las de los mejores futbolistas del mundo.
La MLS: el gran interrogante de la candidatura
El traslado de Messi a Estados Unidos modificó la manera en que se evalúa su rendimiento. En Europa, el argentino había competido durante años en ligas y torneos que concentran una parte considerable de la élite futbolística. En la MLS, el contexto es diferente.
La liga estadounidense ha ganado visibilidad internacional y ha atraído a futbolistas de renombre, pero sus equipos no se enfrentan semanalmente a la misma combinación de rivales que caracteriza a las grandes competiciones europeas.
Esta diferencia debe reconocerse sin caer en simplificaciones.
Jugar en la MLS no significa que Messi deje de ser un futbolista extraordinario. Tampoco significa que sus goles y asistencias deban recibir exactamente el mismo peso que los obtenidos en cualquier otra competición. La evaluación necesita considerar el nivel de los rivales, la calidad de los compañeros, las dificultades tácticas y el contexto de cada encuentro.
Un premio individual internacional debe encontrar un equilibrio entre la producción estadística y la exigencia competitiva.
Si un futbolista marca muchos goles en una liga, esa producción merece reconocimiento. Pero también es razonable preguntar cómo se compara con el rendimiento de otro jugador que marca menos goles en una competición más exigente o que desempeña una función táctica diferente.
El problema aparece cuando se utilizan criterios distintos según la identidad del candidato.
Si se minimiza automáticamente el rendimiento de Messi por jugar en Estados Unidos, se corre el riesgo de ignorar su influencia real. Si se considera que cualquier actuación suya vale más que la de un rival europeo por el simple hecho de ser Messi, se cae en el error contrario.
El criterio debe ser uniforme.
La candidatura del argentino necesita responder a una pregunta sencilla: ¿su rendimiento durante el periodo evaluado ha sido suficientemente extraordinario para superar a los demás nominados, teniendo en cuenta las diferencias entre las competiciones?
Esa es la cuestión que deberían debatir los periodistas, los analistas y los aficionados.
¿Puede un futbolista ganar el Balón de Oro sin jugar en Europa?
La discusión sobre Messi ha reabierto una cuestión importante sobre la naturaleza del Balón de Oro.
Durante mucho tiempo, el premio estuvo estrechamente asociado a las competiciones europeas y a los jugadores que destacaban en los clubes más poderosos del continente. Esa relación no era casual: muchas de las principales estrellas del mundo competían en Europa y participaban regularmente en la Champions League.
Pero el fútbol ha cambiado.
Los jugadores se desplazan entre continentes, las ligas de diferentes regiones reciben mayor atención y las selecciones nacionales ofrecen torneos capaces de modificar las valoraciones individuales. El Mundial sigue siendo una competición especialmente importante porque reúne a futbolistas de numerosos campeonatos y permite compararlos en un mismo escenario.
La pregunta no debería ser si un jugador puede ganar desde una liga concreta. La pregunta debería ser si su rendimiento justifica el premio.
El caso de Messi es particularmente interesante porque no se trata de un futbolista desconocido que intenta entrar por primera vez en la élite. Es una leyenda con ocho Balones de Oro, una trayectoria extensa y una influencia histórica que ningún candidato puede ignorar.
Esa trayectoria puede ayudar a contextualizar su rendimiento, pero no debe sustituir la evaluación de la temporada.
Si Messi gana el noveno, sus defensores podrán argumentar que ha demostrado una longevidad extraordinaria y que continúa siendo decisivo a una edad en la que muchos futbolistas ya han abandonado la élite. Sus críticos podrán responder que el premio debe centrarse en el rendimiento anual y que otros candidatos han destacado en contextos competitivos más exigentes.
Ambas posiciones deben discutirse con argumentos, no mediante prejuicios geográficos.
Harry Kane: el rival que no necesita grandes discursos
En la carrera por el Balón de Oro de 2026, Harry Kane aparece como uno de los candidatos más fuertes. Su producción goleadora y su papel en el Bayern de Múnich le han permitido construir una candidatura respaldada por cifras y títulos.
Kane representa un modelo de excelencia diferente al de Messi. Es un delantero capaz de finalizar jugadas, participar en la construcción ofensiva y ofrecer pases decisivos. Su juego combina el remate con una lectura táctica que le permite retroceder, conectar con los centrocampistas y abrir espacios para sus compañeros.
La temporada de clubes ha sido uno de los principales argumentos a su favor. Reuters destacó que Kane había marcado 73 goles entre club y selección y que desempeñó un papel central en una campaña muy exitosa del Bayern.
Es una producción extraordinaria y no puede descartarse por la popularidad histórica de Messi.
Si el Balón de Oro debe premiar al futbolista más destacado de la temporada, Kane dispone de argumentos relevantes. Su candidatura se apoya en el rendimiento sostenido, la capacidad goleadora y el éxito colectivo.
El debate entre ambos demuestra que la grandeza histórica y la excelencia anual no son conceptos idénticos.
Messi puede ser considerado por muchos el mejor futbolista de todos los tiempos y, al mismo tiempo, no ser necesariamente el favorito de una temporada concreta. Kane puede presentar una candidatura más sólida por sus cifras recientes sin que eso implique que su carrera completa haya superado la del argentino.
La evaluación debe separar esas dos preguntas.
¿Quién ha tenido la carrera más extraordinaria? ¿Quién ha ofrecido el mejor rendimiento durante el periodo evaluado?
La primera cuestión favorece claramente a Messi. La segunda necesita un análisis de las actuaciones, los títulos y el contexto competitivo de cada candidato.
Lamine Yamal: la nueva generación frente a la leyenda
La presencia de Lamine Yamal entre los candidatos añade otra dimensión a la discusión.
El joven español representa una nueva generación que ha crecido observando a Messi como una referencia técnica. Su capacidad para desbordar, crear ocasiones y asumir responsabilidades ofensivas lo ha convertido en una de las figuras más observadas del fútbol mundial.
Yamal no es simplemente una promesa. Su rendimiento ha demostrado que puede competir en escenarios de máxima exigencia y que posee recursos técnicos para influir en partidos importantes.
Su candidatura también representa un cambio generacional. Durante años, el debate sobre el mejor futbolista del mundo estuvo dominado por Messi y Cristiano Ronaldo. Ahora, otros nombres buscan ocupar el espacio que ambos mantuvieron durante una época extraordinaria.
Para algunos aficionados, conceder el Balón de Oro a Yamal significaría reconocer el presente y el futuro del fútbol. Para otros, Messi sigue teniendo argumentos suficientes para prolongar su dominio histórico.
La comparación no debe convertirse en una disputa entre generaciones.
Yamal merece ser evaluado por su propio rendimiento, igual que Messi. No debería recibir el premio simplemente por representar el futuro, del mismo modo que el argentino no debería ganarlo únicamente por lo que hizo durante los últimos veinte años.
La pregunta es quién ha ofrecido la mejor temporada.
En ese análisis deben entrar los goles, las asistencias, la influencia táctica, el rendimiento en partidos importantes y los títulos colectivos. También debe tenerse en cuenta el papel de cada futbolista dentro de su equipo.
Messi y Yamal desempeñan funciones diferentes, aunque comparten la capacidad para desequilibrar defensas. El argentino aporta una lectura del juego desarrollada durante décadas, mientras que el español representa la energía y la creatividad de una generación que está construyendo su propia historia.
La comparación es fascinante, pero no necesita convertirse en una elección entre admirar al pasado o apoyar al futuro.
El fútbol puede reconocer a ambos sin que uno tenga que desaparecer para que el otro brille.
Kylian Mbappé y Erling Haaland: dos amenazas para el sueño del noveno
Cualquier análisis serio del Balón de Oro de 2026 debe incluir a Kylian Mbappé y Erling Haaland.
Mbappé ha construido su carrera sobre una combinación de velocidad, capacidad goleadora y rendimiento en escenarios de máxima exigencia. Su protagonismo internacional y su producción ofensiva lo convierten en un candidato natural en cualquier temporada en la que mantiene cifras elevadas.
Haaland, por su parte, representa una de las mayores amenazas goleadoras de su generación. Su potencia, sus movimientos dentro del área y su capacidad para finalizar con pocos toques lo han situado entre los delanteros más productivos del fútbol europeo.
Ambos ofrecen argumentos diferentes a los de Messi, pero comparten un elemento fundamental: pueden presentar cifras extraordinarias y actuaciones decisivas en competiciones de alto nivel.
Eso obliga a los defensores del argentino a ser precisos.
No basta con afirmar que Messi es más talentoso o que ha ganado más premios durante su carrera. La discusión de 2026 exige comparar el rendimiento actual. Si Mbappé ha tenido una temporada excepcional, su candidatura debe tomarse en serio. Si Haaland ha marcado una cantidad extraordinaria de goles y ha sido decisivo en los títulos de su equipo, esos méritos también deben reconocerse.
La historia del fútbol no se detiene para esperar un nuevo récord de Messi.
El argentino puede seguir siendo una leyenda y, al mismo tiempo, enfrentarse a rivales que han tenido una temporada superior según determinados criterios. La evaluación debe ser abierta y transparente.
El noveno Balón de Oro tendría un significado histórico extraordinario, pero su valor dependerá también de la legitimidad de la comparación con los demás candidatos.
El argumento de los números: goles, asistencias e influencia
Las estadísticas desempeñan un papel importante en la evaluación del Balón de Oro, pero no pueden interpretarse de manera aislada.
Los goles muestran la capacidad para finalizar ataques. Las asistencias reflejan una parte de la creación de ocasiones. Los pases clave, las conducciones progresivas y otras métricas pueden ayudar a comprender cómo participa un jugador en el funcionamiento ofensivo.
Sin embargo, cada indicador tiene límites.
Un gol puede ser decisivo aunque llegue después de una actuación discreta. Una asistencia puede depender de una gran definición del compañero. Un jugador puede influir en el partido mediante movimientos sin balón que no aparecen directamente en las estadísticas tradicionales.
Messi ha destacado históricamente porque combina varias de estas dimensiones. Su producción goleadora ha sido extraordinaria, pero también ha generado ocasiones y ha participado en la construcción de los ataques.
Esa versatilidad es uno de los argumentos más fuertes a favor de su candidatura.
Pero el análisis de 2026 debe centrarse en los datos correspondientes al periodo evaluado. No sería correcto utilizar únicamente las cifras históricas de Messi para demostrar que ha sido el mejor de una temporada concreta.
El pasado aporta contexto, no un resultado automático.
También es necesario comparar las estadísticas de los candidatos teniendo en cuenta sus posiciones. Un delantero centro puede registrar más remates, mientras un mediapunta puede participar en un número superior de acciones creativas. Un jugador de banda puede generar desequilibrio mediante conducciones, aunque su contribución no siempre termine en gol o asistencia.
La calidad del análisis depende de utilizar los indicadores adecuados para cada función.
Si se pretende demostrar que Messi merece el noveno Balón de Oro, conviene presentar una comparación completa de su rendimiento con el de Kane, Yamal, Mbappé, Haaland y los demás nominados. Las cifras deben estar actualizadas, ser verificables y corresponder al mismo periodo.
La pasión puede iniciar la discusión. Los datos deben ayudar a resolverla.
¿Qué significa realmente ser el mejor jugador del mundo?
La discusión sobre el Balón de Oro contiene una pregunta filosófica que acompaña al fútbol desde hace décadas: ¿qué significa ser el mejor?
¿Es el jugador que marca más goles? ¿El que gana más títulos? ¿El que resulta más decisivo en las finales? ¿El que mejora el rendimiento de sus compañeros? ¿O el que ofrece una combinación de todas esas cualidades?
No existe una fórmula perfecta.
Un delantero puede marcar cincuenta goles y no conquistar títulos importantes. Un centrocampista puede dominar el juego sin producir cifras goleadoras extraordinarias. Un defensa puede ser decisivo durante una temporada sin recibir el mismo reconocimiento mediático que un atacante.
Por eso, el Balón de Oro siempre ha sido objeto de debate.
La evaluación necesita considerar las estadísticas, los títulos, la influencia individual y el contexto competitivo. También debe reconocer que el fútbol es un deporte colectivo en el que el rendimiento de un jugador depende parcialmente de sus compañeros y del sistema táctico.
Messi ha construido su posición histórica porque reúne numerosos argumentos: goles, asistencias, títulos, creatividad, longevidad y capacidad para influir en el juego desde diferentes posiciones.
Pero la pregunta de 2026 es más concreta. No se trata de demostrar que Messi ha sido uno de los mejores de todos los tiempos. Eso ya forma parte de la historia del fútbol. Se trata de decidir si su rendimiento reciente merece superar al de otros jugadores que también han firmado temporadas excepcionales.
La distinción es esencial.
Un premio anual debe reconocer una temporada, aunque esa temporada pueda interpretarse dentro de una carrera más amplia. Si la historia pasada pesa demasiado, los jugadores jóvenes tendrían dificultades para superar a las leyendas. Si se ignora por completo el contexto, se corre el riesgo de convertir el premio en una competición puramente estadística.
El equilibrio es difícil, pero necesario.
La edad como argumento: ¿es más impresionante lo que hace Messi a los 39 años?
Uno de los aspectos que más alimenta la conversación es la edad de Messi.
A los 39 años, seguir siendo protagonista en una discusión sobre el mejor jugador del mundo constituye una demostración extraordinaria de longevidad. La mayoría de los futbolistas experimentan una disminución importante de su rendimiento físico mucho antes de alcanzar esa edad.
Messi ha tenido que adaptar su juego a medida que su carrera avanzaba. La explosividad que caracterizaba sus primeros años ya no puede ser el único fundamento de su rendimiento. En cambio, su lectura del juego, su técnica y su capacidad para encontrar soluciones continúan siendo recursos fundamentales.
Esa adaptación merece reconocimiento.
Sin embargo, la edad no debería convertirse en un argumento decisivo por sí mismo. El Balón de Oro no es un premio a la longevidad, aunque la longevidad pueda aumentar el valor de una actuación extraordinaria.
Si un jugador de 39 años tiene una temporada excelente, su rendimiento debe ser evaluado con el mismo rigor que el de un futbolista de 19 o 25 años. La edad puede explicar la dificultad de mantener ese nivel, pero no sustituye la comparación deportiva.
La candidatura de Messi se vuelve más interesante precisamente porque combina ambas dimensiones: una trayectoria excepcional y un rendimiento actual que sigue generando debate.
El noveno Balón de Oro sería una prueba de que el argentino ha logrado prolongar su influencia hasta una etapa de su carrera que parecía improbable para un futbolista de su perfil.
Pero para merecerlo necesita demostrar que su temporada ha sido superior a la de sus rivales, no simplemente más sorprendente por su edad.
El peso de la selección argentina
La selección argentina ha sido una parte fundamental de la transformación del legado de Messi.
Durante años, las críticas sobre su carrera internacional se concentraron en la ausencia de grandes títulos con el equipo nacional. La Copa América de 2021 y el Mundial de 2022 modificaron profundamente esa narrativa y permitieron que su trayectoria internacional fuera evaluada de manera diferente.
En 2026, Argentina volvió a alcanzar la final del Mundial, aunque terminó perdiendo ante España. Ese recorrido añade un nuevo capítulo a la historia del capitán.
El rendimiento internacional puede influir en el Balón de Oro porque ofrece un escenario en el que los mejores futbolistas compiten bajo condiciones diferentes a las de sus clubes. Los torneos de selecciones permiten observar cómo se adaptan a compañeros con los que disponen de menos tiempo para entrenar y cómo responden a partidos de máxima presión.
Sin embargo, el Mundial no debería convertirse en el único criterio.
Una temporada de clubes también puede contener actuaciones extraordinarias, títulos importantes y una regularidad que merece reconocimiento. Los jugadores que no disputan una final mundialista no deben quedar automáticamente fuera de la conversación.
La candidatura de Messi debe valorarse mediante una combinación equilibrada de sus actuaciones con Argentina y su rendimiento en el Inter Miami.
Su recorrido internacional constituye un argumento relevante, pero necesita integrarse en la evaluación completa de la temporada.
El recuerdo de 2023 y la tentación de repetir la historia
La conquista del Balón de Oro de 2023, después del Mundial de Qatar, demostró hasta qué punto un torneo internacional puede influir en la valoración de una temporada.
Messi llegó a aquella edición con un argumento extraordinario: había liderado a Argentina hacia el título mundial y desempeñado un papel central en la campaña. El reconocimiento reforzó la relación entre su carrera y la historia de la selección.
Ese precedente influye inevitablemente en el debate de 2026.
Algunos defensores del argentino consideran que su actuación mundialista vuelve a situarlo entre los candidatos más fuertes. Otros advierten que no se pueden utilizar los mismos argumentos de manera automática, porque cada temporada presenta circunstancias diferentes.
La comparación es razonable.
El Balón de Oro de 2023 reconoció un conjunto de méritos correspondientes a un periodo concreto. No establece una regla según la cual Messi deba recibir el premio cada vez que alcanza una final o protagoniza una gran actuación internacional.
Cada edición debe evaluarse de manera independiente.
La historia puede aportar contexto y ayudar a entender la dimensión de un nuevo logro, pero no debería sustituir la comparación con los rivales actuales.
Si Messi gana en 2026, la victoria tendrá que explicarse por los méritos de esta temporada. Si pierde, el resultado tampoco eliminará lo que hizo en Qatar ni el lugar que ocupa en la historia.
La grandeza de un jugador no depende de ganar todos los premios.
¿Existe una campaña mundial para entregarle el noveno Balón de Oro?
El titular «periodistas de todo el mundo exigen el noveno Balón de Oro de Messi» tiene fuerza porque sugiere un movimiento internacional unificado. Pero, desde una perspectiva periodística, es necesario distinguir entre el interés que genera la candidatura y la existencia de un consenso real.
Hay voces favorables a Messi. Rodrigo De Paul ha defendido la posibilidad del noveno premio. Medios internacionales han analizado su candidatura y han debatido si un futbolista de 39 años que compite en la MLS puede volver a imponerse en una votación global.
Pero también existen analistas que sitúan a otros candidatos por delante. Los argumentos a favor de Kane, Yamal, Mbappé o Haaland no desaparecen porque Messi vuelva a estar nominado.
La diversidad de opiniones es normal en un premio que depende de una votación internacional.
Afirmar que todos los periodistas exigen que gane Messi sería exagerado si no existe evidencia que lo demuestre. Un artículo riguroso puede hablar de una corriente de apoyo, de una candidatura que provoca debate o de voces que consideran que el argentino merece otro reconocimiento.
Esas formulaciones mantienen la emoción sin convertir una interpretación en un hecho.
La verdadera noticia es que Messi continúa generando una discusión internacional sobre el Balón de Oro a una edad en la que muchos jugadores ya han dejado atrás el máximo nivel. Su presencia entre los nominados demuestra que su rendimiento sigue siendo relevante para la conversación.
No hace falta inventar unanimidad para reconocer la magnitud del acontecimiento.
La votación y la responsabilidad de los periodistas
El Balón de Oro no se decide mediante una encuesta abierta en redes sociales. Su resultado depende de un proceso de votación establecido por la organización y de los criterios aplicados por los periodistas que forman parte del jurado.
Ese sistema tiene una ventaja: permite que el premio se base en evaluaciones de profesionales que siguen el fútbol y pueden comparar actuaciones, competiciones y temporadas.
Pero también presenta dificultades.
Los periodistas no siempre observan todos los partidos de todos los candidatos. Las diferencias entre ligas y calendarios pueden complicar la comparación. La cobertura mediática influye en la percepción pública y las actuaciones en torneos internacionales pueden recibir una atención desproporcionada respecto al rendimiento de clubes.
Por eso, la calidad del premio depende de que los votantes apliquen criterios claros y consideren el conjunto de la temporada.
Si un periodista vota por Messi, debería poder explicar por qué su rendimiento fue superior al de los demás candidatos. Si elige a Kane, Yamal o Mbappé, debería ofrecer argumentos comparables.
El voto no debería convertirse en una recompensa sentimental por una carrera extraordinaria, ni en una decisión tomada únicamente para favorecer a un jugador de una liga determinada.
La credibilidad del Balón de Oro depende de la independencia de los votantes y de la coherencia de los criterios.
La discusión sobre Messi puede servir para recordar que el premio debe reconocer el rendimiento futbolístico, incluso cuando el candidato es una leyenda capaz de despertar emociones extraordinarias.
La importancia de no confundir popularidad con mérito
Messi es una de las figuras deportivas más populares del planeta. Su nombre genera atención inmediata y sus actuaciones son analizadas por millones de personas.
Esa popularidad puede contribuir a que su candidatura reciba una cobertura extraordinaria. Pero la atención mediática no demuestra por sí misma que merezca ganar.
El Balón de Oro debería distinguir entre la popularidad de un futbolista y la calidad de su temporada. Un jugador puede ser una leyenda mundial y, sin embargo, tener un año menos destacado que otro candidato. También puede suceder lo contrario: un futbolista con menos reconocimiento histórico puede firmar una campaña extraordinaria y merecer el premio.
La evaluación debe centrarse en los méritos.
En el caso de Messi, esa distinción es especialmente importante porque su carrera histórica puede generar una expectativa emocional enorme. Muchos aficionados desean ver un noveno Balón de Oro porque consideran que sería una culminación apropiada para su trayectoria.
Ese deseo es comprensible, pero el premio no debería convertirse en una ceremonia de homenaje.
Si Messi merece ganar, la mejor defensa de su candidatura consiste en demostrar que su rendimiento durante el periodo evaluado está a la altura del reconocimiento. Si otro candidato presenta argumentos más fuertes, reconocerlo no significa negar la grandeza del argentino.
El fútbol necesita premios que valoren el rendimiento, no solamente la reputación.
¿Qué supondría el noveno Balón de Oro para la historia?
Si Messi conquistara su noveno Balón de Oro, el resultado tendría un impacto inmediato en la conversación histórica.
La cifra reforzaría una ventaja que ya es extraordinaria y haría todavía más difícil imaginar que otro futbolista pueda igualar su palmarés en el futuro cercano. También demostraría que su influencia ha sobrevivido a cambios de club, de continente y de contexto competitivo.
Un noveno premio podría interpretarse como una muestra de longevidad excepcional. Sería un reconocimiento a un futbolista que ha logrado mantenerse en la élite de la conversación mundial durante más de dos décadas.
Pero también abriría preguntas sobre los criterios del premio.
¿Hasta qué punto debería pesar el rendimiento en la MLS? ¿Qué importancia tendría el Mundial frente a la temporada de clubes? ¿Cómo debería compararse la producción de Messi con la de los jugadores que compiten en las grandes ligas europeas?
Esas preguntas no desaparecerían con una victoria. Al contrario, podrían adquirir todavía más relevancia.
El resultado sería histórico, pero su legitimidad dependería de que los argumentos deportivos fueran suficientemente sólidos.
Si Messi pierde, el debate tampoco terminará. Sus ocho Balones de Oro seguirán representando un récord extraordinario y su lugar en la historia continuará respaldado por una combinación de títulos, cifras e influencia.
El premio puede añadir una nueva página a su legado, pero no es la única medida de su grandeza.
La presión sobre los rivales
La presencia de Messi entre los nominados también afecta al contexto mediático de sus rivales.
Kane, Yamal, Mbappé y Haaland no compiten únicamente contra otros futbolistas. En cierta medida, compiten contra una narrativa histórica que acompaña al argentino desde hace años.
Si Messi gana, la conversación se centrará en la posibilidad de que el premio haya reconocido una vez más a una leyenda. Si pierde, los ganadores podrán ser presentados como los representantes de una nueva generación o como los futbolistas que lograron imponerse a una figura histórica.
Esa narrativa puede ser injusta si termina reduciendo el mérito de los demás.
Kane no necesita derrotar simbólicamente a Messi para demostrar que ha tenido una temporada extraordinaria. Yamal no necesita que el argentino desaparezca de la conversación para construir su propia historia. Mbappé y Haaland pueden ser reconocidos por sus actuaciones sin que el debate se convierta en una lucha entre generaciones.
El fútbol es suficientemente amplio para permitir la existencia de varias figuras extraordinarias.
La comparación es inevitable, pero no debe convertirse en una obligación de elegir un bando.
El factor emocional: por qué tantos aficionados quieren ver ganar a Messi
La candidatura de Messi no puede separarse del vínculo emocional que ha construido con los aficionados.
Millones de personas lo han visto crecer, conquistar títulos, perder finales y regresar para intentar ganar de nuevo. Su historia con Argentina contiene momentos de frustración y de celebración que han generado una identificación profunda.
Para muchos seguidores, un noveno Balón de Oro sería una forma de reconocer no solamente su calidad, sino también la duración de su carrera y su capacidad para mantenerse relevante después de haber conquistado los principales títulos colectivos.
Ese componente emocional es legítimo.
El deporte no se vive únicamente mediante estadísticas. Los aficionados construyen recuerdos, asocian jugadores a etapas de su vida y encuentran en las grandes figuras una fuente de inspiración.
Pero el reconocimiento emocional y el premio anual son dos cuestiones distintas.
El Balón de Oro debe evaluar el rendimiento de una temporada. La memoria colectiva puede reconocer una carrera completa. Ambos procesos tienen valor, pero no deberían confundirse.
Messi merece admiración por su trayectoria, independientemente de lo que suceda en Londres. La posibilidad del noveno premio añade emoción, pero no determina por sí sola el valor de su legado.
El riesgo de convertir el premio en una batalla entre fanáticos
En las redes sociales, la discusión sobre el Balón de Oro suele transformarse en una confrontación entre comunidades de aficionados.
Los seguidores de Messi destacan sus logros y su influencia. Los admiradores de otros candidatos presentan estadísticas, títulos y argumentos sobre el rendimiento reciente. En ocasiones, la conversación deja de centrarse en el fútbol y pasa a convertirse en una competición por ridiculizar al adversario.
Ese comportamiento no ayuda a comprender el premio.
Es posible defender la candidatura de Messi sin descalificar a Kane, Yamal o Mbappé. También es posible apoyar a otro candidato sin negar que el argentino ha construido una carrera histórica.
La discusión sería más útil si cada grupo explicara qué criterios considera fundamentales y cómo los aplica a los distintos candidatos.
Si alguien prioriza los goles, debe comparar la producción ofensiva de todos los aspirantes. Si considera decisivos los títulos, debe analizar el papel que cada jugador desempeñó en ellos. Si valora especialmente el Mundial, debe explicar cuánto peso concede a ese torneo frente al rendimiento de clubes.
La coherencia importa más que la intensidad.
El fútbol necesita debates apasionados, pero no necesita que cada premio se convierta en una guerra personal.
El noveno Balón de Oro y el legado de Cristiano Ronaldo
Cualquier conversación sobre los récords de Messi termina inevitablemente relacionada con Cristiano Ronaldo.
Durante muchos años, ambos protagonizaron una de las rivalidades individuales más importantes de la historia del deporte. Sus enfrentamientos, sus cifras goleadoras y sus premios individuales establecieron un estándar extraordinario.
Messi posee ocho Balones de Oro y Cristiano Ronaldo cinco. Esa diferencia forma parte del debate histórico, aunque no puede utilizarse como único criterio para comparar sus carreras.
Ambos han conquistado grandes títulos, marcado una cantidad extraordinaria de goles y mantenido un nivel competitivo excepcional durante muchos años.
La posibilidad de un noveno Balón de Oro ampliaría la distancia entre ambos en el palmarés del premio. Pero la discusión sobre quién ha sido más grande requiere considerar muchos más elementos que una sola cifra.
La rivalidad entre ambos ayudó a elevar el nivel del fútbol durante una generación. Sus estilos diferentes ofrecieron dos modelos de excelencia: Messi destacó por su creatividad, su regate y su capacidad para organizar ataques; Cristiano Ronaldo construyó una trayectoria marcada por la potencia, la finalización, el juego aéreo y una capacidad goleadora extraordinaria.
El legado de uno no necesita destruir el del otro.
Si Messi gana el noveno, el resultado reforzará su récord individual. Si no lo consigue, seguirá siendo uno de los futbolistas más importantes de todos los tiempos.
La grandeza de una carrera no desaparece cuando termina una ceremonia.
¿Qué dicen los argumentos en contra?
Un análisis profesional también debe considerar las razones por las que algunos periodistas no ven a Messi como favorito.
La primera cuestión es el contexto competitivo. Sus actuaciones en la MLS se producen en una liga diferente de las grandes competiciones europeas. Algunos analistas consideran que el rendimiento de los candidatos que han competido en la élite europea debe recibir un peso mayor.
La segunda es la competencia directa. Kane, Yamal, Mbappé y otros nominados pueden presentar temporadas con cifras destacadas, títulos importantes y actuaciones decisivas.
La tercera es la derrota de Argentina en la final del Mundial. Aunque llegar al último partido constituye un logro considerable, el resultado final puede influir en la valoración de los votantes, especialmente si otro candidato ha ganado el torneo o ha sido decisivo durante su recorrido.
La cuarta es la diferencia entre una carrera histórica y una temporada concreta. Messi ha acumulado méritos extraordinarios, pero el Balón de Oro no debería funcionar como un premio a la trayectoria completa.
Estas objeciones no demuestran que el argentino no merezca ganar. Demuestran que la candidatura debe someterse a una comparación rigurosa.
Una discusión seria no debería ocultar los argumentos contrarios. Debería responder a ellos.
Si los defensores de Messi pueden demostrar que su producción ofensiva, su influencia y sus actuaciones internacionales superan las de los demás candidatos, su posición se fortalecerá. Si no pueden hacerlo, la historia por sí sola no debería decidir el resultado.
¿Y qué dicen los argumentos a favor?
Los argumentos favorables a Messi también son importantes.
En primer lugar, su capacidad para seguir produciendo acciones decisivas a los 39 años representa una demostración extraordinaria de longevidad. Mantenerse entre los nominados después de tantos años de carrera no es un logro menor.
En segundo lugar, su influencia ofensiva va más allá de los goles. Messi puede generar oportunidades, crear superioridades y organizar ataques. Esa capacidad permite evaluar su contribución desde una perspectiva más amplia que la del delantero especializado en finalizar.
En tercer lugar, su actuación en el Mundial de 2026 ha mantenido viva su candidatura. Argentina alcanzó la final y Messi contribuyó al recorrido con una producción goleadora destacada.
En cuarto lugar, su experiencia y su capacidad para adaptarse a distintos contextos competitivos ofrecen un argumento adicional. Ha demostrado que puede cambiar su función táctica sin perder toda su influencia.
Por último, su trayectoria histórica permite comprender la magnitud de lo que está intentando conseguir. Un noveno Balón de Oro no sería una distinción cualquiera, sino un récord extraordinario que ampliaría todavía más su legado.
Sin embargo, estos argumentos deben integrarse en la comparación con los demás candidatos. Son razones para tomar en serio su candidatura, no pruebas de que el resultado deba estar decidido.
El veredicto antes de la ceremonia
A fecha de 16 de octubre de 2026, el Balón de Oro masculino todavía no tiene ganador oficial. La ceremonia está prevista para el 26 de octubre en Londres y la discusión continúa abierta.
La presencia de Messi entre los nominados ha generado una conversación internacional sobre sus posibilidades de conquistar el noveno premio. Hay voces que consideran que su rendimiento justifica ese reconocimiento y otras que sitúan por delante a candidatos como Kane o Yamal.
Por eso, el titular que habla de periodistas de todo el mundo exigiendo el noveno Balón de Oro debe entenderse como una formulación provocadora del debate, no como una descripción literal de un consenso mundial demostrado.
La pregunta importante es si Messi merece ganar según los criterios del premio.
Su candidatura tiene argumentos relevantes: una producción ofensiva destacada, un recorrido mundialista que llevó a Argentina hasta la final y una capacidad extraordinaria para seguir influyendo en el juego a una edad poco habitual para un futbolista de su posición.
Pero sus rivales también han firmado temporadas de enorme nivel. La evaluación debe comparar los méritos de todos ellos, sin conceder una ventaja automática al argentino por su pasado ni descartarlo por competir en la MLS.
La decisión final dependerá de cómo los votantes valoren el rendimiento de la temporada, los títulos, las actuaciones internacionales y la contribución individual.
Conclusión: Messi no necesita que el mundo entero se ponga de acuerdo
El posible noveno Balón de Oro de Lionel Messi es una de las historias más atractivas del fútbol de 2026. A los 39 años, el argentino continúa formando parte de una conversación que durante mucho tiempo pareció reservada a sus mejores temporadas en Europa.
Su candidatura tiene un valor histórico indiscutible. Si conquista el premio, ampliará un récord que ya resulta extraordinario y demostrará una longevidad competitiva excepcional. Si no lo consigue, su lugar entre los grandes de todos los tiempos seguirá respaldado por sus ocho Balones de Oro, sus títulos y su influencia en el fútbol mundial.
La discusión no necesita una unanimidad inventada para ser importante.
Rodrigo De Paul y otros defensores de Messi pueden sostener que merece el reconocimiento. Los periodistas que prefieren a Kane, Yamal, Mbappé o Haaland tienen derecho a presentar sus propios argumentos. Lo esencial es que todos evalúen el rendimiento con criterios coherentes y distingan la admiración histórica del mérito anual.
Messi ha demostrado durante décadas que es capaz de cambiar la manera en que se interpreta el juego. Su legado no depende de que todos los votantes elijan su nombre. Tampoco necesita que los demás candidatos sean desacreditados para que su carrera conserve su dimensión histórica.
El noveno Balón de Oro sería un acontecimiento extraordinario, pero la verdadera pregunta va más allá del trofeo: ¿puede Messi seguir siendo uno de los protagonistas del fútbol mundial cuando una nueva generación está preparada para ocupar el centro del escenario?
La respuesta, al menos en términos de atención, debate e influencia, es evidente. Su nombre sigue provocando discusiones, su candidatura sigue siendo analizada y sus actuaciones continúan formando parte de la conversación internacional.
Ahora queda por determinar si esos argumentos serán suficientes para convencer a los votantes.
El 26 de octubre ofrecerá la respuesta oficial. Hasta entonces, la discusión debe permanecer abierta, con espacio para las estadísticas, los argumentos tácticos y las opiniones diferentes.
Porque Messi ya ha conquistado una posición histórica que nadie puede borrar. El noveno Balón de Oro sería una nueva página extraordinaria, pero no una condición necesaria para reconocer la grandeza de su carrera.
El debate está abierto, los candidatos están definidos y la decisión todavía no se ha anunciado. Si Messi gana, la historia tendrá un nuevo récord. Si pierde, seguirá siendo Lionel Messi: una leyenda que no necesita unanimidad para ocupar un lugar privilegiado en el fútbol mundial.